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Mons. Oscar Aparicio: “Si alguien no se ha sentido amado por Él, es que no se ha dejado amar”

El pasado domingo se realizó una celebración especial en la Catedral Metropolitana de San Sebastián de la Arquidiócesis de Cochabamba, que reunión a las comunidades religiosas, en el marco del año de la vida consagrada y pidiendo un alto a la violencia contra las mujeres.

Todo inició con una marcha que partió de la plaza Colón, en la que se pidió parar la violencia hacia las mujeres y los feminicidios. Expresaron su posición como religiosos y religiosas que trabajan al serivicio de las comunidades en Cochabamba. La marcha concluyó en la Catedral donde se realizó la Santa Eucaristía presididad por el Arzobispo Mons. Oscar Aparico y concelebrada por Mons. Tito Solari, responsablde de la vida consagrada en Cochabamba, también estuvieron en el presbiterio  religiosos de la Arqudiócesis.

Mons. Aparicio en su homilía reconoció la valiente actitud de los religiosos de darse a conocer como instrumento al servicio de los fieles, y pidió esta presentes en la realidad social, pueto que son parte de ella. Tomó la lectura del Santo Evangelio para recordarles la entrega total como religiosos dejandolo todo y poniendo como bine absoluto el amor de Dios.

Audio y texto de la homilía

Quisiera en primer lugar mencionar o subrayar el contexto en el que estamos viviendo, para decir solo una cosa: somos, estamos, vivos en este mundo. Lo que acontece acá no está exento a nosotros. Vivimos en este mundo para anunciar, en este mundo, la belleza de la Vida Consagrada.

Hemos finalizado la semana de la Familia aquí en Cochabamba. Hoy es un día particular, que toda Bolivia está festejando este día de la mujer boliviana. A propósito aquí haya tantas mujeres, una buena felicitación a todas y cada una. Yo he estado celebrando dos misas en la mañana, aquí primero. Cuánto se han alegrado que se les felicite de manera directa y también en el hospicio, hasta aplausos suscita cuando se felicita a la mujer y tenemos que reconocerlo. La presencia de la mujer, la presencia de ustedes es un precioso tesoro y cómo no alegrarnos de ello. Pero es un día dedicado cierto a nivel de toda la nación, pero aquí en Cochabamba veo el júbilo; es un contexto que también nos está haciendo vivir estos momentos.

Por otro lado sabemos que hay esta conferencia del cuidado del medio ambiente y la defensa de la vida. No estamos exentos de aquello, son programas que no pueden ser inter-eclesiales, pero la vida consagrada vive en este mundo; entonces los afanes que podamos tener como consagrados también nos tiene que llamar la atención. Y estamos en este contexto y estamos en una iglesia muy particular, por eso lindo el acontecimiento que nos hayamos reunido aquí, en esta Catedral, en torno a la vida consagrada, o el año de la vida consagrada.

Ustedes han tenido una hermosa manifestación, hermosa forma de decir que no queremos la violencia, sobre todo contra la mujer. Han hecho el manifiesto firme y digno; que Cochabamba escuche, que la sociedad escuche, que las autoridades escuchen, que nosotros mismos en nuestras instituciones escuchemos esta palabra de aquellos de la vida consagrada que están en Cochabamba y que se conduelen de la violencia presente en medio nuestro. Basta a la violencia sobre todo hacia la mujer. Son palabras con toda dignidad y con toda firmeza dicho a los demás.

Si se ha caminado por las calles y se ha manifestado esto es porque vivimos en este mundo. Los consagrados estamos acá. Y no solo es la vida religiosa o religiosos, somos todos aquellos que hemos querido aceptar el llamado de Dios y consagrar nuestra vida por el Reino de los Cielos y lo hacemos particularmente en esta iglesia local, entre los cochabambinos.

No podía ser mejor la palabra que hemos escuchado hoy, que se está proclamando en todo el mundo. Yo solo quisiera subrayar algunos aspectos del evangelio. De ningún modo quiero hacer ni exegesis no ponerme como el que quiere enseñar, simplemente como un hermano más quisiera que reflexionemos y pongamos atención a los que es el regalo de esta palabra; del evangelio para nosotros hoy a aquellos que queremos también construir el reino de Dios en medio nuestro.

Hemos escuchado el evangelio. Jesús se puso en camino, el maestro, el Señor. Nos está, todo este tiempo, enseñando a través del evangelio de Marcos Cómo hay que vivir en cristiano, cómo hay que seguir al Señor, cuáles serán nuestras actitudes. Cómo debemos formarnos para ser discípulos misioneros auténticos de él. Una actitud inicial es que él mismo está en camino. Somos aquellos que tienen la profunda experiencia del éxodo, aquello que el Papa continuamente dice. Somos aquellos en salida, en camino. Nuestro itinerario va siempre siguiendo al maestro y señor, y él nos lo quiere enseñar. Es allí, en ese acontecimiento, no estar aletargados, echados o sentados, en la comodidad sino en camino. Es allí donde un hombre corre hacia él.

