La Paz

Mons. Giambatista Diquattro: Nuestro cuerpo está destinado a ser reconstruido conforme al mandato de Dios

El Señor Nuncio Apostólico de Su Santidad, presidió, ayer, la Santa Misa en el Monasterio de Jesús Crucificado de las Madres Franciscanas Concepcionistas La Paz. En la homilía recordó el destino de nuestra mortalidad, llegando a la resurrección y banquete celestial.

Texto completo de la homilía

La primera lectura nos comunica la gran alegría del Pueblo de Israel por motivo de la construcción y de la dedicación del Templo. La construcción se efectúa conforme a los mandatos de Dios. El acontecimiento es así trascendental que el libro de Esdras evoca exactamente el día del cumplimiento de la obra. El mismo texto subraya el inmenso gozo de todo el pueblo, el cual celebra con un extraordinario sacrificio de expiación la dedicación del templo.

Hoy celebramos la Santa Misa en sufragio de Madre Isabel y esta lectura nos invita a considerar la reconstrucción de otro templo que es nuestro cuerpo, templo del Espíritu Santo y piedra de aquel templo que es la Iglesia. Nuestro cuerpo está destinado a ser reconstruido conforme al mandato de Dios. El salmo responsorial medita sobre este mandato de Dios: el principal mandato es celebrar el nombre del Señor. El templo de Jerusalén es el lugar en el cual se celebra el nombre del Señor, así mismo celebramos también en nuestro cuerpo el nombre del Señor. Celebramos con nuestro cuerpo y sabemos que esta celebración no terminará. El Pueblo de Israel celebra el nombre del Señor con el sacrificio de cien toros, doscientos carneros, cuatrocientos corderos, etc., el nuevo Pueblo de Israel celebra el nombre del Señor con el sacrificio de Cristo.

El primer sacrificio tiene un efecto limitado, en cambio, el sacrificio de Nuestro Señor Jesucristo tiene efecto eterno, el sacrificio de toros y corderos es expiatorio por el Pueblo de Israel, mientras que el sacrificio del Cordero de Dios es expiatorio para toda la humanidad desde siempre y para siempre. El primer sacrificio explicita la alegría de Israel por la reconstrucción realizada, el segundo sacrificio es la expresión perfecta de la misericordia de Dios que desemboca en la alegría de la Pascua.

Si la primera reconstrucción desborda en una alegría que vive todo el pueblo, sabemos que la reconstrucción de nuestro cuerpo en la resurrección final será gozo cósmico porque todo el cosmos se alegrará de la manifestación de los hijos de Dios.

Queridas hermanas, el Evangelio nos hace reflexionar sobre el hecho, de que María Santísima, nuestra Madre ha subido con cuerpo incorrupto al cielo, primicia del destino que nos espera y de la alegría que será la definitiva resurrección de entre los muertos, cuando Dios será todo en todos y el gozo será así de extraordinario que todos los santos y los ángeles nunca terminaremos de alabar al Señor Dios eterno con nuestra alma y con nuestro cuerpo.