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MENSAJE DE ADVIENTO Y NAVIDAD:FELICES POR LA FE

(Caracas / Venezuela) A los venerables sacerdotes y diáconos, a los miembros de Institutos de vida consagrada, y a todos los fieles de la Arquidiócesis de Caracas: ¡Salud y paz en el Señor!

Amadísimos hermanos: En estos días de Adviento nos disponemos espiritualmente a celebrar la Navidad. Festejaremos el Nacimiento de Jesús, nuestro divino Salvador, Dios hecho hombre. El nos invita a recibirlo en nuestros corazones con una fe viva, acompañada por las obras, especialmente el intenso amor a Dios y a nuestros hermanos.

Al recibir a Cristo disfrutamos la felicidad de la fe. Recordemos las palabras de Santa Isabel a María Santísima cuando ésta la fue a acompañar con motivo de su próximo y difícil parto. En el hermoso diálogo que nos transmite San Lucas1, Isabel, entre otras cosas, le dice a María: “Dichosa tú que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá”2.

LA FELICIDAD DE LA FE
Mis queridos hermanos: María fue feliz porque abrió su corazón a Dios, y acogió de buen grado su Palabra, aceptando el don maravilloso de ser la madre del Mesías, el Hijo eterno de Dios que se haría hombre en su vientre purísimo. Ella fue feliz porque, como dijo más tarde el mismo Jesucristo: “escuchó y cumplió la palabra de Dios”3.
Pues bien: ¡también nosotros tenemos la felicidad de la fe! Por gracia de Dios, por regalo divino, hemos recibido esa luz maravillosa que nos hace ver la existencia, la bondad, la grandeza de Dios, y sentimos su presencia a través de Jesucristo, su Hijo amado, que vino para que el mundo tenga vida y vida abundante. Como María, nosotros sabemos que El murió en la cruz para “llamarnos de las tinieblas a su luz admirable”4; que El resucitó para abrirnos las puertas del cielo y hacernos partícipes de su resurrección, y que está siempre con nosotros. Sabemos que El nos hace hijos de Dios por el Bautismo, que se nos da como alimento en la Eucaristía, y perdona nuestros pecados en el Sacramento de la Reconciliación. Que nuestra existencia está en sus manos, y que al final de nuestras vidas tendremos el gozo de vivir para siempre. Si, mis queridos hermanos: ¡Qué grande es nuestra fe! Agradezcamos al Señor ese don maravilloso, y sepamos valorarlo, fortalecerlo y defenderlo.

FIRMES EN LA FE
En preparación a la Navidad es preciso que pidamos a Dios que aumente nuestra fe5. Y que, con su ayuda, nos mantengamos firmes en ella, a pesar de las dificultades de nuestros tiempos. Nuestra fe está amenazada hoy por las corrientes del secularismo que quieren sacar a Dios de la vida pública y social; por los embates de la superstición, por los ataques de la nueva era con el inexistente y falso “espíritu de la navidad”, que es una vacía idolatría y debemos rechazar frontalmente. También está amenazada por la expansión de la santería, que es una religión pagana, incompatible con la fe en Cristo. Y está amenazada también por
nuestra debilidad humana, que nos hace olvidar que nuestra felicidad está en amar a Dios por sobre todas las cosas.
En medio de esas circunstancias, nosotros debemos permanecer firmes en la fe, y vivir de acuerdo a nuestra excelsa condición de hijos de Dios, discípulos de Jesucristo, y miembros de la santa Iglesia Católica. Así, como María, seremos realmente felices por creer en Dios. Particularmente debemos vivir nuestra fe con la práctica religiosa, especialmente con la participación en la Misa todos los domingos y fiestas de guardar, con la recepción frecuente de los sacramentos de la Reconciliación o Penitencia, y la sagrada Comunión.
Todos hemos de ser coherentes con nuestra fe en Dios, y escuchar y cumplir siempre su Palabra, los Diez Mandamientos de la Ley de Dios: en el hogar, en el trabajo, en nuestras relaciones humanas, en la vida social y política. Así podremos alcanzar la felicidad de María y de los santos, esa felicidad que promete Jesucristo a quienes vivamos según su Palabra de vida eterna.

CELEBRACION CRISTIANA DE LA NAVIDAD

Queridos hermanos: Vivamos esta Navidad con gratitud al Señor y celebrémosla en familia con una actitud realmente cristiana, pues la Navidad es la celebración religiosa del cumpleaños de Jesucristo, muestro Dios y Señor. Acudamos a la Santa Misa el 25 de diciembre y el 1 de enero, que son días de precepto y, por supuesto, todos los domingos, que son el Día del Señor, de Cristo resucitado. Pidamos a Dios la gracia de una fe viva, firme, ardiente, que nos lleve a amar a Dios de todo corazón, y a nuestro prójimo como Cristo nos ha amado.
A todos ustedes, pero especialmente a los que se encuentran solos o tristes por algún duelo reciente, a los enfermos y a los presos, a quienes sufren por algún problema grave, los aliento a abrir sus corazones al Señor, y a dejar que El los llene de su alegría, de su amor, de su fortaleza y de la felicidad de la fe.
Con mi afectuosa bendición episcopal, deseo a todos ustedes una Navidad muy feliz, y un Año Nuevo 2014 lleno abundantes dones del Señor.

JORGE L. UROSA SAVINO,
CARDENAL ARZOBISPO DECARACAS

1 Cfr. Lc 1,39-45
2 Lc 2,45
3 Lc 11, 28
4 1 Pe 2,9
5 Lc 17, 5