Alguien corre hacia él, no es por nada a mención del correr. El que tiene autoridad, el que ejerce una paternidad o el que tiene algún tipo de soberanía, en el contexto de Jesús, no corre. Quien corre es el que está al servicio, es el esclavo, es el que se pone rápidamente en camino, el que está descalzo inclusive. Es aquel que se pone en una situación de humildad total. Este hombre corre hacia el maestro y arrodillándose. Miren hermanos que detalle, en pocas palabras está diciendo que la actitud de este hombre es una actitud de humildad. Es una actitud que reconoce en Jesús una autoridad, reconoce una soberanía de este con quién está hablando o al que se le está acercando. Se arrodilla se postra y le dice, le pregunta: Maestro Bueno, las actitudes corresponden a la palabra, lo reconoce como maestro.

Este es el consagrado, este somos nosotros. Hemos corrido por el camino de la vocación, del llamado, con humildad; reconociendo que nosotros no somos los que hemos tomado la iniciativa, es el Señor. Y a lo mejor tantas veces hemos preguntado: Maestro Bueno, qué debo hacer para alcanzar la vida eterna. Tantas de estas preguntas habremos tenido nosotros. La respuesta de Jesús es increíble: “Por qué me llamas bueno, solo Dios es bueno”. Afirma quién tiene la verdadera soberanía, quién es el sentido profundo de la vida del ser humano, quién es realmente capaz de amar y ser bueno. Y ahí repite: tú conoces los mandamientos, has entonces y cumple aquello.

El hombre, el consagrado, la consagrada le respondió diciendo: “Maestro yo todo esto lo he vivido desde mi juventud”. Yo espero que se identifiquen con esto ustedes: “Lo he cumplido desde siempre”. Los más jóvenes que digan los estoy cumpliendo. Los menos jóvenes, los que son más cincuentones como yo, desde mi juventud lo estoy haciendo, procuro hacer esto. Y los que han pasado ya a la bella de la tercera edad que digan apasionados, pero Señor yo en estos caminos sabes, lo conozco lo se lo he procurado, no por eso somos consagrados.

Jesús lo miró con amor, lo miró con amor. Cómo nos mira el Señor, cómo te mira el Señor. Cuál es la mirada de él, te sientes amado por él. Si alguien no se ha sentido amado por Él, es que no se ha dejado amar por Él; ha cerrado las puertas de su corazón a esta mirada. El Señor lo amó profundamente. Esto da sentido profundamente a las personas. Y le dijo no basta cumplir los mandamientos. No es suficiente, entre comillas, ser buen religioso o buena religiosa, buen consagrado. No es suficiente haber cumplido y haber pasado los años, no es suficiente tener votos o no votos y no es suficiente haber caminado tanto en la vida y tener aniversarios 30, 25, 50 o 60. Hay algo fundamental que puede faltar, que falta a este hombre, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, después ven y sígueme.

Hermanos míos, hermanas mías, yo creo que aquí está, para nosotros lo hermoso de esta palabra, en el contexto en el que vivimos, en nuestra situación personal en la que estamos. Hoy, a nosotros, de manera personal de manera concreta quiere renovar el llamado y decir no es suficiente, hay que renovar el amor. No es suficiente ser solo bueno, no es suficiente haber hecho grandes cosas; fundamentalmente es haber pasado a la experiencia del amor de Dios a reconocer que Dios es el máximo bien, es el máximo tesoro. Eso es suficiente para vivir gozosos en este mundo como consagrados. Y somos testigos, no solo dignos y firmes, sino habilitados completamente, porque somos testigos del amor de Dios. Esta tarde nos dice esto el Señor: “Vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres, no tengas ninguna seguridad”.

El hombre se fue. Yo me imagino que de aquí nadie se va a ir, frente a esta provocación amorosa del Señor, renovación de la consagración en esta vida. Entonces hace todo un recuento, el Señor, de lo difícil que es entrar en el Reino de Dios. No se puede entrar en una puerta tan estrecha con demasiada carga. Para entrar a esa ciudad hay que despojarse de todo, hay que entrar totalmente limpio. Se trata de la invitación a despojarse de tantas situaciones que podamos tener. Acepten y acojan esta palabra.

Y nosotros qué, si todo lo hemos dejado. Escuchen la respuesta de Jesús y nos lo dice a nosotros: “les aseguro que, el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por la buena noticia; desde ahora, recibirá el ciento por uno en casas hermanos y hermanas, hijos y campos, en medio de persecuciones. Y en el mundo futuro recibirá la vida eterna”. Felicidades consagrados, consagradas; que el Señor renueve nuestro amor, que el Señor renueve nuestro ser profetas en este mundo, que el Señor les conceda ser esta luz que alumbra en Cochabamba. Que su sola presencia ya sea un tesoro y a todos los habitantes de esta arquidiócesis, que digan que bueno es vivir con el Señor, que gozo eterno es responder al amor de Él, que bueno es vivir esta vida de consagrado y no porque somos mejores sino porque hemos descubierto que el mayor tesoro, el máximo bien es Dios. Por eso hemos aceptado entregar nuestra vida a Dios y su reino.