La Paz

Mons. Fernando Bascopé: Hermanos, no perdamos la esperanza

Este domingo 28 de noviembre, la Iglesia celebra el Primer Domingo de Adviento, un tiempo de preparación para la Navidad, el nacimiento del Niño Jesús. En su homilía Mons. Fernando Bascopé, Obispo Castrense de Bolivia, reflexiona sobre las lecturas y afirma que a pesar de las situaciones difíciles que a traviesa el mundo, la oscuridad, la angustia, y las cadenas que nos oprimen, los creyentes no deben perder la esperanza: “Esperemos al Señor en oración, invocando ¡Ven Señor, Jesús!”, alienta.

Desde la Basílica menor de San Francisco en la ciudad de La Paz, el Obispo enseña que, el tiempo de Adviento también espera la segunda venida de Jesús y que a pesar de las situaciones de crisis que se viven, la promesa de Dios nos llena de esperanza, “es el tronco Jesé de la Casa de David que germina silenciosamente trayendo la novedad de Dios: Cristo Jesús, el salvador”.

Haré brotar para David un GERMEN Justo” Jr. 33, 15

Introducción: Adviento.

Es el tiempo de preparación  para celebrar la Navidad, el nacimiento del Niño Jesús, el Hijo de Dios. Pero mientras celebramos su nacimiento también  Adviento  nos  hace esperar  su segunda venida gloriosa.

1. Las señales

La Palabra de Dios describe una situación difícil: “Habrá señales en el sol, toda esta descripción  con éste lenguaje, angustia de la gente, estruendo del mar y de las olas, pintan una realidad sombría, tenebrosa.

Esta oscuridad  tiene una dimensión cósmica  y quiere enseñarnos a los creyentes un mensaje para estar preparados: Estad preparados, en vela, Lc 21, 36.

Pero también es una situación que tiene como autor la mano del hombre que se aleja de Dios, por eso la situación de angustia, de temor y miedo. No podemos negar que nosotros seguimos viviendo  prisioneros también de situaciones difíciles.

2. La profecía.

La Palabra de Dios entra e irrumpe con su acción esta situación difícil. Los creyentes escuchan con atención: “Entonces verán al Hijo del Hombre venir sobre las nubes del cielo” Lc 21, 27. La realidad tan oscura para nosotros no termina en tragedia. El miedo terminará, la angustia  será superada. Pero, nos preguntamos, ¿Quién rompe esté círculo? ¿Quién entra y rompe las cadenas que nos oprimen? La respuesta es  muy simple: Dios. La Profecía, la Palabra de Dios anunciada tiene poder de abrir al hombre a la esperanza: Dios promete dar una respuesta a la crisis, a la situación de angustia que vive el creyente. La historia del hombre parte como aquella experiencia de   Lady Macbeth: “La vida es un cuento contado por un idiota, lleno de ruidos que no tiene sentido” W. Shakespeare. Macbeth, Acto 5, escena 5.

3. Promesa de Dios

“Haré brotar para David un GERMEN Justo” Jr. 33, 15, dice una antigua profecía que Dios promete a su Pueblo creyente.

Es la profecía de Natán a David 2 Sam 7, 8-16. El Profeta, hombre de Dios  anuncia al Rey David una realidad nueva; nos es la obra del hombre quien cambiará la historia. Israel no puede ser cómo los otros pueblos, que tienen un territorio, un reino, que trabajan por el progreso y mejorar su vida en la tierra. La raíz histórica  de la espera mesiánica que atribuye al rey davídico la tarea de conducir la historia a su cumplimiento, con la ayuda de Dios, es llamada promesa davídica referida a 2 Sm 7, 8-16. El profeta Natán anuncia al rey David la voluntad de Dios: “Así dice el Señor… estableceré después de ti un descendiente tuyo, un hijo de tus entrañas… su reino durará para siempre”.   Así anuncia el Profeta Is.11, 1: “Dará un vástago el tronco de Jesé, un retoño de sus raíces brotará”

En  el Evangelio de san Lucas el ángel de la anunciación presenta a Jesús con estas expresiones: “Será grande y será llamado Hijo del  Altísimo… y su reino durará para siempre” Lc 1, 32. 33. Jesucristo es presentado con los rasgos de un personaje real, hijo de David e hijo de Dios. Esta calificación remite a una línea mesiánica del AT que ve en la figura del rey al mediador Jesús y que en él se realiza la Promesa. Lo que anuncia el ángel realiza la llamada “promesa mesiánica”. Es la promesa que en el adviento nos llena de esperanza.

Es el tronco Jesé de la Casa de David que germina silenciosamente trayendo la novedad de Dios: Cristo Jesús, el salvador.

Conclusión. Hermanos no perdamos la esperanza. En medio de las tribulaciones el Evangelio san Lc 21 anuncia: “Entonces se verá al Hijo del hombre venir con gran poder y gloria v.27”. “Levanten la cabeza, está por llegarles la liberación”, v 28.

Esperemos al Señor en oración, invocando ¡Ven Señor, Jesús!

Fuente: Iglesia Viva