Santa Cruz

Homilía de S. E. Julio Cardenal Terrazas, 2011 07 10

Muy amados, queridos hermanos y hermanas y a todos nuestros fieles que en la arquidiócesis y en nuestra patria Bolivia, siguen esta celebración dominical:

Estamos hablando mucho de la palabra que es sembrada por dios, estamos hablando también del terreno en el que debe caer esa palabra. Como enseñanza del Señor parece muy claro todo, está hablando de la muchedumbre y les va hablando de aquello que esa muchedumbre comprende, capta. La semilla sembrada en el camino no va a prosperar, la semilla en los pedregales tampoco, y donde hay zarzas y espinas no logra crecer, la ahogan. Pero hay un terreno, el terreno bueno, bien preparado que hace que la semilla que el sembrador va dando o va dejando, produzca el 100%, el 60% o el 30%. Interesante la reacción de los discípulos frente a esto. El Señor hablaba con parábolas, con comparaciones, para que la gente se pregunte por lo menos qué significa todo esto. Sería la misma pregunta que nos hacemos nosotros, que significa hoy para nosotros esa enseñanza del Señor. Y lo discípulos le dicen por qué les hablas siempre en parábolas. La respuesta del Señor es clara, a ellos se les va a seguir hablando así, pero ustedes van a recibir una explicación mayor, porque ustedes van a ser aquellos promotores del Reino que el Señor quiere construir, este reino que exige una nueva manera de pensar y una manera nueva de actuar.

Y recuerda las palabras de Isaías que nosotros acabamos de escucharla, que hay muchos que miran pero no ven, que hay muchos que hablan pero no entienden nada, sus oídos y su vista andan mal. Más todavía muchos no quieren comprender porque el corazón de esa gente se ha endurecido, ya no entra la palabra de vida. Y les explica los discípulos que la palabra es Él mismo, que el sembrador es el Padre y que evidentemente hay que comprender que mucha gente cuando escucha un bonito sermón dice: “Qué lindo está… que vale la pena realmente ser Cristiano…” pero ante las primeras dificultades se olvida de todo, la Palabra no echa raíces.

El grupo de aquellos que tienen muchas piedras en el corazón y en sus vidas, que desean si que la palabra los cambie, los transforme y escuchamos eso con frecuencia: “Hemos escuchado la palabra, hemos escuchado la meditación, en mi colegio han explicado bien la biblia…” Mucho entusiasmo, pero como no han limpiado el terreno, no han sacado las piedras, no garantizan que esas plantitas crezcan, viene el sol las quema por que no tienen raíz, esos son los entusiastas, lo que aplauden, los que dicen: “Que lindas palabras del Señor…”, los que citan también algunos textos bíblicos para poder tapar su falta de compromiso con la fe, o utilizan las palabras del Señor para hacer crecer ideologías que van en contra del mismo Señor. Esas son las piedras.

Aquellos que tienen mucha espina, ya lo entendemos nosotros, una semilla en medio de espinas no logra desarrollarse, son aquellos dice el Señor que tienen entusiasmo también como los otros, pero que están preocupados de mil cosas, están preocupados de su dinero, están preocupados de su partido, están preocupados de sus cosas materiales y se olvidan de que esta palabra que nos va introduciendo al Reino tiene que ir cambiando nuestras vidas y que no es lo nuestro lo que pensamos y lo que hacemos, lo que construye realmente el Reino de Dios que es capaz de liberar a todos. Y luego habla: “Aquellos que son buen terreno…” dónde la palabra produce, allí está la invitación clara, hay que preparar el terreno, hay que tenerlo listo para que cuando se siembre la Palabra de vida, que es Cristo, realmente nuestra vida se haga toda del Señor y se manifieste con un testimonio claro, se manifieste con acciones claras, coherentes. Ese es el terreno bueno, esta palabra, no volverá al Padre sin producir frutos, quizás el 100% que sería el ideal. Hay muchos hermanos nuestros, aun en nuestros tiempos de tantas dificultades que son capaces de producir el 100% de frutos de justicia, de verdad y de paz.

Hace poco nos ha entusiasmado la Beatificación de Juan Pablo II, ahí está un hombre de nuestro siglo que supo sembrar esta palabra a tiempo y a destiempo en todos los lugares del mundo, ese tipo de coherencia es aquel que deberíamos alcanzar también todos, pero el Señor se conforma también si nuestros frutos llegan apenas a un 60% a 30%, el Señor está feliz, para eso ha venido, para que su palabra no vuelva a El vacía sin haber producido vida, cambio, transformación, justicia y paz para todos.

