Análisis

Mons. Sergio Gualberti: “Seremos juzgados en base al amor y a las obras, no a las ideologías o palabras”

Con la fiesta de Cristo Rey termina el Año Litúrgico para nuestra Iglesia, año en el cual hemos ido celebrando y reviviendo todos los misterios principales de la salvación: desde la Navidad hasta esta fiesta de hoy, como coronación de todo el camino de fe que hemos realizado. Con esta fiesta la Iglesia subraya el rol insustituible de Jesucristo en la historia de la humanidad y nos recuerda a los creyentes que Él es el único Señor hacia el cual se orienta nuestra existencia personal y comunitaria.

Jesucristo es el Alfa y el Omega, principio y fin de la historia y de la creación: “Por medio de él existen todas las cosas y nosotros somos por él” (1 Cor 8,6), es decir que toda nuestra vida depende de él y está en él. Por el Señor nacimos y por él transcurrimos cada día de nuestra existencia en camino hacia el encuentro definitivo con el Padre: “Vengan, benditos de mi Padre, reciban la herencia del Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo” (Evangelio).

Las lecturas de hoy ponen en evidencia este “poder” de Cristo sobre las cosas y las personas, es el poder del bien y de la vida que emprende una lucha constante y titánica para “vencer” los muchos “enemigos” del Reino de Dios: Satanás, el mal, el pecado y la muerte. La Biblia evidencia el poder de Cristo a través de tres imágenes: Pastor, Rey y Juez.

Pastor: El profeta Ezequiel nos presenta al mismo Dios que se hace pastor del pueblo judío, ante el abandono y la miseria en que lo tienen sumido sus autoridades.“Yo mismo voy a buscar mi rebaño, me ocuparé de mis ovejas, las libraré, las apacentaré con justicia, las llevaré a descansar, buscaré a la oveja perdida, la vendaré y sanaré”. Jesús, es el Buen Pastor que cumple a cabalidad esta misión, que con dedición y cariño cuida hasta el día de hoy el nuevo pueblo de Dios, la Iglesia.

La segunda imagen es la de rey: Jesús mismo se encarga de aclararlo ante Pilato: “Yo soy rey… pero mi Reino no es como los del mundo“. Jesús efectivamente ha recibido de parte del Padre autoridad y poder, pero los ejerce como servicio:No he venido para ser servido, sino para servir… el que quiere ser el primero, que se haga el servidor de todos”.

Toda la vida de Jesús fue servicio. Ha ejercido su reinado como Buen Pastor, dedicado íntegramente a los pobres, los enfermos, los pecadores, los excluidos de la sociedad de su tiempo, hasta su entrega total en la cruz. Y es justamente en ella donde aparece este título, como motivo de su condena: Jesús de Nazaret, Rey de los Judíos“. !Sí!, Jesús es rey, pero no sentado en un trono sino crucificado, sufrido, insultado y abandonado. No hay como equivocarse acerca de su realeza.

La tercera imagen de Jesús como juez, nos la presenta el Evangelio de hoy. Es muy distinta la escena de Jesús que, al final de los tiempos en el juicio universal, juzga a toda la humanidad, de la de Jesús sangriento e insultado ante los tribunales humanos. En ese entonces Jesús estaba encadenado y de pie ante Aná y Caifás, Herodes y Pilato sentados en sus sedes, en el último día todos estos estarán de pie delante de Él sentado en el trono. Los hombres y la historia han juzgado y siguen juzgando a Cristo: en ese día, Cristo juzgará a los hombres y a la historia, Él decidirá quién permanece de pie y quién cae. Esta es la fe inmutable de la Iglesia que en el Credo proclama: «De nuevo vendrá con gloria para juzgar vivos y muertos, y su reino no tendrá fin».

El Evangelio nos hace asistir anticipada y simbólicamente a esa escena grandiosa del último acto de la historia: el juicio universal. “Todos” los hombres y de todos los tiempos, no sólo los que han creído en él, seremos convocados por el último juicio delante del Señor glorificado.

¿Con qué criterio y en base a qué nos juzgará el Señor? Con el criterio del amor, del servicio: si hemos vivido encerrados en nuestro egoísmo o si hemos gastado nuestra vida sirviendo y ayudando a todos los que se encontraban en situación de miseria, pobreza, sufrimiento, enfermedad e injusticia, personas con las que Jesús se identifica: “En verdad les digo, cada vez que han hecho esto a uno sólo de mis hermanos más pequeños, a mí me lo han hecho…”

Hermanos pequeños: son los discípulos y seguidores de Jesús, son los pobres, los que no cuentan nada en la sociedad y que no tiene a nadie que los proteja y defienda, los “descartados” de la sociedad (Papa Francisco).

Todos seremos juzgados en base al amor, también los que no conocen a Cristo:¿Cuándo Señor te hemos visto hambriento, sediento… y te hemos dado de comer?” y en base a las obras, no a las ideologías o palabras:Señor, Señor nosotros hemos profetizado en tu nombre, echado demonios y realizado muchos milagros… Lejos de mi, malditos, en el fuego eterno….

Seremos juzgados según la aceptación o el rechazo de Cristo a quien no vemos en carne y hueso, que pero está presente en todos los que sufren. Seremos juzgados si nos hemos comprometido con la manifestación y extensión del Reino de Dios, el plan de salvación que Jesús vino a instaurar.

El Reino es la cercanía de Dios Padre que Jesús, con su predicación y su actuación, ha hecho realidad. Dios que nos hace sus hijos para que vivamos como hermanos compartiendo en fraternidad y justicia los bienes de este mundo, mientras estamos en camino hacia la gloria definitiva, como nos presenta el prefacio de la misa de hoy.

Al final de los tiempos, “Jesús se ofrece a si mismo como víctimaen el altar de la cruz y entrega al Padre:

un Reino Eterno y universal: para siempre y para todos los hombres de todos los tiempos. Un Reino definitivo y último que se va construyendo en el cada día de nuestra historia. El Reino de:

– la verdad y la vida: nuestras relaciones muchas veces se construyen sobre la mentira y la muerte.

– la santidad y la gracia: santos como Dios es Santo a través de la participación de la misma vida de Dios: la gracia

– la justicia, el amor y la paz: valores y virtudes base de nuestras relaciones con Dios y los demás.

Esta es la Buena Noticia que Jesús ha anunciado e instaurado, propuesta de vida y dicha para todos. A cada uno de nosotros la respuesta y desde ya, desde este tiempo que Dios ha puesto a nuestra disposición.

En nuestra vida cotidiana Cristo se nos revela como el Buen Pastor; pero el último día se nos presentará como juez. Ahora es el tiempo de la misericordia, entonces será el tiempo de la justicia. ¡A nosotros la decisión! Ojalá hagamos nuestra la opción del salmista. “El Señor es mi pastor, nada me falta”.