La Paz

Mons. Eugenio Scarpellini: Ustedes, los laicos, deben dejar de sentirse testigos pasivos de la fe

La mañana de hoy, en la basílica de San Francisco, Mons. Eugenio Scarpellini, obispo de El Alto presidió la eucaristía del III Domingo del tiempo Pacual.

En la homilía remarcó la jornada de la Infancia Misionera, en relación a ello pidió que se busquen acciones para la educación de los niños en la fe y no solamente en lo intelectual y corporal.

También se refirió a la labor de los laicos como evangelizadores a partir de los pastores, y no en espera de los pastores, dandoles toda la responsabilidad.

TEXTO DE LA HOMILÍA (Alertas CEB)

III DOMINGO DE PASCUA

JORNADA MUNDIAL DE LA INFANCIA MISIONERA

Ustedes son testigos de todo esto. La liturgia de la Palabra termina con esta afirmación: “Ustedes son testigos de todo esto”. Es una consigna que Jesús hace a sus discípulos y a cada unió de nosotros. Debemos recordar que los discípulos vivían todavía ocultos por miedo a ser reconocidos como seguidores de Jesús por parte de los judíos; Y Jesús les pide que salgan al descubierto para testimoniar que el Maestro ha resucitado y predicar a todos los pueblos la conversión y el perdón.

La liturgia de hoy nos plantea dos actitudes presentes en la historia de Dios

– por un lado Dios manifiesta una profunda comunión con su Hijo Jesús: lo reconoce, lo manifiesta, se complace en Él, le confía su misión, lo glorifica frente a la humanidad.

– por otro lado, la humanidad lo rechaza, no escucha su palabra, lo juzga, lo entrega a los malhechores y lo manda morir en la cruz.

Por un lado el camino de la muerte y del pecado, por el otro el camino de la vida y de la Asombra que el camino de la gloria y de la vida pasa a través el sufrimiento y de la muerte. Pero en el momento de la entrega de Jesús a la muerte en la cruz se realiza la gloria, la victoria de la vida sobre la muerte, de la gracia sobre el pecado.

Jesús pide a sus discípulos salir al frente para anunciar que ha resucitado, que una nueva historia ha empezado con su resurrección invitando a la gente a la conversión para entrar a ser parte del Reino del Padre.

Ustedes son testigos de esto:

Parecería poco probable o por lo menos poco aconsejable para los primeros apóstoles, pero es algo que vemos realizado por Pedro en la primera lectura: con mucha claridad encara a los judíos “Ustedes han matado al autor de la vida, pero Dios lo ha resucitado de los muertos y nosotros somos testigos de todo eso”.

Los apóstoles asumen con valentía la misión de testigos del resucitado; compromiso que los llevará al martirio y producirá muchos frutos, llegando a todos los pueblos de la tierra porque acompañados por el Espíritu Santo.

El mismo Espíritu acompaña e impulsa este testimonio en la Iglesia de hoy: los pastores, sucesores de los apóstoles, impulsan y acompañan con celo apostólico laautenticidad de este anuncio. Es su tarea y misión específica; a ellos debemos mirar y con ellos debemos estar en comunión. Pero la misión de testimoniar al resucitado nos es solo de los pastores, involucra a todos, a cada uno de ustedes, a los laicos.

Es tarea de cada bautizado ser testigos de Cristo resucitado. En virtud del bautismo están constituidos profetas, es decir, anunciadores de la Buena Nueva de Jesús con su palabra, con su actitud y con sus obras en el mundo. A estas palabras hay que dar un sentido nuevo y más profundo: ustedes, los laicos, deben dejar de sentirse testigos pasivos de la fe, deben convertirse en testigos activos, creativos. Es decir, no pueden conformarse con solo repetir las palabras de sus pastores. Deben apropiarse de la Palabra de Dios que escuchan en la Asamblea dominical, interpretarla y comprenderla a la luz del Espíritu que está en ustedes.

Es decir, es fundamental hacer la experiencia viva de Jesús, vivir el encuentro personal con Él; no podemos hablar solo porque hemos escuchado o estudiado algo de Jesús.

El testigo es creíble solo cuando habla de lo que ha visto y oído, de lo que está viviendo en su vida. Yo puedo testimoniar a Cristo resucitado y vivo, solo si ha resucitado en mi, “Ustedes son testigos de todo esto”. Si vive verdaderamente en mi. Cuando experimento su presencia en mi vida, su consuelo y fuerza en las dificultades, cuando me hace abrir a mis hermanos, cuando me hace capaz de perdonar, es entonces que descubro que Él ha resucitado y estoy presto a testimoniarlo a los demás.

Este compromiso exige la coherencia de vida para que tenga autoridad: el mundo de hoy necesita de testigos auténticos, verdaderos y comprometidos, que transmitan la experiencia de su encuentro con Jesús y la conversión que este encuentro ha provocado en su vida: “lo que hemos visto y tocado… se lo anunciamos a ustedes” (cfr 1Jn 1,1-4).

Si miramos la vida de Jesús con sus discípulos, vemos como “El comía con ellos, les explicaba las escrituras, entra en sus casas, los hace descansar, visita los amigos en los momentos de dolor, como las hermanas de Lazaro, socorre a sus amigos en la La Palabra de Dios debe llenar los espacios y los tiempos de la vida diaria: la vida de la familia, de la escuela, del trabajo, de las relaciones humanas. Y no podemos escudarnos tras la escusa que vivir el evangelio es difícil, que no se cómo hablar de Jesús a mis hijos, que nos resulta difícil perdonar de verdad, que ser solidario y generoso es cosa de otros tiempos y no de este mundo violento y egoísta.

El en Evangelio hemos escuchado que mientras “los Apóstoles hablaban de estas cosas, Jesús se apareció en medio de ellos… les abrí la inteligencia para que comprendieran las escrituras”. También hoy Jesús no nos deja solos, nos acompaña y nos enseña cómo hablar de Él, con su Espíritu sabrá conducir nuestra mente, nuestros labios y nuestros gestos para que podamos hablar con sencillez al corazón de nuestros hermanos. Permitamos que las situaciones, las personas, los acontecimientos entren en nuestra vida; seamos acogedores, borremos los prejuicios, los filtros llenos de miedo y enfrentemos la vida con confianza, con los mismos ojos misericordiosos con los que de Jesús encontraba las personas.

Querida comunidad, hoy celebramos la Jornada Mundial de la Infancia y Adolescencia Misionera: nos mueve por un lado a ser testigos de la vida de Jesús para con los niños, de manera especial los que en nuestra sociedad sufren abandono, violencia y falta de atención. Por otro lado, nos muestra como ellos mismos son misioneros del Padre, porque, a la escuela de Jesús, aprenden y testimonian la solidaridad, la hermandad y el perdón en la familia, en la escuela, en el barrio.

Por eso querida comunidad, con alegría asumamos la responsabilidad de educar a los niños a los valores del Evangelio y conducirlos a Jesús para que sean evangelizadores entusiastas en nuestra sociedad. Al mismo tiempo, pensemos a cuantos niños en nuestra sociedad y en el mundo sufren, hambre, abandono, violencia. Es nuestra responsabilidad construir un mundo mejor, un mundo más justo, más digno, más solidario.

En todas las Iglesias del mundo hoy se realiza una colecta que será entregada al Papa Francisco, que esperamos pronto en Bolivia, para que el pueda ayudar con proyectos a los niños que menos han recibido en la vida.

Como Jesús, en esta eucaristía, digamos: “Dejen que los niños vengan a mí”. Recemos por ellos y seamos solidarios con ellos.