Santa Cruz

Madre Diomira sirve en silencio a niñas huérfanas

Cuando se le consultó para hablar de su vida, no quiso; sin embargo, aceptó que divulgáramos su trabajo en favor de niñas huérfanas. “Mejor es trabajar en silencio por los pobres”, dijo la madre Diomira Doria, que dejó su tierra, L’Aquila (Italia), para cumplir una misión en Santa Cruz.

La madre Diomira llegó a Santa Cruz el 18 de octubre de 1986, acompañada de seis religiosas de las Misioneras Doctrina Cristiana, entre ellas la madre Pierina Santarelli y Nazarena Di Paolo, cumpliendo el mandato del entonces papa Juan Pablo II.

Su primera misión fue trabajar en Hardeman, población ubicada a 170 kilómetros de la capital cruceña, pero después sintieron la necesidad de abarcar otros espacios pastorales. 

Hogar María Inmaculada 
La madre Diomira es considerada una verdadera luchadora por el servicio a los pobres y la ejecución de obras, como la creación de la Universidad de Ciencias Religiosas en el barrio Victoria; un CEMA nocturno, el hogar de niñas huérfanas María Inmaculada, que está ubicado en el cuarto anillo y avenida Cristo Redentor; el hogar Sonrisa de Mariele, en la urbanización Cotoca; y el Centro Educativo Los Amigos de Italia.


En enero de 1991 se inauguró el hogar María Inmaculada en un inmueble incautado a Jorge Roca Suárez, alias Techo de Paja, narcotraficante que cumple condena en Estados Unidos. Este albergue se hace realidad tras una dura lucha por conseguir uno de los inmuebles incautados.

La religiosa italiana no solo da cobijo y cariño a niñas y adolescentes huérfanas, sino que permanentemente les aconseja: “Niñas, no tienen que rendirse, siempre deben ir adelante con su confianza en el Señor. Muchas veces cuando son jóvenes se olvidan de Dios, pero con su ayuda uno es capaz de hacer todo lo bueno. Deben luchar a pesar de sus caídas”.

Por el hogar María Inmaculada pasaron más de 2.000 niñas en edades desde los nueve hasta los 17 años. 

El albergue les brinda educación escolarizada, también imparte clases de costura, panadería, música, canto, ballet, trabajos manuales, cotillón, tejido a mano y cocina italiana. Muchas ya son madres de familia, pero no dejan de visitar a la madre Diomira. Otras que aprendieron la cocina italiana se marcharon a Italia u otros países de Europa, pero siempre la contactan para expresarles su gratitud. 

En la comunidad acompañan a la madre Diomira, Bernardita Javarozzi, Patrizia Jimperi, Teodora Colque, Anna Andreucci, Grazia Lepore, Julia Montero, entre otras