Análisis

Los católicos y el valor de la vida

Creo que este mundo no viene del azar o de la casualidad, sino que existe una voluntad de que haya vida y vida humana. Creo que el ser humano refleja la imagen del Creador. Creo que su conciencia, su libertad, su capacidad moral, tener que decidir, sus deseos, su capacidad de amar, son un destello del Ser que lo ha ordenado todo para llegar a un resultado tan asombroso. Para mi el mundo, la naturaleza, mi vida y la vida de los demás son regalo de un Dios que ha hecho todo por amor.

Entiendo que haya otros que crean otras cosas, pero para mí esto es algo evidente, no es solo creencia, sino convicción profunda. Yo creo que la vida es de Dios, me siento regalo. Mi vida y la de los demás son don gratuito. Me lo han dado, no me pertenece. Es de Alguien que me mantiene cada día en ella.

Si creo lo que he intentado expresar, es normal que para mí la vida sea un valor que debo defender.

La fe cristiana y la defensa de la vida son dos caras de la misma moneda. Para un creyente defender la vida es algo que se le impone como valor primero y consecuencia de lo que cree.
Para los creyentes la vida no es solamente el resultado de la casualidad evolutiva, sino que, además de eso, es la maravilla del cuidado que Dios ha tenido en esa aventura de la existencia.
El creyente, aceptando las teorías científicas evolutivas, ve el mundo animado por un cuidado providencial que hace que lo que existe no esté allí por pura casualidad.
Estas son convicciones sólidas y compartidas por la mayoría de la población boliviana que deben ser respetadas y defendidas en un Estado democrático, de forma que nadie se permita mofarse de ellas en un medio de comunicación pública, más aún haciendo gala de la más extrema ignorancia.
Los católicos creemos que Jesús de Nazaret fue concebido en el vientre de una mujer, sin relación sexual, por la obediencia de ésta y que él era el Hijo de Dios, ya que su vida extraordinaria y sus asombrosas palabras, nunca habían sido pronunciadas antes ni después. La vida de Jesús fue tan inédita que de nadie antes se dijo que fuese el Hijo de Dios.

Jesús de Nazaret se dedicó con todas sus fuerzas a defender la vida de sus conciudadanos amenazada por la enfermedad, la marginación, la exclusión e incluso la ceguera en que vivían.
Los seguidores de Jesús, miembros de la Iglesia, nos hemos esforzado, dentro de nuestras posibilidades y contando con nuestras limitaciones en la defensa de los perseguidos, los enfermos, las madres solteras, los ancianos, niños abandonados, personas de las calles y otros.

Defendemos la vida desde el momento de la concepción hasta su fin natural porque estamos convencidos de que en el vientre materno hay un ser humano que debe ser defendido como un ser autónomo de la madre.

Defendemos la convicción de que la despenalización del aborto no es solución para los problemas que intenta resolver, sino que crea más problemas dado que la forma de practicar un aborto es de tal violencia que no se puede ocultar que consiste en matar y deja graves secuelas psicológicas en la madre.
Afirmamos que una sociedad que permite el aborto legal va en contra de sí misma y de su razón de ser, ya que defender la vida es el objetivo por el que los seres humanos nos unimos en sociedades organizadas.
Estamos convencidos de que permitir el aborto es síntoma de una grave ceguera social para la captación de los valores básicos y que cuando se vulnera un valor tan fundamental se entra en una crisis de valores que deteriora la cohesión social.
Nos parece a nosotros los creyentes que argumentos como los que suelen darse en estos casos:

*Se está poniendo en riesgo la vida de las madres por el aborto clandestino
*Son los más pobres los que abortan en peores condiciones, etc.

Encubren una falsa compasión, no van a la raíz de los problemas sociales y pretenden dejar la situación social como está sin cambiar nada, solo mejorando las condiciones para abortar.
Pero, ¿acaso esta solución mejorará las condiciones de pobreza del pueblo?. ¿Logrará el aborto legal reducir la cantidad de abortos cuando a ellos se acude, sobre todo, por situaciones de vergüenza social que invitan al encubrimiento?. ¿Estamos dispuestos a encarar en serio la necesaria educación sexual de la juventud para que la sexualidad sea vivida de forma humana y conduzca a la felicidad y no sólo al goce inmediato?
Y, sobre todo la gran pregunta: ¿por qué no se atreven a reconocer algo tan evidente como el derecho a la vida de quien no ha nacido?. ¿Quién somos nosotros para decidir sobre el derecho a la vida de nadie?
Se aduce que la mujer tiene derecho al uso de su propio cuerpo. Pero este derecho es tan rebuscado, egoísta y antisocial que queda totalmente oscurecido cuando se pone junto al derecho a la vida del ser humano que ha sido concebido.
Quiero vivir en una sociedad en la que se respete el derecho a la vida y en la que podamos expresar lo que pensamos y creemos con libertad y respeto.

P. José Fuentes Cano
Sacerdote Católico