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Mons. Oscar Aparicio: Como Iglesia necesitamos abrirnos más a la luz de Cristo

“Como sociedad necesitamos la luz de Cristo. Como lglesia necesitamos abrirnos más a la luz de Cristo. Todos necesitamos dejarnos iluminar. Reconozcámonos sinceramente ciegos y necesitados del que es la Luz”, de esta manera Mons. Oscar Aparicio, Presdiente de la Conferencia Episcopal Boliviana resaltó la necesidad que tiene la Iglesia Boliviana de realizar un cambio en su caminar.

“Por eso, el Enfoque y Directrices de la Conferencia Episcopal 2014 –  2018 que estamos elaborando nos invita a todos, secundando la invitación del Papa Francisco a “salir a /as periferias, acercarnos y caminar con el pueblo boliviano, escuchar y hacer nuestras sus angustias y esperanzas, para iluminar sus vidas con el Evangelio de Jesucristo vivo”, señaló.

“…los obispos hemos reflexionado sobre las cegueras que vivimos como lglesia y como sociedad boliviana. En nuestra Iglesia no todo es presencia luminosa de Cristo y fe en Él. Nos cuesta compartir la luz del Evangelio con los que no la conocen. Nuestra pastoral está demasiado dejada llevar todavía por la inercia, por las actividades de mantenimiento, como si viviésemos en una sociedad en la que Cristo todavía se transmite por el ambiente, la tradición, la familia y la educación. Pero esto ya no es así. Hoy día muchos niños y jóvenes no conocen a Cristo y no escuchan hablar de Él en profundidad en su casa, ni en el colegio y, menos aún, en el ambiente en el que se mueven”, puntualizó.

Mons. Oscar aparicio presididó la eucaristía celebrada en la parroquia San pedro de la Arquidiçocesis de Cochabamba, en el marco del V Aniversario del lanzamiento de la misión Permanente en nuestro país.

HOMILIA DE MONSEÑOR OSCAR APARICIO PRESIDENTE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL BOLIVIANA
30 de marzo del2014

Queridos hermanos:

Desde esta parroquia de San Pedro acá en Cochabamba, que nos ha acogido con tanta alegría, envío un fraterno saludo, en nombre de los obispos de Bolivia, reunidos en Ia XCVII (nonagésima séptima asamblea). Saludo también a todos los que nos siguen a través de los Medios de Comunicación, especialmente a los hermanos enfermos e impedidos que no pueden estar presentes hoy en la comunidad cristiana para participar en la celebración de la Eucaristía y a todos los que sufren todavía las consecuencias de los desastres climáticos de los últimos tiempos o sufren por cualquier otra causa. Un recuerdo especial hoy para nuestro hermano Mons. Tito Solari, Arzobispo de Cochabamba. Hoy le tenemos muy presente, como todos estos días en la Asamblea. Queremos estar unidos fraternalmente con todos ustedes y gozar del consuelo de la Palabra que nos regala el Señor en este cuarto Domingo de cuaresma.

La Palabra, proclamada hoy, nos invita a reconocer nuestra situación de ceguera. Muchas veces, los seres humanos creemos ver, pero, en realidad estamos ciegos. Sólo vemos las apariencias, como dijo Dios al profeta Samuel que había ido a Belén buscando un rey en la familia de José: “La mirada de Dios no es como la mirada del hombre, pues el hombre mira las apariencias, pero el Señor mira el corazón”. Sólo la mirada de Dios es verdadera y penetra la realidad de forma certera. La mirada del ser humano, normalmente, está deformada por los intereses, el egoísmo y el pecado. Sólo Dios mira con verdad. Sólo Él nos mira a nosotros en lo que somos, porque Él nos mira con amor, como hijos, como a sus criaturas queridas.

En nuestro caso, nosotros sólo podemos ver la verdad de todo si miramos iluminados por la luz de Dios, lo que significa mirar con fe. Sólo una mirada de fe puede ver todo en su verdadera dimensión y en su verdad esencial.

Cuando se mira con fe, todo cambia. Los catecúmenos que se preparan para el bautismo en la Vigilia Pascual recibirán un cirio encendido y nosotros junto a ellos queremos también recibir la luz de Cristo, la luz verdadera. Toda situación de nuestra vida la veremos de forma diferente.

Reconozcamos nuestra situación de oscuridad.

Los fariseos no tenían la capacidad de ver. Estaban convencidos de que veían porque eran piadosos a su manera, pero no vieron lo más importante: la visita de Cristo el Señor al mundo. Sin embargo, el ciego de nacimiento llegó a ver la verdad de Cristo y creyó en Él, porque este le dio la vista.

