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MÁXIMA TENSIÓN ENTRE EL CLERO GUIPUZCOANO Y SU OBISPO, MONSEÑOR MUNILLA

“En estos momentos la tensión entre el 80% del clero guipuzcoano y el obispo es máxima y podría desembocar en una ruptura total”. El que así habla es un sacerdote donostiarra, miembro del Consejo Presbiteral, que pide el anonimato, por razones obvias. Los curas de San Sebastián están cada vez “más dolidos” con el obispo José Ignacio Munilla. Por razones de fondo y de forma. Le acusan de confirmar la sospecha con la que le recibieron, cuando fue nombrado, de venir a imponer otro modelo de Iglesia en total discontinuidad con la de sus predecesores, monseñor Uriarte y monseñor Setién. Amén de tacharlo de “dictatorial” en las formas, imponiendo sus decisiones sin tener en cuenta la opinión ni siquiera del Consejo Presbiteral.

La gota que colmó el vaso fue la última reunión de este Consejo precisamente. Convocado de urgencia y sin orden del día, la sesión fue “muy dura, hasta borrascosa y con acusaciones ad hominem”. El obispo comenzó la reunión haciendo saber a los presentes que había tomado la decisión de trasladar a los tres seminaristas con los que cuenta la diócesis de Vitoria, donde estaban hasta ahora, a Pamplona. Y de entrada, ni siquiera accedía a informar o dar razones de su decisión.

Presionado por los sacerdotes presentes, Munilla aseguraba que se los llevaba a Pamplona para ponerlos a buen recaudo de los curas “secularizados y heréticos” de Guipúzcoa. Y, ya en el disparadero, decidió hablar “a calzón quitado”. Para decirles, entre otras cosas, que “los sacerdotes de San Sebastián están secularizados; en general no oran, no acuden a retiros ni a ejercicios espirituales y no se confiesan”.

Además, añadía el prelado que “son conflictivas las relaciones entre las facultades de Vitoria y Deusto y es necesario que los seminaristas de San Sebastián estén con otros seminaristas en Pamplona: los diocesanos (unos 15), los neocatecumenales (unos 6) y los pertenecientes a los ‘adoradores eucarísticos del Padre celestial’ (6) y los de una organización francesa”.

Munilla sostenía ante el Consejo que, para conseguir una buena formación de los futuros sacerdotes, en cualquier seminario hace falta lo que el denominó “una masa crítica”, es decir un número mínimo de 20 seminaristas e, idealmente, de 40. Los curas rebatieron su argumento, señalándole que las demás diócesis vascas presentan, más o menos, el mismo número de seminaristas (3, Vitoria y 6, Bilbao) y que, sin embargo, decidieron mantenerlos en sus diócesis respectivas. Por lo tanto, sólo él se desmarcó de los demás obispos, al decidir, por su cuenta y riesgo, mandarlos a Pamplona.

Munilla replicó: “La formación anterior nos ha llevado a esta situación con 3 seminaristas y otros 3 o 4 que van a entrar gracias a mi esfuerzo personal”. Y añadió que “la decisión de Uriarte por ese modelo de seminario ha fracasado, pero a él le dísteis el aplauso y a mí no me queréis dar ni una oportunidad”. Y es que El prelado está convencido de que se confirma lo que ya venía manteniendo cuando era un simple cura y, precisamente por eso, no seguía las directrices diocesanas e “iba por libre”.

En medio de una evidente tensión, se cerró la sesión del Consejo, no sin que antes la práctica unanimidad de los presentes rechazasen el plan del obispo de trasladar a los seminaristas a Pamplona. “Una vez más, el obispo imponía su santa voluntad por encima de los órganos de la diócesis”, explica nuestro informante.

Pagola e importación de curas munillistas

El caso de los seminaristas es uno más de la lista de agravios que presentan los curas, en la que citan, entre otras cosas, el caso Pagola, “ante el que Munilla, como Pilatos, se lava las manos” o el desembarco de “curas munillistas” en la diócesis. Como dice el miembro del consejo presbiteral, “la temperatura ha subido y está al rojo vivo, porque ha empezado a tomar decisiones sobre el seminario, sobre Pagola y, especialmente sobre el cambio de párrocos”.

Y explica que Munilla “está trayendo curas del movimiento al que él pertenece, el Loyola, que estaban repartidos por Navarra, Getafe y Alcalá, y los está nombrando párrocos incluso antes de estar incardinados en la diócesis. Todo esto está generando un gran descontento y todos los curas están pidiendo que el clero se posicione y tome medidas”.

Reuniones y reflexión durante todo el mes de julio

De hecho, el clero guipuzcoano se va a reunir por arciprestazgos durante todo el mes de julio. El objetivo de esas reuniones será triple. En primer lugar, dar a conocer a todos los sacerdotes la carta enviada por el obispo al consejo presbiteral en la que notifica su decisión de llevar a los seminaristas a Pamplona, asi como el acta detallada de la última y tumultuosa reunión del citado consejo. En segundo lugar, recabar opiniones y reflexiones de los sacerdotes y de los laicos. Y en tercer lugar, preparar un documento de protesta, dirigido al obispo, a los fieles y a la opinión pública.

El documento se retomaría en septiembre, tras el paréntesis vacacional y, en él, se intentaría dejar bien claras las reglas de juego del citado Consejo Presbiteral, máximo órgano colegiado de la diócesis. “Para que esas reglas queden claras y todos sepamos a qué atenernos”, dice nuestro comunicante. En caso de que el obispo no aceptase las reglas de juego de funcionamiento del Consejo, sus miembros se verían abocados a tomar una decisión: dimitir o no asistir a sus reuniones.

Informar a nunciatura y al Vaticano

A pesar de tener al 80% de su clero en contra, monseñor Munilla se encuentra, según este miembro del Consejo Presbiteral, “de lo más relajado, tranquilo y muy suelto. El está a lo suyo y lo demás le da igual. Se basa en su temperamento y en la mística del talibán o en la espiritualidad martirial y sacrificial”.

Munilla tiene muy poco apoyo, pero, como dice este cura “está en el pedestal y, ahora, tiene el máximo poder”. De ahí que, los curas quieran hacer llegar a la Nunciatura española y al propio Vaticano un mensaje claro: “Que un obispo sin sus curas no es nadie, que la situación es insostenible y que Munilla no puede funcionar con el 80% de su propio clero en su contra. Una situación insostenible, que, a medio plazo, terminaría en ruptura abierta”.

Por eso, a juicio del sacerdote guipuzcoano, “la Conferencia episcopal y Roma tienen que realizar que el nombramiento de Munilla para Donostia está rompiendo la comunión en la diócesis de una forma absoluta y que, por lo tanto, lo mejor es cambiarlo de diócesis. Por el mayor bien de la Iglesia”. Un situación sin precedentes, con un pulso en toda regla entre el obispo y sus curas. ¿Quién tumbará a quién? La perseverancia en la lucha y, sobre todo, los vientos de Roma, tendrán la última palabra. Pero, como ya decía el Papa San Celestino allá por el siglo V, “ningún obispo impuesto”.

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