Cochabamba

Mons. Flock: No imitemos la violencia que condenamos

Mons. Robert Flock, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Cochabamba se refirió durante su homilía dominical a la situación que se vive en el país por los constantes atentados que sufre la vida de las personas, en los linchamientos y también se refirió a los hechos sucitados en Apolo, pidió no imitar la violencia.

Homilía de mons. Flock, 27/10/ 13

Estimados hermanos,
Esta semana estoy celebrando confirmaciones con lecturas especiales. Sin embargo, comparto algunas reflexiones para que la Palabra de Dios de este domingo pueda iluminar lo que estamos viviendo.

El país se ha consternado estos días por la emboscada de Apolo, donde policías y un médico fueron emboscados, torturados y asesinados, al cumplir su tarea en al erradicación de cocales ilegales. En otro pueblo, un policía fue arrestado por supuestamente haber protagonizar un linchamiento en Ivirgarzama, después de sufrir el robo de una motocicleta. Es uno de 8 linchamientos en la zona, en que también fue torturado, quemado con gasolina y amarado a un “palo santo” para que sus hormigas venenosas acaben con la vida del supuesto ladrón.

•    ¿Qué sucede en el corazón y alma de quienes cometen semejante violencia?
•    ¿Cómo se entienden a si mismos delante del Señor?
•    ¿Cómo ilumina estos hechos la Palabra de Dios?

Seguramente aquellos cocaleros ven solamente la amenaza a su economía. Pero sin duda saben que su producto forma parte del narcotráfico. Seguramente los protagonistas de linchamientos sienten frustrados por la impunidad de ladrones, sin darse cuenta que su crimen es mucho mayor. Pero sin duda saben que no puede devolver la vida de quienes matan.

¿Será que ven a las vidas destruidas por la drogadicción? ¿Será que ven la maldad protagonizado por los narcotraficantes a quienes el Beato Papa Juan Pablo II calificó de mercaderes de la muerte?  ¿Será que perciben la destrucción de su propia alma, al endurecerse frente a Dios, quien dice “no matarás”?

Qué fácil es ver la justicia en términos de blanco y negro, de bueno y malo, y de creerse la única víctima, y de confundir la propia maldad con justicia, de no ver lo que Dios ve en todos sus hijos.

Es interesante que en un estudio  reciénte sobre el trabajo de 160 jueces en Cochabamba solamente 19 fueran calificados de transparentes.
La Palabra de Dios este domingo nos dice que “Dios es juez y no hace distinción de personas” (1ª Lectura).Y “cuando los justos claman, el Señor los escucha” (Salmo).

Pero, ¿quién es realmente justo para clamar al Señor?

Jesús, en el Evangelio, cuenta la parábola del fariseo que se cree bueno en comparación con el publicano: “Te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustas y adúlteros…” Pero el justificado delante de Dios resulta ser el publicano que se confiesa: “Dios mío, ten piedad de mi, que soy un pecador.”

¿Quién es justo para clamar al Señor?

Es, pues, el Justo Juez, que siendo el único inocente fue condenado a la muerte más cruel en la cruz, y allí clamó al Señor: “¡Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen!”.

Quizás si fuésemos serios como discípulos de Jesucristo, podríamos lograr una mejor justicia, en la que no imitemos la violencia que condenamos, sino al Dios que quiere librarnos de todas nuestras angustias.