Cochabamba

Mons. Iván Vargas a los nuevos Ministros de la liturgia: “Llenarse de amor con la Eucaristía y de pasión por la Palabra de Dios”

Mons. Iván Vargas, durante su homilía en la Celebración de institución de nuevos Ministros de la Palabra y Extraordinarios de la Comunión, expresó que cada ministro debe hacer vida su ministerio. Los ministros extraordinarios de la Comunión puedan “Eucaristizarse” llenándose del amor de Dios para irradiarlo a los demás. Los ministros de la Palabra vivan y proclamen con pasión y fascinación la Palabra de Dios.

El Obispo Auxiliar agradeció a los laicos que asumen esta misión y compromiso en sus parroquias, y les pidió no desanimarse frente a las dificultades, manteniéndose llenos de Dios; que, en las palabras de Jesús, mantengan la cabeza en alto, con ánimo y servicio a los demás.

Texto completo de la Homilía

Van a ser instituidos ministros de la Palabra y ministros extraordinarios de la comunión. Digo mi complacencia porque, en los quince años que estoy en esta comisión de liturgia, no había visto tanta cantidad de gente que se instituida. Siempre teníamos un número de diez, un número de once. Pero no llegar a lo que ahora son, 47. Entonces, por eso expreso esta complacencia, pero al mismo tiempo también les deseo todo lo mejor, expresarles a ustedes todo nuestro apoyo. Y sientan este apoyo aquí con los sacerdotes que han venido, con los sacerdotes que los están apoyando. La presencia de ellos es la muestra del cariño, pero al mismo tiempo también la presencia de ellos es el deseo de que ustedes hagan un buen servicio en las distintas parroquias donde se van a desenvolver con estos ministerios.

La pandemia no sólo nos ha traído sufrimiento y dolor, también nos trae estos frutos. En este tiempo de pandemia, todos los cursos que hemos ido realizando han sido cursos virtuales, han sido cursos bastante serios, con personas o con los responsables de la formación. El padre Franklin, que ha estado muy de cerca con todos ustedes, un buen sacerdote, muy preparado y muy capaz, que les ha ido instruyendo; como el licenciado, también Juan Carlos López. Entonces personas serias, personas capacitadas que les han ido preparando para llegar a este momento. Agradecerles a estos dos hermanos nuestros, que durante todos estos dos años han estado con ustedes a través de las clases virtuales.

Pero también el ánimo, voy a decir así el ánimo, el impulso de este pequeño grupo que tenemos ahí en los secretarios ejecutivos de la Comisión, a la cabeza de la señora María, como también el René, el Gerardo, el Walter, la Estela que han estado también impulsando y han estado también llevando adelante todo este proyecto y que ahora, con una gran satisfacción, le damos gracias a Dios porque hemos hecho lo que hemos podido y ahora les toca a ustedes. Ahora les toca a ustedes como saliendo, disculpen que lo diga de esta manera, saliendo como unas ovejas del corral para ir a dar testimonio de lo que han aprendido, a dar testimonio de lo que han experimentado, a dar testimonio fundamentalmente de la Palabra de Dios.

Quisiera decirles algo, queridos ministros de la Eucaristía, decirles a ustedes todo ministerio que vayan desenvolviendo, todo ese trabajo ministerial que ustedes vayan desenvolviendo, siempre debe ser identificado con la Eucaristía. Identifíquense con la Eucaristía. Déjense “Eucaristízar”. ¿Qué quiere decir esto? Déjense de “Eucaristizar”, quiere decir que ustedes, hermanos, llénense de amor, como nos dice la segunda lectura de San Pablo a los Tesalonicenses. Esta lectura es tan bella de verdad cuando dice San Pablo: “Que Él les fortalezca sus corazones en la santidad y los haga irreprochables delante de Dios” “irreprochables delante de Dios”. ¿Qué quiere decir irreprochables delante de Dios? Rebalsar de amor. Por los poros de su piel debe salir el amor. Eso es ser irreprochables, esa es la santidad de la que nos habla San Pablo.

Y de eso deben estar ustedes totalmente empapados del Espíritu del amor de Dios. Porque solamente así van a ser capaces de cumplir con fidelidad este ministerio que hoy se les está encomendando. Llénense de amor, porque llenos de amor vamos a trabajar con amor y llenos de amor vamos a ser humildes, llenos de amor vamos a ser sencillos, llenos de amor vamos a tener una paciencia. Llénense del amor de Dios.

