Santa Cruz

Mons. Antonio Reimann: El zapatero

Estoy en el aeropuerto; mis zapatos llevan el polvo de la playa del Río Grande que crucé ayer 8 de marzo de 2013, me acompañaba Marcelo, miembro de la Fazenda Esperanza. La mirada del zapatero no se dirige a las caras de la gente, sino a sus zapatos, pues su oficio no es el de limpiar la cara, sino los zapatos. Los míos no resistieron ante la mirada atenta del zapatero, y me senté en la silla para limpiarlos. Comenzó la labor: primero una limpieza general del polvo; luego puso la crema y la distribuyó a la superficie con un trapito especial. Cuando terminó este trabajo puso otra crema y esta vez comenzó a lustrar el zapato con un cepillo; luego tomó la telita y comenzó con una velocidad impresionante a frotar mi zapato. Concluyendo se dio cuenta que algunas partes del cuero precisaban otra intervención con la crema y la lustrada con el trapito y el cepillo. Toda la “operación” duró como ocho minutos.

Me quedé admirado de su empeño para dejar el zapato con un brillo impresionante. Además, este trabajo lo hizo silbando, y luego cantando con voz baja una canción, como para acompañar el ritmo del cepillo y del trapito. Esto no fue un trabajo superficial, apurado, sin ganas, sino todo lo contrario, con empeño, minucioso, profundo, y con espíritu alegre.

El zapatero del aeropuerto me ha dejado impresionado y me recordó una gran verdad, que cualquier trabajo que hagamos lo hagamos con entrega total, con alegría en el corazón y en el rostro, y no superficialmente, apurado, y con mala gana. Vale la pena, mientras esperamos al avión que nos lleve al aeropuerto de la eternidad cumplir bien con cada servicio, y no dejarlo a medias.

En mi escritorio está el Calendario de las actividades pastorales del Vicariato para este año 2013 que lleva como lema: “La Familia Católica celebra, vive y transmite su fe”.

Pongamos a estas actividades el empeño y la alegría del zapatero, para que brille más la presencia de Cristo que entregó la vida por nuestra salvación. Él ha resucitado y está vivo en medio de nosotros. Con saludo pascual de paz y de alegría:

+Antonio B. Reimann, ofm