La Paz

Mons. Eugenio Scarpellini: El demonio existe y no podemos ocultarlo

Celebración Eucarística presidida por Mons. Eugenio Scarpellini, Obispo de la Diócesis de El Alto, desde la Basílica Menor de San Francisco en la ciudad de La Paz y transmitida por la RED PAT, Radio María y ERBOL para toda Bolivia, en La Paz por Canal 18 Católica Televisión y en El Alto por canal 57 Virgen de Copacabana.

Mons. Scarpelini afirmó: Es necesario sacar los demonios de nuestra vida. No me refiero a ritos especiales o exorcismos. Me refiero a hace obras que apartan al demonio de nuestra vida.

Proclamar y escuchar la Palabra de Dios, creer en Jesús que es Señor de nuestra vida y dar testimonio de Él, vivir las bienaventuranzas, caminar en la honradez, honestidad, transparencia, humildad y sencillez. Esto es el verdadero exorcismo que hace crecer la luz de Cristo y arrincona a los ídolos de la mentira, de los falsos poderes político y económico, a los ídolos de sexo y del consumismo. El discípulo misionero opera un verdadero exorcismo, saca el mal de su vida y de la vida de los demás cuando se compromete para el bien de sus hermanos, por la justicia y la verdadera liberación humana y espiritual.

TEXTO COMPLETO DE LA HOMILÍA DE MONS. EUGENIO SCARPELLINI
1er DOMINGO DE CUARESMA

“”Vistan la armadura de Dios
para resistir los engaños del diablo”
Con la liturgia del Miércoles de Ceniza y la de hoy entramos en el tiempo litúrgico de la Cuaresma: 40 días que nos invitan a poner la mirada en el gran misterio pascual hacia el cual tendemos con actitudes de conversión personal y comunitaria, con espíritu de oración y de austeridad. En la antigüedad la Cuaresmas era un tiempo propicio para el catecúmeno: tiempo de la iniciación en la fe, tiempo de catequesis, de formación diaria para llegar a la celebración del Bautismo en la noche del Sábado Santo. Es para nosotros también un tiempo de renovación que nos lleva a re enderezar nuestra vida por medio una experiencia profunda y un encuentro personal con Jesucristo vivo, de un camino catecumenal apoyado en la meditación de su Palabra, en la experiencia de fraternidad en la comunidad para llegar a la alegría de la Pascua de Resurrección. Es un camino que, por medio de la conversión y austeridad de vida, abre el corazón de cada uno a la alegría del Evangelio a la reconciliación con los hermanos y nos hace profetas misioneros del Reino del Padre.

Podemos interpretar el Evangelio de hoy en dos formas: meditar lo que nos dice de Jesús o meditar lo que nos dice a nosotros a partir de la experiencia de Jesús en el desierto.

De Jesús nos dice que Él no es el Mesías esperado por la gente y representado en las propuestas atrayentes del demonio: un Mesías rico de bienes, omnipotente, endiosado y triunfalista. Desde el Bautismo en el rio Jordán, el Padre nos muestra el camino que le espera a su Hijo; es el camino de la humildad, del sufrimiento y del servicio. Y la obediencia de Jesús al Padre es la derrota más grande del demonio. Sin quererlo, el demonio, al tentar a Jesús, provocó su misma derrota.

¿Qué nos dice a nosotros hoy este texto?
Primero: el mal, el demonio existe y no podemos ocultarlo. No estoy hablando de la formas de superstición satánica o ritos demoníacos que tanto daño hacen a la vida, a la serenidad y paz de las personas y familias. Estas formas son fruto de la falta de fe en el Dios de la vida, dela falta de confianza en el Dios misericordioso que nunca te abandona en la vida.

Al demonio, a biblia lo llama “diablo”: es decir aquel que acusa, rompe la unidad, calumnia, confunde, engaña y pone trabas constantes al caminar del hombre. Lo llama “Satanás, es decir adversario, enemigo. Lo llama también enemigo, maligno, príncipe de este mundo. “Este no puede ser nunca un dios, es un ídolo”.

La biblia nos habla del demonio, no por asustarnos o por hacernos entrar en una religión del miedo, sino para decirnos que frente a Jesús es impotente e incapaz de llevar a cumplimiento su plan de esclavizarlo, someterlo al poder de los ídolos humanos. Siguiendo a Jesús, caminaremos en la verdad, lejos de los falsos ídolos de este mundo que pueden destruir nuestra paz.