Y a ustedes, queridos hermanos ministros de la Palabra, la Palabra para ustedes debe ser una de sus principales y fundamental pasión. Debe ser una pasión para ustedes, la Palabra de Dios. Quién tiene la Palabra de Dios como una pasión lee también, proclama también con pasión. Deben estar apasionados, fascinados por la Palabra de Dios, porque solamente así van a ser capaces cuando lean, cuando proclamen, proclamar con vida, porque la Palabra de Dios no es una palabra muerta. La Palabra de Dios no es una palabra estancada en el armario. La Palabra de Dios es una palabra viva y latente. Por eso, proclamemos la Palabra de Dios con pasión. Ejemplito Ministros de la Palabra. “Por lo demás, hermanos, les rogamos y les exhortamos en el Señor que vivan conforme” ¿Estoy leyendo con vida estoy proclamando con vida? me estoy muriendo, estoy agonizando. No, pero si yo proclamo con vida. “Por lo demás, hermanos, les rogamos y les exhortamos en el Señor Jesús que vivan conforme a lo que han aprendido”. Le doy vida, le doy vida a la Palabra.

Entonces decirles con todo cariño, queridos ministros de la Palabra, la Palabra de Dios debe ser una de sus fundamentales pasiones en su vida. Estar apasionados por esta palabra, estar fascinados por esta palabra.

Queridos hermanos, quiero pedir a Dios por cada uno de ustedes en esta tarde. Que este ministerio que están recibiendo lo reciban con amor. Es un servicio que ustedes van a prestar, que no es remunerado, no es remunerado. No hay un bono pro ministerio. No, no hay un bono de la comunión. No hay un bono de la palabra. Ustedes, por libre voluntad, por amor a Dios, por amor a su Iglesia, han decidido libre y voluntariamente prestar este servicio a la comunidad. Los ministerios son servicios, son oficios que la Iglesia necesita y con la bendición de Dios tenemos gente como ustedes, con esa disponibilidad, con ese amor a Dios y con ese amor a la Iglesia que viene a prestar este servicio. Y qué bello de verdad cuando lo saben tomar en serio, cuando lo toman en serio, de que primero hay que prepararnos para hacer un buen trabajo.

Evidentemente hay que reconocer que para ustedes este ministerio, desempeñar este ministerio, no va a ser fácil. Van a tener muchas críticas en sus comunidades parroquiales, inclusive, discúlpenme, algunas ministras de la comunión se van a sentir ofendidas cuando hay gente que se acerca y no quieres recibir la comunión de una mujer. Uno se siente mal porque hay gente que todavía no ha entendido qué son los ministerios, que son los servicios.

Pero yo quiero decirles que frente a realidades como dice hoy este Evangelio, frente a esas experiencias que van a tener en su servicio, decirles a ustedes tengan ánimo. Nos dice Jesús, Tengan ánimo, levanten la cabeza. ¡Tengan ánimo! No se desanimen.

Quizás tendrán otras dificultades más al interior de la parroquia. Porque no sólo ustedes son el centro de la crítica, de la calumnia o la difamación. También nosotros como sacerdotes, somos ese centro de críticas, de calumnias y difamaciones. ¡Pero tengan ánimo, levántense! Levanten la cabeza. Este llamado de Jesús que nos dice Llénense del Espíritu, porque el Espíritu es el que nos da la fuerza para salir adelante. Llénense del Espíritu de Dios, porque el Espíritu es capaz de fortalecernos en esos momentos de desánimo. Quien no tiene el espíritu con mucha facilidad se desanima y abandona su ministerio; pero quien tiene el Espíritu agradece a Dios por las críticas recibidas, para mejorar, para dar un paso más adelante.

Entonces, queridos ministros, que Dios los bendiga. No es un trabajo fácil, no es un trabajo fácil, es un trabajo que va a tener muchas dificultades, empezando desde el mismo párroco, van a tener dificultades. Pero acuérdense siempre de esta expresión de Jesús que nos dice. No se desanimen, tengan la cabeza siempre en alto. Que Dios les bendiga, que los acompañe. Que Dios les dé la fuerza para seguir adelante en este nuevo trabajo que desde hoy están iniciando. Amén.

Fuente: Iglesia de Cochabamba