Análisis

Mons. Jesús Juárez: “Sacerdote, profeta y rey”

Homilía en la Ordenación presbiteral del Trinitario Willy Milton Cruz, en Pitantorilla (Chuquisaca).

¡Que emoción, que sentimientos tiene mi corazón en estos momentos! Es como un volcán de sentimientos difíciles de expresar, pero el primer sentimiento es de gratitud, de acción de gracias al Padre porque nos da el regalo de un nuevo sacerdote. A mí me han enseñado siempre que esto es un regalo de Dios y una expresión del amor que Dios tiene a la Orden Trinitaria y a nuestra iglesia porque en él, en Milton, vamos a encontrar a otro Jesús, el Buen Pastor, el servidor de todos, el que entrega su vida por los demás y sobre todo por estos misterios extraordinarios del sacerdocio de Jesucristo.

Queridos hermanos y hermanas, recordando nuestro Bautismo, en las palabras que acompañaron a la unción con el santo Crisma se nos dijo: tú eres sacerdote, profeta y rey. Entonces, todos participamos de ese sacerdocio conocido en la iglesia como el sacerdocio común de los fieles. Y entonces todos tenemos que convertirnos en un pueblo de servidores, en un pueblo sacerdotal y revivir algo que necesita nuestra iglesia y más en este momento que parece que estamos dormidos: ese espíritu de ser verdaderos profetas. Recordemos esas palabras que leemos en el libro de Joel: Ojalá todo mi pueblo profetizase. Parece que las estamos dejando olvidadas y tenemos circunstancias y vivencias en nuestra vida en que tenemos que alzar nuestra voz para decir dónde verdaderamente se vive el amor de Dios y dónde debemos combatir el egoísmo y la irresponsabilidad.

¡Ánimo, no tengan miedo! A ustedes, querido pueblo de Dios, les corresponde también levantar la voz en estos momentos tan difíciles que estamos viviendo. Que no nos falte la fuerza para defender la vida y el primer derecho de toda persona que es el derecho a nacer, el derecho a vivir. La Palabra de Dios que ha sido proclamada nos ilumina, querido Milton, en la ceremonia que estamos realizando. No perdamos de vista que nosotros somos amados por Dios.

En la lectura de Jeremías escuchamos como desde el vientre de la madre el Señor me amó, me eligió, me predestinó a ser también sacerdote dentro del ministerio sacerdotal ordenado y esto es fundamental. Si somos amados por Dios, ¿cuál tiene que ser nuestra actitud?: amar a los demás. Por eso hemos escuchado que nos elige para ser servidores de este pueblo adquirido con su pasión muerte y resurrección.

Es lo que queremos llevar a la práctica, es decir, una formación integral para ser una iglesia misionera como quiere el papa Francisco: amados, ungidos y enviados. Estas tres palabras que no debemos olvidar: amados por Dios, ungidos por el Espiritu Santo, enviados por Jesús a la Misión. Lo fundamental es que debemos volver a Jesucristo, tenemos que mirar a ese Jesús de Nazaret para anunciar las buenas noticias.