Análisis

Mons. Jesús Pérez: “La fuerza intrínseca de la semilla”

Este domingo, el Señor a través de una parábola, quiere enseñarnos a renovarnos, a valorar lo que hay en nosotros donde ha sido sembrada la semilla del Reino. Esta parábola presenta la pedagogía admirable de Jesús para que entendamos lo que es el Reino del Señor. Jesús dice: “el Reino de Dios se parece a un hombre que echa la semilla en la tierra…” Esta semilla es la palabra de Dios. Dios actúa a través de la Palabra con absoluta libertad en la vida de cada persona. Jesús resalta la fuerza intrínseca que tiene la semilla, porque se la ha dado el mismo Dios, así como la fecundidad que tiene la tierra para que la semilla realice bien su proceso de germinación y crecimiento. Subraya el protagonismo no del agricultor, sino de la semilla y, sobre todo de Dios.

Junto a esta parábola del sembrador el evangelista Marcos, nos pone otra parábola: la del grano de mostaza. Termina el evangelista diciéndonos: “con muchas parábolas como éstas les anunciaba la Palabra, en la medida que ellos podían comprender”. Las parábolas son pequeñas comparaciones, tomadas de la vida ordinaria de la sociedad del tiempo de Jesús. Pienso que también en este siglo XXI, podemos entenderlas muy bien y aplicárnoslas a nuestra vida.

Dios siembra y actúa. El día del bautismo se depositó en nosotros la semilla de la fe y de la gracia divina. Cada oración como cada acción buena hecha con intención de agradar a Dios va acrecentando la semilla. No siempre se ve con claridad el crecimiento. Dios sigue actuando con su Hijo y el Espíritu Santo. ¡Cuántas cosas buenas hacemos por los demás! Sonreímos a los vecinos, hablamos a los que nos han ofendido, visitamos a enfermos y ancianos que están más abandonados en nuestros barrios, damos un buen consejo a los que lo necesitan…Son cosas pequeñas, sin duda, que hacen que la gracia de Dios, la fe vayan creciendo, sin darnos cuenta. Cada día podemos estar más cerca del Padre Dios.

Sin duda alguna, la parábola del sembrador nos da a entender como conduce Dios nuestra historia personal y la de los otros hermanos. Si olvidamos el protagonismo y la fuerza intrínseca que tiene la palabra, los sacramentos y la gracia nos pueden pasar dos cosas: si nos va todo bien pensamos que es mérito nuestro y si nos van las cosas mal, nos hundimos. Por ello, podemos considerar delicadeza de Dios este velo que encubre nuestro progreso espiritual. Podemos imaginar lo que ocurriría si notáramos nuestro crecimiento. Estamos expuestos constantemente a la peor de las tentaciones: la de la soberbia que lleva a la autocomplacencia y al desprecio del prójimo. Para eso el Señor nos cubre misericordiosamente los ojos.

El protagonismo lo tiene Dios, por muy mala que nos parezca la situación de la Iglesia o del mundo, la semilla se abrirá y producirá fruto, aunque no sepamos, ni cuando, ni cómo. Hay que esperar como hace el agricultor. Nosotros lo que tenemos que hacer es colaborar con nuestro esfuerzo, para que el Reino de Dios crezca desde dentro, por la energía del Espíritu Santo. Jesús nos lo ha dicho claramente: “sin mí no pueden hacer nada”. ¿Creemos esto de verdad?

La Iglesia comenzó con un pequeño grupo, los apóstoles y algunos más. Ella ha seguido creciendo y creciendo. Jesús lanzó al mundo las semillas y hoy se la sigue lanzando con fe en el Señor que seguirá actuando. Hoy forman parte del Cuerpo de Cristo, la Iglesia, personas de todos los pueblos y culturas. La tarea encomendada a todos los cristianos es inmensa y nos toca a todos los que queremos ser cristianos de verdad. Nos podemos sentir débiles ante un mundo que camina cada vez más por los caminos del relativismo, que es una lacra de la humanidad, la dictadura del relativismo como la llama el papa humilde y valiente, Benedicto XVI. Pero no debemos perder los ánimos, pues Dios sabe lo que hace y lo que permite con la semilla y sigue actuando. Nos apoyaremos en él y en la esperanza que él nos infunde. Sigamos sembrando con la confianza en Dios, como hicieron los apóstoles, a pesar de que uno de los doce, llevado por la fragilidad humana traicionó a Jesús.

Sucre, 14 de junio de 2015.

Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.
Arzobispo emérito de Sucre