Sucre

Mons. Jesús Pérez: No es un mero augurio

Desde el día de Pascua de Resurrección, la muerte ha sido vencida. Nuestras ansias de vivir siempre han sido satisfechas por Jesús de Nazaret. Cristo ha derrocado definitivamente la muerte con su salida del sepulcro. Las mujeres, como los apóstoles Pedro y Juan fueron a buscarle “entre los muertos” y oyeron a los ángeles “¿porqué buscan entre los muertos al que vive?” (Lc 24,5). Ahora y para siempre, Cristo está vivo y está presente, en la iglesia, en cada creyente, aunque no lo veamos con nuestros ojos.

El gran acontecimiento, la gran noticia que da sentido pleno a nuestra fe es la Resurrección de Jesús de Nazaret, hombre verdadero y Dios verdadero. Si somos cristianos es porque Jesús no permaneció en la muerte, sino que el poder de Dios le hizo pasar de la muerte a la vida. Esta vida de resucitado es una nueva existencia para los cristianos, un “credo”, breve pero rotundo, los que los apóstoles reunidos en el Cenáculo dijeron a los dos discípulos de Emaús: “es verdad, ha resucitado el señor” (Lc 24,34).

Para los cristianos celebrar la Pascua es recordar este hecho y hacer fiesta. Se trata de anunciar llenos de alegría y de gratitud: LA MUERTE HA MUERTO. Es el acontecimiento central de nuestra fe, pues se hace realidad lo que Jesús afirmó rotundamente: “Yo soy la resurrección y la vida”. Y mucho más: “Quien cree en mí, no morirá y yo le resucitaré el último día”(Cfr. Jn 11,25-26). Jesús va  cumplir con nosotros esa promesa: el ansia de felicidad y de vivir para siempre.
Nuestras felicitaciones –FELICES PASCUAS– no es un mero augurio de las tantas rutinas que existe en nuestra vida, aún en la vida de creyentes, sino la certeza de fe en que la victoria de Cristo es nuestra victoria y como dice el apóstol Pablo, “la pascua de Cristo es nuestra pascua”. De ahí nace una orientación nueva de nuestra vida. La Resurrección de Cristo no es tanto el final, es más bien el principio. San Francisco supo saludar a la hermana muerte como hizo con el sol, la luna, el agua y la madre tierra. La vida del Resucitado está no sólo en el hombre, sino en todo el cosmos.

Desde la noche Santa, la Vigilia de Pascua, y a lo largo de esta cincuentena pascual, la Palabra de Dios es una gran ayuda para celebrar el fundamento de nuestra fe y esperanza y para reorientar nuestra vida en la línea de la voluntad de Dios, apuntando a la nueva vida del viviente, Jesús resucitado. Pablo en su carta a los Colosenses nos señala: “ya que han resucitado con Cristo busquen las cosas de arriba” (Col 3,1). Por ello, la Pascua nos invita a asumir con coherencia la novedad en el Espíritu del Resucitado: “aspiren a los bienes de arriba” (Col 3,2), todos los cristianos caminamos hacia la mismísima meta que Jesús: “entonces también ustedes aparecerán juntamente con él, en gloria”(Col 3,4).

El Año de la Fe es un año para “redescubrir la fe”, para anunciar con más alegría el triunfo de Cristo con su Resurrección. El libro de los Hechos de los apóstoles es una buena lectura para estos cincuenta días del tiempo pascual. El Señor actuó en la comunidad de Jerusalén, ese mismo Jesús quiere seguir actuando a través del Espíritu, aunque invisiblemente, y visiblemente por medio de la comunidad creyente en el Resucitado, por medio de la Iglesia, por medio de los sacramentos.

La palabra de aquellas comunidades cristianas llenas de alegría y de fe y su vida es como un espejo para nosotros, el ejemplo de firmeza en la fe y en el testimonio hará que cada cristiano se anime a seguir siendo instrumento de la construcción del Reino. Cuando se termina de proclamar la lectura de los libros de los Hechos, los cristianos del rito copto, en Egipto dicen: “y la Palabra de Dios sigue creciendo, en esta Iglesia y en todas las iglesias”. El libro de los hechos no ha terminado, continúa escribiéndose con y a través de los cristianos que anunciamos a Jesús, el Señor de la Vida e intentamos seguirle en la fe.

En esta Pascua del Año de la Fe debiéramos reflexionar sobre lo que Pablo nos pide, en la carta a los colosenses, una invitación a buscar todo lo que es bueno, noble, santo, justo. No podemos vivir los cristianos como si nada hubiera pasado. Por ello, hay que redimensionar nuestros deseos y nuestras determinaciones, según el mundo. “Buscar las cosas de arriba” es desear, anhelar y reconocer que nos falta algo, que por mucho que hayamos hecho, nos queda todavía más.

El apóstol Pablo tiene también otra comparación, en la carta a los corintios 5,6-8. Hay que acabar con la levadura vieja, para los días de Pascua y comer pan ácimo, costumbre judía. Así resalta la novedad de la vida nueva en Cristo con su Resurrección. Una vida de Resucitado, una vida de amor.

Benedicto XVI nos invita para este Año de la Fe a estudiar el Catecismo de la Iglesia, de Juan Pablo II; nos vendría bien leer los números 639 – 647; estos numerales nos hablan de Resurrección de Cristo. Formarnos en el Año de la Fe para profesar, celebrar, vivir y rezar mejor nuestra fe.

Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.

Sucre, 31 de Marzo 2013