En estos días, queridos hermanos, los obispos hemos reflexionado sobre las cegueras que vivimos como lglesia y como sociedad boliviana. En nuestra Iglesia no todo es presencia luminosa de Cristo y fe en Él. Nos cuesta compartir la luz del Evangelio con los que no la conocen. Nuestra pastoral está demasiado dejada llevar todavía por la inercia, por las actividades de mantenimiento, como si viviésemos en una sociedad en la que Cristo todavía se transmite por el ambiente, la tradición, la familia y la educación. Pero esto ya no es así. Hoy día muchos niños y jóvenes no conocen a Cristo y no escuchan hablar de Él en profundidad en su casa, ni en el colegio y, menos aún, en el ambiente en el que se mueven.

Sin embargo en las parroquias nos dedicamos a la pastoral sacramental sin insertarla en verdaderos itinerarios de iniciación a la vida cristiana, procesos de formación en un verdadero discipulado cristiano y en el compromiso social de los laicos.

Es así que nacen espontáneas algunas preguntas:

¿Vemos la necesidad de esta pastoral misionera? si no la vemos, ¿No estamos ciegos?. Tal vez ciegos de comodidad y necesidad de conversión a Cristo que nos llama a la misión insistentemente. Por tanto, renovemos también hoy en esta Eucaristía nuestra entrega a la Misión Permanente, compromiso de toda la lglesia latinoamericana.

La sociedad en la que estamos insertos los cristianos, la sociedad boliviana camina también muchas veces ciega al valor de la vida. ¿No es caminar ciegos cuando no se ve más solución que el recurso a la muerte para resolver el problema de un embarazo no deseado? ¿No nos sume en tinieblas el hedonismo que se nos va metiendo, la búsqueda de placer y comodidad que no dejan ver que estamos hechos para amar?

¿No es ceguera el odio y la venganza? ¿No es ceguera la imposición de las propias ideas y la descalificación y el insulto de quien piensa diferente? ¿No es ceguera la intolerancia que crece en el país? ¿Acaso no es ceguera dedicarse a un negocio ilícito como el narcotráfico que lucra con la muerte de personas? ¿No es ceguera aprovecharse de un cargo público para enriquecerse ilícitamente o perjudicar de cualquier forma a personas humanas?

Estamos en tinieblas y creemos ver. Como sociedad necesitamos la luz de Cristo. Como lglesia necesitamos abrirnos más a la luz de Cristo. Todos necesitamos dejarnos iluminar. Reconozcámonos sinceramente ciegos y necesitados del que es la Luz.

Por eso, el Enfoque y Directrices de la Conferencia Episcopal 2014 –  2018 que estamos elaborando nos invita a todos, secundando la invitación del Papa Francisco a “salir a /as periferias, acercarnos y caminar con el pueblo boliviano, escuchar y hacer nuestras sus angustias y esperanzas, para iluminar sus vidas con el Evangelio de Jesucristo vivo”

“Enfoque” es esta mirada con los ojos de la fe, y “Directrices” son líneas o dirección por dónde se puede caminar.

Estamos, por tanto, invitados a dejarnos iluminar cada uno de nosotros con la luz que irradia Cristo, el Señor. Si no nos dejamos iluminar, no podemos llevar luz a nadie.

Pronto se encenderán en la Iglesia universal dos grandes luces, cuyo ejemplo de vida y entrega ha iluminado la vida de todos. Me refiero a la próxima canonización de los beatos Juan XXlll y Juan Pablo ll, verdaderos gigantes de la fe en el siglo pasado y en el actual que nos animan a ser también nosotros luminarias de Cristo en la Bolivia actual.

También celebraremos el V’ Congreso Eucarístico el próximo año en el marco del año de la vida consagrada, que el Santo Padre ha instituido. Cristo es pan partido para la vida del mundo y los sacerdotes y religiosos, las religiosas, todos los consagrados estamos también llamados a alimentarnos en el banquete eucarístico para ser pan partido para el mundo.

No permitamos como lglesia que, especialmente los jóvenes, se queden ciegos al amor, a la entrega de la vida, a seguir partiendo, también ellos, su vida en seguimiento de Cristo que ha venido para que en nuestro mundo arda el amor. Es Cristo mismo quien nos llama a ser cada uno de nosotros un cirio encendido que caliente e ilumine el universo.

Por eso quisiera terminar con esta exclamación: ¡Enciende Señor en nosotros la llama de tu amor para que iluminemos el mundo!

Amén.