Sucre

MONS. JESÚS PÉREZ: EDAFOLOGÍA ESPIRITUAL

Edafología  es la ciencia que estudia las propiedades físicas y químicas del suelo. Hoy vemos a Jesús que en cierta forma hace algo parecido en el plano espiritual, a través de la parábola del sembrador. La parábola del sembrador es, de las pocas parábolas que Jesús explicó.
Durante varios domingos vamos a escuchar una serie de parábolas, como la de hoy en Mateo 13,1-23, están tomadas del ambiente doméstico o de la vida del campo. Este lenguaje era conocido por los oyentes de Jesús y son recursos pedagógicos que Jesús usa para transmitir los mensajes del Reino de Dios.

La parábola de Jesús viene preparada por la primera lectura del profeta Isaías quien invita a la esperanza. Con la comparación de la lluvia que beneficia a la tierra y así le hace producir fruto, afirma que la Palabra de Dios es eficaz y fecunda. La Palabra de Dios cumple siempre su misión: “no vuelve a Dios vacía” (Is 55,11)

Tantas veces hemos escuchado las palabras de Voltaire, que no pocos, lamentablemente dicen: “calumnien que algo siempre queda”. Tendríamos que decir, con mayor razón: “Anuncien la Palabra de Dios que algo quedará”. En no pocas ocasiones oigo expresiones y constato valores cristianos en personas que se llaman irreligiosos, ateos, agnósticos; todo ello es fruto del anuncio o proclamación del evangelio que se va sembrando.

La parábola del sembrador es breve al describir el proceso desde la siembra hasta la cosecha, con el dispar éxito de la semilla que el sembrador siembra en el campo en cuanto a los frutos finales, por culpa del sol, de los espinos, de los pájaros.

Cristo hace la explicación, podíamos decir la homilía, de la parábola, y la aplica al que escucha la Palabra de Dios por parte de los creyentes, y la varias circunstancias y actitudes nuestras que hacen que la Palabra, la cual de por sí es eficaz, produzca más o menos fruto.
No lo dudemos, la Palabra de Dios está llena de vida, lleva en sí misma una fuerza interior natural y puede producir fruto. También mirando la Palabra desde el lado negativo, por muy eficaz y llena de fuerza interior que sea la Palabra, el Diablo nos la roba o le ponemos obstáculos que hace que no produzca frutos.

La semilla como la Palabra no actúan automáticamente. La semilla si cae en el camino, entre piedras o espinos producirá menos que si cae en tierra buena. Y la semilla que cae en terreno previsto va depender el fruto de treinta o sesenta de si la tierra es más o menos abonada o profunda.

Llama mucho la atención el modo de actuar del sembrador. Pareciera que tiene culpa el sembrador al sembrar en esa forma tan dispersa, que fuera un muchacho despreocupado. Había que conocer las costumbres de Palestina en tiempos de Jesús para poder entender esta manera de hacer la siembra. Lo que un occidental puede considerar como poca maña era muy normal en Palestina.
Hoy como entonces Dios sigue sembrando la Palabra de Reino en toda clase de suelo o terreno. Hoy llega el mensaje por el periódico, la radio, la televisión, los libros, a tantos suelos y tan diferentes.

La primera causa para que no llegue a producir fruto la semilla es la dispersión. Las personas comunes se llenan innecesariamente de muchas cosas, están sin tiempo, no tienen capacidad para el silencio o la concentración.

Otra dificultad para que la semilla produzca fruto son las riquezas, la avaricia que vienen a ahogar la planta.
Podríamos señalar otra dificultad con la que se encuentra la semilla de la Palabra, la inconstancia. Mucho entusiasmo, pero se apaga pronto por la incapacidad de perseverar ante los problemas que se presentan.

La parábola del sembrador incluye una advertencia a nosotros, los discípulos de Cristo: la necesidad de la vigilancia. El Diablo nos puede quitar la semilla de la Palabra  de Dios que hemos escuchado, que el Señor ha sembrado en cada uno.
La Palabra de Dios es a la vez don y responsabilidad. La da Dios gratuitamente pero nos exige compromiso. La Palabra no actúa milagrosamente, espera una respuesta y nos deja en libertad de asimilar y hacer que fructifique ¿por qué no hacemos un estudio del terreno o suelo de nuestro corazón?
 

 

Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.
ARZOBISPO DE SUCRE

Domingo, 10 de junio 2011.