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Mons. Flock: Reconocer y vencer las tentaciones

Reconocer y vencer las tentaciones, este es el llamado que hace el Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Cochabamba, en su homilía del Primer Domingo de Cuaresma.

Queridos Hermanos,

Nuestro Señor Jesucristo dedicó cuarenta días y noches en el desierto a la oración, al ayuno y a la lucha contra los engaños de Satanás, estando en juego su misión como Hijo de Dios. Rechazó las tentaciones de convertir piedras en pan, de tirarse del alero del templo, y de gozar del poder y la gloria de las naciones. A primera vista, estas tentaciones no parecen ser pecados, sino la búsqueda de su propio bien y de situarse para ayudar a los demás. Sin embargo, equivalen a arrodillarse frente a Satanás, como lamentablemente hacemos a veces, sin darnos cuenta.

La primera tentación consiste en la autosuficiencia, que niega la providencia de Dios. Es similar al pecado de Adán y Eva. La oferta de Satanás de es el conocimiento del bien y del mal para ser como dioses. Significa ya no dejarse guiar por su Creador; ser autosuficientes determinando su propio destino y su propia salvación. Pero cuando la humanidad busca su felicidad y su bienestar sin Dios, quien nos regaló la vida y nos ofrece la vida eterna, significa elegir la muerte. Para Jesús en el desierto, cambiar piedra en pan significa dejarse guiar solo por su hambre, y no por la Palabra de Dios.

Cuando nosotros buscamos solucionar nuestros problemas y satisfacer nuestros apetitos, sea como individuos o como pueblo, ¿nos dejamos guiar por la Palabra de Dios, o solamente consideraciones mundanas? Es cierto que muchos de los valores de nuestras culturas han sido cultivados por el cristianismo, pero hay también un sinfín de influencias y factores anticristianos que nos afectan. Por eso, necesitamos discernir la voluntad de Dios de manera consciente, buscando la luz de su Palabra y la guía de su Espíritu Santo en todo lo que hacemos. Por eso Jesús enseña a sus discípulos a rezar primero al Padre nuestro: “Hágase tu voluntad” y después “Danos hoy nuestro pan de cada día”, y nos invita en este tiempo de Cuaresma a seguirle como Camino seguro.

La segunda tentación fue desenmascarada por Jesús como un intento de probar o manipular a Dios Padre. Satanás trata de confundirlo con la viveza de citar el Salmo 91, que promete la protección divina al que vive bajo el amparo del Altísimo. Es como decir: “Creo, Señor, pero aumenta mi fe”, dándome una prueba; yo salto sin paracaídas estos 90 metros del alera del templo a la vista de todos, y que no me pase nada. Jesús percibe la falsedad y reconoce que exigirle pruebas no es confiar en su Padre celestial.

Cuando el Señor nos pide alguna conversión para servirle con entrega y hasta sacrificio, quizás enfrentemos semejante tentación, de pedir a Dios que nos dé pruebas o mejor que nos solucione todo sin que tengamos que convertirnos, cumplir su voluntad, e imitar su bondad. Por eso Jesús nos enseña a rezar: “No nos dejes caer en la tentación”, y nos invita en este tiempo de Cuaresma a ser sus discípulos para conocer la Verdad que nos libera del mal.

Para la tercera tentación el diablo “le hizo ver todos los reinos del mundo con todo su esplendor”, pidiendo a Jesús que se postre parar adorarlo, lo que por supuesto, no lo hace. “Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto”. Al salir del desierto, Jesús proclama el Reino de Dios, y nos pide conversión.

En nuestro mundo, hay mucha competición y pelea para el poder y el esplendor de este mundo, sea en la política, en la economía, o en la sociedad. Cuando el poder y la fama es para imponer la propia visión e instrumentalizar a los demás, y no para servirles, entonces es arrodillares a Satanás y adorar a él. Semejantes reinos no son de Dios y pronto o tarde se convierten en corrupción, injusticia y hasta tiranía para mantenerse en la gloria y el poder. Por esto Jesús nos enseña a rezar: “Líbranos del mal” y nos invita en este tiempo de Cuaresma a ser sus discípulos para gozar de la vida en abundancia.

Al rechazar las tentaciones del enemigo, Jesús optó por la voluntad del Padre y abrazó la cruz, que meditamos en este tiempo de Cuaresma. Que seamos sus discípulos, capaces de reconocer el engaño, de rechazar las tentaciones, y de encontrar en Jesús el camino, la verdad y la vida. Para esto dediquemos estos cuarenta días y cuarenta noches de Cuaresma.

Mons. Robert Flock
OBISPO AUXILIAR DE LA ARQUIDIÓCESIS DE COCHABAMBA