Análisis

Más allá de la izquierda y la derecha

La izquierda y derecha políticas terminan pareciéndose demasiado. A un prominente ideólogo del gobierno actual le pregunte un día cuál era la diferencia esencial entre ambas. No supo contestarme. Quizás la respuesta sea más complicada de lo esperado o demasiado simple para querer aceptarlo.  Pero el tema de esta nota no quiere entrar en el ámbito de las definiciones sino en lo que me ha dado a pensar la acusación por agresión sexual y detención de Dominique Strauss-Kahn.

El sujeto en cuestión es nada menos que el Director General del Fondo Monetario Internacional (FMI), es decir, el máximo responsable de esa institución que tantos dolores de cabeza ha dado y a más de un gobierno.

Los medios franceses, como es lógico, le han dedicado la porción más sustanciosa de sus espacios informativos y como yo me encuentro viviendo en un país del África francófona he tenido a mano mucho de lo que se ha dicho sobre el asunto. De todo rescato tres puntos de vista que son los que me han puesto a reflexionar.

El primero es una perla periodística de Radio Francia Internacional. El comentarista, africano, comenzaba por congratularse de la noticia, “ya era hora que el responsable del FMI fuera a la cárcel”, para luego caer en cuenta que la acusación no se refería a las terribles medidas que impone el FMI a los países del tercer mundo. Strauss-Kahn no está en prisión por dejar sin empleo a miles de africanos, ni por dejar sin acceso a salud o educación a otro tanto de  pobres. Estas cuestiones, decía el radialista, todavía no son delito. Y es cierto, los “delitos” del FMI se registran en los libros de estadística, no en los juzgados.

La segunda le pertenece a la BBC-afrique que entrevistó al autor de una biografía de Strauss-Kahn.  Lo sorprendente de la entrevista era el orgullo con el que este escritor se refería a las dotes de seductor del socialista francés, su biografiado. Parecía degustar de la admiración de un líder que responde al prototipo del macho conquistador que se apodera del poder con la misma fruición y facilidad que de las damas.  Y yo, en mi ingenuidad, pensando que lo realmente valorable en el susodicho era su capacidad financiera; pero da la impresión que este elemento digamos “glamoroso” del personaje sigue teniendo peso en la opinión pública, se continúa admirando un aspecto tan primario como este.

La tercera no deja de ser una curiosidad, pero confirmada por varios medios de prensa. Resulta que este “buen hombre”, socialista, luchador por la egalité (igualdad), que era el casi seguro candidato de la izquierda francesa a la presidencia, pagaba la suite del hotel donde se hospedaba a razón de 3000 euros cada noche. La verdad sea dicha, si así es el paraíso socialista que nos proponen, yo me apunto. ¿Se imaginan un mundo donde todos, podamos gastarnos esa friolera de dinero en una noche y cada noche y por siempre?  Ahora bien, hace falta ser sinvergüenza para andar pidiendo austeridad a los gobiernos de países pobres mientras él vive en el derroche.

Las acusaciones contra este personaje tendrán que probarse, no es eso lo que me preocupa, pues ese es un tema de delitos y del tipo sexual que son muy delicados. Lo que de verdad asusta es que la frivolidad moral sea la misma más acá o más allá de la izquierda y la derecha.