Análisis

Miguel Manzanera SJ: Orientación ética electoral

En Bolivia al acercarse las elecciones para los cargos Presidente, Vicepresidente y parlamentarios que tendrán lugar el próximo 12 de octubre, los Obispos de Bolivia han publicado varias reflexiones para orientar a la opinión pública y especialmente a los católicos sobre los candidatos en relación con los valores y principios que representan.

Completando esas reflexiones me parece importante insistir sobre un punto clave en relación con la esencia de la democracia como sistema más adecuado a la dignidad de las personas y grupos sociales. Como es sabido los actuales Presidente y Vicepresidente del Estado se están presentando a una nueva reelección, lo cual fue ya observado en las pasadas elecciones como no conforme con la misma Constitución, aunque finalmente el Tribunal Electoral no admitió esa observación.

Recientemente el Presidente Evo Morales hizo esta declaración: “Mi gran deseo el día 12 de octubre (es) “sena quina” (seis y tres), para quienes juegan cacho (…) ¿Por qué sena? En seis departamentos tenemos la posibilidad de ganar los cuatro senadores. ¿Por qué quina? En tres departamentos, tres senadores, la derecha puede quedarse con tres senadores”.

Con estas palabras espontáneas el Presidente muestra su visión totalitaria de la democracia. Tener una mayoría absoluta y sobre todo 2/3 en la Asamblea Legislativa Plurinacional le habilita a ejercer todas las facultades del órgano legislativo sin trabas y sin que ningún otro partido político ni ninguna agrupación social puedan oponerse. Al ser el Vicepresidente del Estado, el Presidente de la Asamblea Legislativa, se facilita el control total del poder ejecutivo sobre el Senado y la Cámara de Diputados. Los parlamentarios del partido gobernante quedan reducidos a meros levantamanos, mientras que los de los partidos oponentes pasan a ser meros espectadores sin otro derecho que el del pataleo.

Incluso el partido gobernante podrá fácilmente reformar la Constitución para asegurarse una reelección indefinida como suelen hacer los dictadores para asegurar, entre otras cosas, la impunidad en relación a los pasados sucesos sangrientos, entre ellos los sucedidos en el Pando y en Santa Cruz, donde las versiones oficialistas han levantado serias dudas sobre su veracidad.

Esa estrategia electoral forma parte de la ética maquiavélica, propugnada por Maquiavelo, político italiano del siglo XVI a XVII, que suele resumirse en la frase “el fin justifica los medios”. Para hacerse con el poder y mantenerse en él, todos los medios están justificados, incluyendo la persecución política, el exilio, y la pena capital. Estos gobiernos, aunque se llamen democráticos, traen casi inevitablemente como tristes secuelas la corrupción, el nepotismo, la impunidad, la ilegalidad, el amordazamiento de los medios de comunicación y la persecución judicial, a los que añade en el caso de Bolivia, el narcotráfico y el contrabando

Por ello la enseñanza de la Iglesia, avalada por la historia reciente, reconoce que en la sociedad política, a diferencia de otros grupos sociales que pueden tener sus peculiaridades según sus propias finalidades, debe haber una independencia de los poderes, legislativo, ejecutivo y judicial, como equilibrio sano para evitar los abusos de gobiernos dictatoriales, una de cuyas primeras medidas suele ser suprimir la libertad de comunicación e información. En más de una ocasión el Vicepresidente Álvaro García Linera ha explicado su estrategia política totalitaria de pretender asumir el control de ámbitos sociales importantes, incluyendo el comunicacional, el cultural, el educacional y el empresarial entre otros.

Como creyentes en el Dios de la Justicia, de la Fraternidad y de la Paz, revelado en la persona de Jesucristo Redentor, que nos da su Espíritu de Sabiduría, de Bondad y de Caridad, pidámosle para tengamos gobernantes honrados y justos que respeten y promuevan el bien común y los derechos humanos de las personas, de las familias y de otros grupos sociales, especialmente de los más desfavorecidos, vulnerables y marginados.