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Mons. Flock: “Sepan discernir lo que agrada al Señor”

En este Cuarto Domingo de Cuaresma, Mons. Robert Flock, obispo de la Diócesis de San Ignacio de Velasco, en su homilía nos dice: “Sepan discernir lo que agrada al Señor”, haciendo referencia a la despenalización del aborto que se viene tratando en nuestro país.

A continuación la himilía completa de Mons. Flock:

Queridos hermanos,

Hay un canto popular del artista Sebastián Yatra que se llama “Traicionera”, que es un especie de acusación por estar “buscando al que se enamora para hacerlo sufrir”. El refrán dice:

Traicionera, no me importa lo que tú me quieras
Mentirosa, solo quieres que de amor me muera
Traicionera, en mi vida fuiste pasajera
Mentirosa, no me importa que de amor te mueras

Hace falta una estrofa de este canto para quienes promuevan y practican el aborto provocado. Porque quienes destruyan la vida que engendran comprueban la falsedad de su amor y se muestran traicioneros y mentirosos. Sus besos son los de Judas. Sin vergüenza, no te importa la persona que haces morir.

Como ustedes saben, se debate en el parlamento de Bolivia el proyecto código del sistema penal, y la Iglesia lo ha observado porque esta ley busca crear tantas excepciones para practicar el aborto provocado que a la protección constitucional de la vida de los no nacidos queda totalmente anulada.

Teniendo en mente la realidad del aborto provocado en Bolivia, y la cultura de promiscuidad sexual que está por detrás, escuchemos de nuevo la exhortación que hace San Pablo en nuestra segunda lectura:

“Sepan discernir lo que agrada al Señor, y no participen de las obras estériles de las tinieblas; al contrario, pónganlas en evidencia. Quizás no hay mejor ejemplo de las obras estériles de las tinieblas que el aborto provocado, que de ninguna manera representa lo que agrada al Señor.

“Sepan discernir lo que agrada al Señor, y no participen de las obras estériles de las tinieblas.” Era para eso que Jesús pasó 40 días en el desierto, para discernir la voluntad de Dios Padre. Es para eso que nosotros tenemos este tiempo de Cuaresma, para discernir lo que agrada al Señor y comprometernos a cumplir su santa voluntad. Es algo especialmente importante para gobernantes, legisladores y jueces, porque sus decisiones nos afectan a todos y guían el comportamiento de todo el pueblo. Lamentablemente cuando se debate las leyes, lo que menos interesa es lo que agrada al Señor, y se va legalizando las obras estériles de las tinieblas con eufemismos de lucha contra la pobreza, derechos sexuales y reproductivos y ley contra la violencia.

San Pablo reflexiona que “resulta vergonzoso aun mencionar las cosas que se hace ocultamente. Pero cuando se las pone de manifiesto, aparecen iluminadas por la luz, porque todo lo que se pone de manifiesto es luz.

Precisamente por eso, como Iglesia y como cristianos, denunciamos los proyectos de ley y las maniobras políticas que se inspiran en las tinieblas. Al mismo tiempo tenemos la luz de Cristo y del Evangelio. “Antes, ustedes eran tinieblas, pero ahora son luz en el Señor. Vivan como hijos de la luz. Ahora bien, el fruto de la luz es la bondad, la justicia y la verdad.”

Precisamente en este tema de la dignidad de la vida humana, a partir de la concepción y no como concibe el proyecto de ley penal a las 8 semanas, Dios nos ofrece una luz especial para quitar cualquier duda y hacer prevalecer “la bondad, la justicia y la verdad”. Porque Dios mismo se encarnó en el seno de la Virgen María, haciéndose a sí mismo hombre, a partir de su Concepción por obra y gracia del Espíritu Santo. Dios no se hizo hombre recién a las ocho semanas, o tres meses o al nacer, sino desde el momento de esta milagrosa concepción, para mostrarnos así la dignidad y valor de cada ser humano a partir de este momento. Quien no lo quiere ver, es un ciego como aquellos fariseos en el Evangelio de hoy que no querían ver en Jesús al Hijo de Dios.

Mientras el ciego de nacimiento pudo ver que Jesús era un profeta y mucho más, hasta decir: “Creo, Señor” postrándose ante él, como ante Dios mismo, los fariseos optaron por permanecer ciegos y procurar su destrucción. Lo mismo sucede con quienes optan por ser ciegos ante la verdad de los no nacidos, negando su humanidad, para que sea más fácil echarlo a la basura.

De manera similar, en la primera lectura, con la elección de David, nos indica que: “Dios no mira como mira el hombre; porque el hombre ve las apariencias, pero Dios ve el corazón”. Dios conoce y ve el corazón y alma de cada ser humano, desde su concepción y por toda la eternidad, ya que él mismo nos ha creado en su imagen y semejanza. Él nos ve a nosotros mismos ahora mismo en lo más profundo de nuestro ser.

Cada uno Podemos preguntarnos: ¿Qué ve Dios en mí que no veo yo mismo, o que no quiero ver yo mismo? De repente lo que ve, no es solamente las debilidades y confusiones, sino también lo que le motiva hacer todo lo posible para nuestra salvación. Seguramente, si Dios nos permite la gracia de ver lo que nuestro Creador valora, lo que nuestro Redentor ama, el alma donde el Santo Espíritu se digne habitar, nosotros vamos a cuidar de nosotros mismos y a los demás, porque veremos que aún con los defectos del pecado, nuestra alma proclama la grandeza del Señor.

Entonces, hermanos, sepamos discernir lo que agrada al Señor y Vivamos como hijos de la luz, dando frutos de bondad, justicia y verdad.