Análisis

Mons. Jesús Pérez: “Los planes de Dios son sorprendentes”

Siguen las parábolas de Jesús con las cuales busca explicarnos claramente cómo es el Reino de Dios. La parábola corresponde al evangelista Mateo 20,1-16. Esta parábola es probablemente desconcertante para muchos y, se pudiera decir que resulta escandalosa, porque a primera vista parece favorecer una injusticia social o al menos, un cierto despotismo en el amo de la viña a la hora de pagar el sueldo a los trabajadores. Nadie aceptaría que uno que trabaja la mitad del tiempo que otro, cobre lo mismo. Se cumple aquello, que dice el profeta Isaías en la primera lectura: “Mis planes no son los planes de ustedes” (Is 55,8). Dios nos sorprende con su actuar.

Lo que Jesús intenta con su parábola no es darnos una lección de justicia social en las relaciones del trabajo laboral, sino cómo es Dios y, por consiguiente, cómo es su actuar, Nosotros no solemos entender los planes de Dios, pues Dios es amor, bondad y misericordia. Dios va a seguir sorprendiendo con su gratuidad.

Se puede colegir por la parábola que en tiempos de Jesús, el número de los sin empleos era muy corriente. Que la gente del campo se iba a la ciudad a buscar trabajo y el lugar de búsqueda común era ir a la plaza principal, donde esperaban ser contratados. Un hombre rico sintió compasión de esa gente sin trabajo que esperaban horas y horas en la plaza. Quiso repartir parte de su plata entre la gente necesitada. Pudo haber regalado dinero, pero creyó hacerlo mejor invitando a trabajar en su propiedad y ganar en forma digna lo necesario para el pan del día.

Probablemente el deseo del hombre era que nadie estuviese sin algo de plata que asegurara el pan del diario vivir. Cuando empezó a oscurecer dio la orden de que cesase el trabajo y se iniciara el pago, empezando por los últimos y pagando igual a todos. Él quería hacer una buena obra a todos y que nadie quedase sin lo necesario para comer en ese día. Pero no fue así, sino que protestaron los contratados a la primera hora. El buen patrón triste porque su gesto de bondad había sido mal entendido.

Dios siempre es bondadoso y generoso en extremo como lo señalan las sagradas Escrituras. ¿Cómo vas a tener envidia porque yo soy bueno? Dios es bueno, compasivo y misericordioso como Jesús lo presenta en el Evangelio. Cristo se auto invitó a comer en la casa de Zaqueo, bendice y acoge a los niños, es el Buen Pastor que busca las ovejas perdidas, sana a los enfermos, consuela a los que sufren, perdona a los que se arrepienten. No premia sólo conforme a nuestros méritos, sino según su misericordia. La salvación es siempre gratuita.

Esta parábola, aparte de ser una enseñanza del actuar de Dios, es a la vez una requisitoria a nuestra mezquindad ¿acaso no tendemos a reaccionar como los jornaleros? ¿Acaso no somos propensos a los celos y las envidias? Es necesario aprender de la bondad de Dios y de su misericordia infinita en nuestras relaciones con los demás.

La parábola iba dirigida, sin duda alguna, a los judíos, sobre todo a los fariseos. Ellos eran los de la primera hora, llamados a ser beneficiados por la venida del Mesías, los paganos eran después, no deberían tener el mismo derecho, la misma recompensa. El trato de Jesús con pecadores y publícanos, los escandalizaba y les molestaban profundamente. Al crecer el cristianismo los paganos comenzaron rápidamente a pertenecer a la Iglesia y se volvieron mayoría dentro de la Iglesia. Esta parábola era una gran iluminación para los convertidos del paganismo al cristianismo.

La parábola de hoy nos da otra gran enseñanza: Dios busca al hombre. Dios es quien nos llama a trabajar a su viña con mayor interés que el que tenemos nosotros. Dios es el patrón que sigue buscando a las personas, obreros para su viña. Llama en la niñez, llama en la juventud, llama a la persona madura, llama hasta el último momento de la vida. Dios no se cansa de llamarnos.

No llegamos a darnos cuenta de esta llamada porque nuestra mentalidad no coincide con las decisiones o planes de Dios. No hemos llegado a conocer a Dios como es. A veces, Dios parece desconcertante, Sin duda que la Palabra de Dios sigue interpelándonos. A veces nos dejamos llevar por nuestra manera de ser y no dejamos que la Palabra de Dios nos cuestione, nos interpele.

La parábola termina con una sentencia que se repite varias veces en los evangelios: “los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos”. Los caminos de Dios no son nuestros caminos ni la forma de pensar nuestra es la de Dios. Las palabras del Evangelio pueden ser hoy un buen test para conocer qué clase de cristianos somos.

Sucre, 21 de septiembre de 2014

Fray Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.
Arzobispo emérito de Sucre