Análisis

EL FRÍO Y LOS TEMORES

Para alguien que llega del hemisferio norte a Cochabamba en los meses de invierno, éste simplemente no existe; y los titulares de la prensa, que rayan en el drama, sobre la baja temperatura, le sorprenden. Pero no sólo para una persona que  viene de inviernos helados, también, un residente en este departamento, si se despoja de la “propaganda”, podría darse cuenta de los excesos retóricos de aquella prensa.

La “ciudad de la eterna primavera” se convierte en su benigno invierno, en pasto de los agoreros que se aventuran a pronosticar (con semanas de anticipación, cuando se sabe que la ciencia ha llegado a prever el tiempo sólo hasta 72 horas antes) temperaturas de hasta 5 o más grados Celsius bajo cero; que se alarman, y alarman a los demás, por legiones de niños y viejos atacados por enfermedades respiratorias, poco menos que anunciando víctimas mortales atacadas por el frío. Ellos mismos, y quienes les hacen caso, abrigan a sus hijos con prendas que se acercan a lo ridículo con gruesas ropas que los hacen parecer habitantes de sitios vecinos a los polos.

Año que pasa aumenta la intensidad de esta campaña, pero no la del frío.

Si es verdad que la temperatura mínima puede llegar a los 0 grados y bajar algunos más, esto sucede cuando todos están durmiendo, pues a la hora de partir al trabajo y a la escuela, el termómetro ya marca alrededor de los 10 grados y hacia pasado el medio día se “soporta” 25 grados y algo más, clima que recupera eso de “la eterna primavera”. Es también cierto que la variación de unos veinte grados en sólo medio día, puede dar al virus de la gripe la oportunidad de aprovechar un descuido; pero, contra esto hay vacunas, alimentos con vitamina C en abundancia, y la simple previsión de usar ropas acordes con la temperatura.

Si los preocupados profetas del frío tuvieran que preocuparse por alguien, deberían hacerlo por la gente que trabaja por la noche y todavía más por los que se ganan la vida a la intemperie como las barrenderas de calles; pero ellas siguen haciendo su sacrificado trabajo, algo más abrigadas que en el verano, para tener la ciudad limpia.

En otro ámbito, muy diferente, están las ventiscas y tormentas que azotan regiones altas y rurales, donde se pierden animales y cultivos, a las que debe dirigirse la atención de los medios y la ayuda inmediata.