Veamos entonces las tentaciones que Jesús venció:Frente a la tentación de la autosuficiencia y de afianzar nuestra seguridad en los bienes materiales, “que estas piedras se trasformen en pan”, Jesús responde poniendo de manifiesto la omnipotencia de la Palabra de su Padre, que así como dio el maná en el desierto para saciar el hambre de su pueblo, ahora nos abre a una vida plena en la cual hay que entrar observando sus leyes y mandatos. El que confía, cuenta siempre con la ayuda de Dios.

Confiar en Dios, Padre misericordioso y providente, no es provocarlo caprichosamente para que haga lo que nosotros queremos o esperar milagros que solucionen nuestros problemas: esto es salirse de la confianza en Dios y caer en el pecado.

La tentación de la idolatría es de gran actualidad. “Te daré todos estos reinos si me adorarás”: ¡cuántos ídolos modernos engañan y entristecen la vida del hombre! El hombre que ansía libertad, se ve sumiso y esclavo de sus pasiones que generan divisiones, desigualdades, injusticias y muerte. También se ve atrapado por la tentación del poder, de dominar a sus hermanos por fines personales; para eso está dispuesto a vender su alma a la mentira, al engaño, está dispuesto a utilizar y manipular a sus mismos hermanos. “Solo a Dios adorarás”; es la profesión de Jesús; es su invitación a hacernos hijos del Padre, a reconocerlo como Señor de nuestra vida y ponernos en sus manos.

Jesús no acepta tentar a su Padre para que envíe sus ángeles que lo cuiden y no tropiece su pié al lanzarse de los alto del templo. Habría hecho un gesto asombroso, espectacular, para el aplauso general. ¡Cuánto nos gustan las adulaciones de la gente y cuanto sufrimos cuando alguien nos critica o nos hace ver nuestros errores! Jesús supera la tentación de un mesianismo falso, triunfalista y humano para agradar a la mayoría de la gente y asume el mesianismo del “siervo”, capaz de obedecer a la voluntad de su Padre y dar la vida para la humanidad.

¿Qué hacer entonces?
Es necesario sacar los demonios de nuestra vida. No me refiero a ritos especiales o exorcismos. Me refiero a hace obras que apartan al demonio de nuestra vida. Proclamar y escuchar la Palabra de Dios, creer en Jesús que es Señor de nuestra vida y dar testimonio de Él, vivir las bienaventuranzas, caminar en la honradez, honestidad, transparencia, humildad y sencillez. Esto es el verdadero exorcismo que hace crecer la luz de Cristo y arrincona a los ídolos de la mentira, de los falsos poderes político y económico, a los ídolos de sexo y del consumismo. El discípulo misionero opera un verdadero exorcismo, saca el mal de su vida y de la vida de los demás cuando se compromete para el bien de sus hermanos, por la justicia y la verdadera liberación humana y espiritual.

Como Iglesia, como discípulos misioneros presente en la historia, sabemos quye estamos como en el desierto donde existen las tentaciones. Por eso son importantes las actitudes de la vigilancia y la lucha.

“Sean sobrios, y velen; porque su adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; resístanle firmes en la fe”. (1Pt 5:8-9)

“Vístan la armadura de Dios para poder resistir los engaños del diablo. Porque no estamos luchando en contra de seres de sangre y carne, sino contra las autoridades, contra las potestades, contra los soberanos de estas tinieblas, contra las fuerzas espirituales del mal”. (Efesios 6:11-12)
Queridos hermanos, el Evangelio de hoy, además de la invitación a la vigilancia y a la fortaleza, también nos muestra el camino para vencer las tentaciones y salir victoriosos en la prueba.
Vivir el ayuno del desierto al igual que Jesús: es el ayuno corporal, pero, de manera especial, es el ayuno espiritual que nos permite acoger su invitación: “Quien quiere seguirme, que renuncie a si mismo” (Lc 9,23)

En este tiempo de Cuaresma, vivamos el camino de conversión haciéndonos verdaderos discípulos de Jesús: recorriendo con Él el camino de las bienaventuranzas, meditando la voluntad del Padre, eligiendo y amando con Él a los últimos y a los pobres, sirviéndole a Él en quien tiene hambre o sed, en quien está cansado o solo, en quien está postrado en el dolor y en la prueba, en quien espera justicia y amor. Y Todo eso con la fuerza de la oración y la plenitud de la Eucaristía.