Análisis

Mons. Jesús Pérez: “La verdadera vid”

Hoy escuchamos en evangelio de Juan 15,1-8, la alegoría de la vid: “Yo soy la verdadera vid y ustedes los sarmientos”. Pertenece este pasaje evangélico, junto al del próximo domingo, al discurso de Jesús en la última Cena. En esa noche Jesús dio una serie de recomendaciones para cuando no estuviera visible físicamente.

La Iglesia dedica cincuenta días a celebrar la “fiesta de las fiestas”: la Pascua… Esta fiesta es el centro de la vida cristiana. Ya han transcurrido cuatro semanas y hoy es un paso más que damos en el conocimiento y vivencia del misterio pascual. Este tiempo, sin duda, nos ayuda a ser optimistas y más alegres.

El domingo pasado se nos invitaba a sentirnos “hijo” y “oveja”, del rebaño de Cristo. Hoy, en el evangelio, tenemos una comparación más profunda. Los cristianos somos “sarmientos “unidos a la cepa principal que es Jesús, es de él de quien recibimos la vida. En este pasaje de Juan encontramos siete veces el verbo “permanecer”. Así mismo, están siete veces esta expresión: “en mí”, en la vid.

La verdadera vid es Jesús, de la misma manera, que es el pan de vida, es también el vino del reino, el producto de la vid. Los discípulos, los bautizados, somos sarmientos y participamos de la vida de Cristo, como las ramas participan de la vida de la cepa a la que están unidas. Hay que permanecer en Cristo como la raíz se une a la tierra.

¿Cómo se nota que estamos verdaderamente unidos a Cristo? Con el amor. El verdadero amor no se demuestra de “palabra y de boca” si no “de verdad y con obras”. Es muy fácil decir que soy católico, hijo de Dios, que guardo los mandamientos. Pero no basta con decir, es necesario vivir lo que decimos. Jesús nos dice: “Quien guarda mis mandamientos permanece en Dios y Dios en él”. Es verdadera nuestra fe cuando guardamos sus mandamientos y hacemos lo que agrada a Dios. No acabamos de entender la afirmación de San Agustín: “ama y haz lo que quieras”. El que ama a Dios de verdad va a hacer siempre la voluntad de él.

Las ideas básicas que se repiten en el texto de san Juan son dos: permanecer en Jesucristo y dar fruto. Sin lo primero no se puede dar lo segundo. Esta es condición indispensable, permanecer, estar unido a Cristo para poder dar fruto. El fruto principal del cristiano es el amor. Jesús nos dice: “con esto recibe gloria mi Padre, con que den fruto abundante, así serán mis discípulos”. Así seremos cristianos de verdad. Vemos que hay un gran número de cristianos, en el mundo entero que no acaba de entender las palabras de Cristo “sin mí no pueden hacer nada”. Todos, desde el Papa hasta el niño estamos necesitados de la savia de la vid que es Jesucristo para ser discípulos y discípulos misioneros. Cuando vivimos en la gracia divina, en la amistad e intimidad con Cristo, vamos a tener su misma fuerza para quitar el mal de nosotros mismos y luchar contra toda clase de mal que está fuera y dentro de nosotros. No podemos tener una relación íntima con nadie y, menos con Dios, si estamos haciendo la voluntad propia en contra de los mandamientos divinos.

Hay y habrá siempre una señal para medir la unión del creyente con Cristo: el amor. El amor auténtico y liberador. El amor sin trampas .El amor se conoce por sus frutos. El amor verdadero ahuyenta el egoísmo. La única prueba de su validez cristiana son las obras del amor a semejanza del de Cristo que se entregó por nosotros hasta la muerte. El amor a Dios, siguiendo a Cristo, tiene las consecuencias de la renuncia, del sufrimiento por causa de él. Nuestra entrega en favor de los más débiles, los maltratados en sus derechos humanos, en la justicia, es señal de un verdadero amor a Dios. Así mismo, el saber sufrir las obras de odio que nos vienen por entregarnos humildemente al servicio de los demás.

Jesús nos habla de la poda a la que estamos sujetos los cristianos. El dueño de la viña que es Dios se encarga de hacer la poda de los sarmientos en la Iglesia, por medio de la persecución constante y las tribulaciones. Por eso, no hay que asustarse de los ataques de palabra y obra a la Iglesia, a los cristianos; siempre ha habido persecución de parte de los estatuidos en el poder, en este siglo y en todos los siglos. El papa Francisco ha repetido varias veces: “hoy hay más mártires que en el siglo primero”. Lo importante es vivir unidos a Cristo, la savia, para enfrentar el mal con el bien. Las visitas que hacen los papas a los diferentes países son para fortalecer la fe de los cristianos.

Sucre, 3 de mayo de 2015

Mons. Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.
Arzobispo emérito de Sucre