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Mons. Jesús Perez: Jesucristo quiere rodearse de colaboradores en la difusión del Reino

En este domingo se proclama el evangelio de Marcos 1,14-20. Este evangelista nos acompañará los domingos de todo el año litúrgico, en este ciclo B, excepto unos cuantos que se intercalará al evangelista Juan.

por Monseñor Jesús Pérez, arzobispo de Sucre

Por otra parte, seguiremos escuchando unos domingos, la primera carta de Pablo a los Corintios, que ya iniciamos el domingo pasado, sin duda, con temas candentes para la comunidad de Corinto, temas interesantes para nuestros días.

Aquí empieza según el evangelista Marcos la misión mesiánica de Jesús. En el Capítulo 10 nos presentará la marcha a Jerusalén, ciudad donde entregará su vida muriendo por la salvación de la humanidad y resucitando para darnos nueva vida.

San Marcos no se preocupa mucho de seguir un orden cronológico, y en medio de un aparente desorden en la narración hay un hilo conductor: Cristo comienza su misión en Galilea. La Palabra de Jesús de Nazaret es bien acogida al principio, pero muy pronto hay un desencanto, al constatar que el Mesías se presenta como pobre y sufriente. ¡Qué difícil nos resulta aceptar la cruz!

Jesús deja los cuarenta días del desierto e inicia su predicación con un mensaje de urgencia: “el tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca”. Jesús hace ver que el tiempo de la espera acabó, ha llegado el momento preciso, algo que todos estaban esperando. Está indicando que este momento ya estaba fijado por Dios. Lo que era una promesa ya se está cumpliendo.

Desde el primer momento de su predicación, Jesucristo quiere rodearse de colaboradores en la difusión del Reino. En el Antiguo Testamento Dios se valió de profetas. Vemos que escogió a Jonás que no fue muy ejemplar en las actitudes como profeta, pero Dios se sirvió de él para manifestar su proyecto de perdón y salvación.

El evangelio nos presenta la llamada de las dos parejas de hermanos –Pedro y Andrés, Santiago y Juan– que “dejaron inmediatamente las redes y lo siguieron”. Dejaron a su padre Zebedeo, en la barca y se marcharon con él”. La llamada es definitiva, y la respuesta también. Hay que tener en cuenta que Jesús no llamó a los escribas, a los doctores de la Ley, ni a los sacerdotes del Templo.
Jesús  dice a estas dos parejas de hermanos, les haré “pescadores de hombres”. Los hará  fieles seguidores, colaboradores en la mismísima misión de Él. No era cuestión de acudir a una escuela y aprender la doctrina de un maestro, sino de estar con él, siguiendo su proyecto de vida. Los cuatro discípulos se encontraron personalmente con Cristo.

Hoy también llama al ministerio de anunciar el evangelio a personas de todas las culturas –la llamada es universal– de diferentes edades, a hombres y mujeres, para que se conviertan en mensajeros de la Buena Noticia, en expresión de Aparecida, para que sean “discípulos misioneros”.
Para llegar al convencimiento de seguir a Jesús  y ser como Él pregoneros del Evangelio se necesita un cambio radical en la mayoría de los cristianos, se nos exige la conversión. Por ello, hoy Jesús nos lo dice: “conviértanse y crean en el evangelio” (Mc 1,15). Esas son las primeras palabras de Jesús cuando inicia su misión. Conversión significa cambio de mentalidad. La conversión es algo muy profundo que hace cambiar la dirección  de la vida.

La conversión pastoral nos exige, hoy y siempre, atender a lo más importante. Las cosas importantes no se pueden dejar para mañana. Hay que hacerlas con prontitud, no admiten retraso. Por ello, decimos “no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”. Cristo dice con claridad: “se ha cumplido el tiempo”, quiere decir: llegó la hora del trabajo, de la decisión de anunciar el Reino de Dios. Manos a la obra.

“La ocasión es como el fierro: hay que machacar en caliente”. Es hora de trabajar decididamente en la evangelización. A veces hay que dejar la televisión, el deporte, para atender a alguien que nos visita.

Los discípulos dejaron sus redes para seguir a Jesús, para estar con Él, para ponerse disponibles a lo que el Señor quería. No siguieron a Jesús para asegurarse una buena pesca, sino que dejaron de reparar las redes y se fueron en su seguimiento. Esta es también la hora de enrolarnos en el trabajo del anuncio de Jesús, el Salvador, como lo más importante. Es el momento de convencernos de que la evangelización toca a todos los bautizados.

Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.
ARZOBISPO DE SUCRE

Sucre, 22 de enero de 2012