Va a recordar a su comunidad que hay que mantener la esperanza por encima de todo y por una frase de esperanza de los hijos libres de Dios, allá va la construcción del Reino mis hermanos. Mucho hablamos del Reino de Dios, pero a veces lo confundimos con los pequeños reinitos que se van multiplicando, inventando también en nuestros ambientes. Tiene que ser ese Reino que los haga realmente libres como hijos de Dios y que podamos proclamar con libertad, este mensaje del Señor y lo podamos también llevar a los otros, sembrarlo, convertirnos a nosotros en terreno bueno y al mismo tiempo en semilla buena, semilla capaz de producir vida. Por supuesto que esto no es tan fácil, no lo ha sido en ninguna época y no lo es tampoco hoy, hay demasiadas cosas que se oponen a la germinación de la palabra de Dios, hay demasiados pensamientos que oscurecen el plan de Dios. Nuestros terrenos, tropiezan con las piedras del narcotráfico, como puede producir la palabra fruto allí donde ese pedregal que se ha multiplicado y se sigue multiplicando en nuestro ambiente no permite que florezca la palabra de vida. La droga no es el espacio para liberarnos, es el espacio para embrutecernos, y endurecer el corazón, pero hay más todavía, y tenemos que ser claros en esto, tantos crímenes, tantas muertes violentas, tantos asaltos. El crimen organizado va llegando también a nuestro ambiente, esas son piedras, esas son las espinas que impiden que la verdad y la vida triunfen por encima de la muerte y la mentira.

Tantas cosas que se inventan para distraer, para crear diversiones que solamente nos alejan de la verdad y se inventan toda serie de acontecimientos ilusorios, pasajeros o acontecimientos que nos hacen pasar de la euforia a la melancolía y a la tristeza. Y nuestros jóvenes tienen que vivir allí, allí tiene que forman su espíritu, allí tienen que dejar que la Palabra los envuelva, y los haga capaces de producir los frutos que estamos esperando, ese es el mensaje de hoy mis queridos hermanos. Salió el sembrador hoy a sembrar, la semilla que nos ha traído ¿es eficaz? Tiene que ser eficaz, no puede volverse vacía hacia el Padre, hacia aquel que pronunció esta palabra de vida, tiene que convertirse en pan de vida como decía Isaías en la primera lectura. La buena semilla produce, germina, se saca de ahí el grano y se saca el trigo para el pan, para la vida.

Quizás se habla con mucho optimismo de que el hambre en Bolivia ha retrocedido y puede ser verdad, en parte por lo menos, pero ¿Y el hambre de Dios? ¿El hambre de justicia verdadera auténtica? ¿El hambre del compartir? ¿El hambre de ser respetado como persona humana? El hambre que es buscar la libertad y que no se sienta perseguido por sus propias ideas o por pequeños errores que ha cometido en su vida, pequeños o grandes porque al fin y al cabo nuestro Dios es el que perdona, no el que toma la batuta de aquellos que condenan sin tener fundamentos seguros y destruyendo constantemente la dignidad de la persona humana.

Sale el sembrador a sembrar hoy también y nos pide a nosotros, cristianos creyentes que seamos capaces de preparar los terrenos nuestros personales, y los terrenos y los espacios donde estamos viviendo para que también allí surja toda la vida que el Señor quiere derramar en abundancia para todos. El sembrador es el Padre, la semilla es Cristo, el terreno somos nosotros. ¿Cómo respondemos? ¿Qué hacemos? ¿Cuál es nuestra manera de pensar y de actuar? ¿Cuál es la esperanza que nos anima cuando hay zarzas, cuando hay espinas cuando hay piedras en el camino? Cuál es el tiempo y el esfuerzo que damos a limpiar nuestros propios terrenos para que la palabra de vida no sea sofocada por palabras inútiles, por promesas que no se cumplen, por promesas meramente materiales. Nos toca abrir la conciencia y el corazón a esta dimensión de Dios, que ha querido poner en medio de nosotros su reino, no para que hablemos de Él, sino para que vivamos con Él construyéndolo constantemente con nuestros compromisos.

Parece difícil, felizmente tenemos ejemplos de gente que hoy día sigue aceptando el desafío de la palabra y sigue produciendo frutos y tenemos aquel ejemplo que no podemos olvidar nunca, el ejemplo de nuestra madre la Virgen. Ella fue el terreno ideal para que la palabra de Dios se encarnara en ella, ella produjo el 100% entregándonos esta palabra revestida de nuestra realidad humana, a ella le vamos a pedir que nos guíe a nosotros, que guíe a nuestros pueblos, a nuestra sociedad, a nuestra gente, por caminos de paz, de justicia y de verdad.

Amén.