Cochabamba

Mons. Robert FlocK: dejémonos guiar por la Virgen María imitando sus virtudes.

Monseñor Robert Flock, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Cochabamba presidió la celebración dominical en la Catedral Metropolitana de San Sebastián y en la Parroquia de Santo Domingo, con motivo de su fiesta.

A continuación el audio y texto completo de su homilía

¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!

Queridos Hermanos.

Su presencia aquí en esta celebración indica que ya han probado lo bueno que es el Señor, y que pueden decir con convicción lo que algún experimentado escribió hace siglos en el Salmo 33 que rezamos hoy: “Este pobre hombre invocó al Señor: Él lo escuchó y lo salvó de sus angustias”, y también: “Busqué al Señor: Él me respondió y me libró de todos mis temores.”

Para muchos hermanos humildes, esta experiencia está más relacionada a la Santísima Virgen María, cuya bondad celebramos estos días en el Santuario de Quillacollo. Es la Virgen de Urkupiña que ha mostrado un cariño maternal divino a nuestro pueblo. Es la madre de Jesús y madre nuestra que es invocada en nuestras tierras bajo muchas advocaciones, como se celebró ayer en Quillacollo. Esta diversidad de advocaciones comprueba que nuestra Madre Celestial se encariña con los pueblos en su diversidad cultural y se preocupa por ellos desde sus sufrimientos y necesidades particulares. Además de las 32 advocaciones ayer en el Santuario, 16 de Bolivia y 16 de otros países, las noticias dieron fe de la devoción especial de Tapacarí, por el cariño y bondad de la Virgen de los Dolores con esta población.

No dudamos de los muchos milagros que la Santísima Virgen hace en bien de sus devotos, y conviene reconocer y agradecerlos lo mejor posible. El origen del baile folclórico está en estos sentimientos. ¨

¿Cuál es la mayor bondad de María para con nosotros? Pues está en este primer regalo que hizo para nosotros y para toda la humanidad. Nos trajo al mundo el Hijo Encarnado de Dios, nuestro Señor Jesucristo: Camino, Verdad y Vida. El pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el mal (Ver: Hechos 10,38).

¡Gusten y vean qué bueno es el Señor! La invitación que nos hace el Salmo, es sobre todo para saborear la amistad con Jesús. “que nos amó y se entregó por nosotros, como ofrenda y sacrificio agradable a Dios”, como dice la Segunda Lectura. Jesús mismo se describe como “Pan vivo bajado del cielo… para la vida del mundo.” Y nos invita a recibir y digerir este don: “Tomen y Coman”.

El Salmista afirmó que buscó al Señor y le libró de todos sus temores. ¿Cuáles son nuestros temores? Las noticias los evidencian diariamente:
• Inseguridad ciudadana y violencia de toda clase, especialmente contra mujeres y niños, además por las peleas de la universidad y de los sectores sociales en conflicto.
• Destrucción del medio ambiente, con grave contaminación en el aire y el río, el vertedero rebalsado e incendios en el parque Turari y la Laguna Alalay, pulmones de Cochabamba.
• Servicios de salud, incapaces de atender a la población, tanto en emergencias como en las enfermedades costosas y difíciles de enfrentar.
• Narcotráfico y drogadicción, corrupción e falta de justicia, pobreza y marginación, inmoralidad y perversidad…

Estos y otros son problemas muy complejos que no admiten soluciones fáciles. No digo que por visitar a la Virgen de Urkupiña o por asistir a la Misa y comulgar se van a arreglar milagrosamente. Pero sí, digo que las soluciones requieren de Jesús, Camino, Verdad y Vida. El proceso de cambio para el verdadero progreso del pueblo, para sostenerse, necesita alimentarse con el Pan vivo bajado del cielo para la vida del mundo. Una convivencia sana entre nosotros en armonía con la Pachamama, supone no solamente pedir favores a la Virgencita, sino también dejarnos guiar por Ella imitando sus virtudes.

San Pablo escribió: “Eviten la amargura, los arrebatos, la ira, los gritos, los insultos y toda clase de maldad.” Pues, “la amargura, los arrebatos, la ira, los gritos, los insultos y toda clase de maldad” que tanto caracteriza nuestros conflictos no soluciona nada. “Por el contrario, sean mutuamente buenos y compasivos, perdonándose los unos a los otros como Dios los ha perdonado en Cristo.” Para esto tenemos que alimentarnos de Cristo, de sus actitudes, y de su Cuerpo y Sangre ofrecido en la Cruz y glorificado en la Resurrección.

Quizás, nuestro mayor desafío, hermanos, es compartir el Pan vivo bajado del cielo con los más desnutridos de nuestro medio. La gran mayoría de nuestros hermanos que provocan nuestros temores, tienen participación escasa en la Iglesia y una relación superficial con la Virgen Santísima. De allí la urgencia de la transformación misionera de nuestra Iglesia, nuestras parroquias, congregaciones religiosas y movimientos laicales. Tenemos que decir a todos:

¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!