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Mons. Robert Flock: Todo lo que hace Jesús, es para que tengamos cielos nuevos y una tierra nueva

El obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Cochabamba, presidió la eucaristía del domingo 23 del tiempo ordinario, en la Catedral Metropolitana de San Sebastián, en el día nacional del peatón.

Con una reducida presencia de fieles, mons. Roberto Flock, habló a los congregados y a quienes seguían la celebración por Radio Catedral, refiriendose al mensaje de las sagradas escrituras. Reflexionó sobre la conciencia de ser seguidores del Señor que cuidan y defienden la creación. También remarcó la situación de los migrantes, que son hermanos en necesidad a los que se debe ayudar.

Audio y texto de la homilía

Queridos hermanos,
Hoy, por decreto del Gobierno Nacional, es Día del Peatón y Ciclista. Al mismo tiempo, por determinación de Dios Todopoderoso, hoy es Día del Señor, en consideración al Creador del Universo y a la Resurrección de Jesucristo.

Según podemos captar de los Evangelios, Jesús nunca utilizó una movilidad, tampoco una bicicleta. Alguna vez se movilizó con la ayuda de un burrito. Casi siempre andaba a pie, y una vez fue caminado sobre las aguas tormentosas del Lago de Galilea.

Supongo que cuando cruzaba el lago con sus discípulos (en barca), y cuando paseaba con ellos por la Tierra Santa, no iba botando basura por todas partes, pero sí, echaba a los demonios y hacía desaparecer las dolencias.

Es que él que vino para que tengamos vida y vida en abundancia, no va a convertir la tierra en un basurero. Más bien, cuando quiso describir el infierno, lo comparó con el vertedero de Jerusalén, un lugar llamado “Gehenna”, donde, en sus palabras “el gusano no muere y el fuego no se apaga” (Mc 9. 48). Todo lo que hace Jesús, es para que tengamos cielos nuevos y una tierra nueva, mejor que el jardín de Edén, donde podamos pasear en calles pavimentadas con oro transparente bebiendo el agua de la vida y comiendo el fruto del árbol de la vida.

Se ha observado que en los Días del Peatón, aunque se reduce mucho la contaminación atmosférica al evitar la circulación de motorizados, aumenta mucho la basura botada en las calles. Entonces algo no funciona. Como Dios mismo ha comprobado con los Diez Mandamientos, aunque uno dicta las mejores leyes y los grabe en tablas de piedra, de nada sirven si no estén escritas en el corazón y que este corazón no sea de piedra, sino de amor a Dios y al prójimo.

El Santo Padre, al escribir la Enclíclica “Laudato Si” sobre el cuidado de la Casa Común, y al instituir la Jornada de Oración por el cuidado de la Creación, ha denunciado ha denunciado la relación entre la “Cultura del Descarte”, la destrucción del medio ambiente y el abandono de los pobres. Por eso propone una cultura de misericordia hacia los pobres y descartados, que incluye el cuidado del medio ambiente, y una espiritualidad de alabanza, al estilo de San Francisco, y con la mirada de Jesús hacia “las aves del cielo, que no siembran ni cosechan, y no tienen graneros; pero el Padre celestial las alimenta” (Mt 6,26).

Según el Evangelio, Jesús lo hacía todo bien. La sanación de un sordomudo, con esta delicadeza de no hacerlo espectáculo, es a la vez una expresión de cuidado y amor a la creación. Pues este discapacitado fue creado en la imagen y semejanza de Dios y por eso debería tener la capacidad de hablar y de oír, y de convivir con dignidad en la comunidad humana.

El Apóstol Santiago también comprende este detalle de Jesús, para con los “descartados”, y por eso insiste en su carta: “¿Acaso Dios no ha elegido a los pobres de este mundo para enriquecerlos en la fe y hacerlos herederos del Reino que ha prometido a los que lo aman?” Dios, pues, no los bota como sucede con los que buscan refugio y terminan ahogados en el mar como hemos visto estos días. Opta por ellos con predilección, porque su sufrimiento contradice el proyecto de la creación y el amor con que Dios nos hizo existir.

Por eso no sorprende que el anuncio de la salvación, ya en tiempos de Isaías, sea expresado en estos términos: “Entonces se abrirán los ojos de los ciegos y se destaparán los oídos de los sordos; entonces el tullido saltará como un ciervo y la lengua de los mudos gritará de júbilo.”

Y después de describir la restauración de estos seres humanos, se habla también de la sanación de la creación: Porque brotarán aguas en el desierto y torrentes en la estepa; el páramo se convertirá en un estanque y la tierra sedienta en manantiales”.

Queridos hermanos, hagamos de este “Día del Peatón y Ciclista” un Día del Señor, en qué no solamente agradecemos la creación, sino que nos aliamos con el proyecto del Creador, para que donde hayan desechados y crucificados, vayan más bien surgiendo árboles de vida, de esperanza y de amor.