Cochabamba

Mons. Flock: “Jesucristo es el verdadero Pan bajado del cielo, porque genera un proceso de cambio”

Mons. Robert Flock, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Cochabamba, presidió la eucaristía dominical en la Catedral Metropolitana de San Sebastián, oportunidad en la que también entregó la Cruz Misional a la Parroquia de San Ildefonso d Quillacollo.

Durante su homilía remarcó las palabras del Papa Francisco en su visita a Bolivia, particularmente en el encuentro con los movimientos populares. Presentó la necesidad del pueblo de tener un verdadero alimento, que muestra el evangelio del domingo.

Texto completo de la homilía.

“Yo soy el pan de Vida”

Queridos hermanos.

En el Encuentro de Movimientos Populares en Santa Cruz el Papa Francisco dijo:

“Aquí en Bolivia he escuchado una frase que me gusta mucho: “proceso de cambio”: el cambio concebido no como algo que un día llegará porque se impuso tal o cual opción política o porque se instauró tal o cual estructura social. Dolorosamente sabemos que un cambio de estructuras que no viene acompañado de una sincera conversión de las actitudes y del corazón termina a la larga o a la corta por burocratizarse, corromperse y sucumbir. Hay que cambiar el corazón. Por eso me gusta tanto la imagen del proceso, los procesos, donde la pasión por sembrar, por regar serenamente lo que otros verán florecer, remplaza la ansiedad por ocupar todos los espacios de poder disponibles y ver resultados inmediatos. La opción es por generar procesos y no por ocupar espacios.”

Si miramos al conflicto de la Universidad Mayor San Simón a la luz de estas palabras, ¿a qué juicio llegamos? ¿Se trata de promover procesos? ¿O de ocupar espacios? ¿Se quiere generar procesos de cambio? ¿O de imponer opciones políticas? La violencia que hemos presenciado con dinamita y palos, con fuego y destrucción, y con un mal empleo de las fuerzas policiales, indica que se trata de ocupar espacios de poder y no de generar procesos de verdadero cambio.

Lamentablemente, el gran ausente en este conflicto es el Apóstol y Mártir cuyo nombre identifica a esta casa de estudios superiores para nuestra juventud. San Simón, en el grupo de los Doce, llevaba el apodo de “El Zelote”. Se trata de un grupo político religioso en los tiempos de Jesús que andaba armada con grandes cuchillos (sicarios) con la intención de aprovechar cualquier oportunidad de atacar a los soldados romanos. Jesús lo asoció con el proyecto del Reino de Dios, lo que significaba abandonar su ideología violenta, convertirse de corazón y aprender un camino de reconciliación y solidaridad como discípulo misionero de Jesús. Esta misma conversión hace mucha falta en este y otros conflictos de nuestro pueblo, como también de hacerle caso al Papa Francisco para generar procesos de cambio en vez de pelear para ocupar espacios de poder.

En el Evangelio que escuchamos hoy, el Señor observó la actitud de quienes lo buscaban después del milagro de la multiplicación de los panes:

“Les aseguro que ustedes me buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse. Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna.”

Es similar al mensaje del Papa que pide un proceso de cambios en lugar de ocupar espacios. Jesús pide que hagamos un esfuerzo para generar un proceso de cambio que tenga repercusiones eternas, y no perecederos como son los gobiernos de turno, sea en la nación como en la Universidad.

Jesús sabe que el pueblo necesita alimentarse bien. Que necesita el pan de cada día, como también alimentación y capacitación para construir una vida digna como ha de proveer la universidad. Esto requiere un proceso de cambio más profundo y más largo, donde quizás otro cosecha lo que uno siembra.

Pues, los Israelitas liberados de la esclavitud laboral del Faraón, necesitaba cuarenta años en el desierto para deshacerse de las ideologías faraónicas.

“¡Ojalá el Señor nos hubiera hecho morir en Egipto! ¿Porque ustedes nos han traído a este desierto?” Sus protestas y actitudes revelan que no era suficiente acabar con su cautiverio. Hacía falta una nueva mentalidad, un nuevo corazón. Los Diez Mandamientos representaban esto, especialmente los primeros tres. No tener a un Dios como de sus opresores y no falsificar al Dios que los libró. Santificar el Día del Señor en vez de trabajar siete días como esclavo.

Por eso, se consideraba las enseñanzas de Moisés como Pan bajado del Cielo. Generó un proceso de cambio profundo. Y sin embargo, Jesús aclara que “No fue Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo.”

Jesucristo es el verdadero Pan bajado del cielo, porque genera un proceso de cambio en el interior del ser humano y en todas sus instituciones y en todas sus convivencias. Un proceso que permanece hasta la vida eterna.

Es el proceso que transformó a Simón el Zelote en San Simón el Apóstol y Mártir. Es el proceso que motiva una infinidad de obras de solidaridad y desarrollo para con los descartados de este mundo. Es el proceso de cambio que describe San Pablo en nuestra segunda lectura:

“De Jesucristo aprendieron que es preciso renunciar a la vida que llevaban, despojándose del hombre viejo, que se va corrompiendo por la seducción de la concupiscencia, para renovarse en lo más íntimo de su espíritu y revestirse del hombre nuevo, creado a imagen de Dios en la justicia y en la verdadera santidad.”

“Señor, danos siempre de ese pan”