Oruro

LECTIO DIVINA Y CURSILLO DE APOCALIPSIS

Los sábados a las 18:00, la cita es en el Centro Mariano. Un grupo de “fieles” asiste a este momento de reflexión, comparten la experiencia sabatina de encontrarse frente a la palabra de Dios e interconectarse mediante la oración.

Siempre ha sido una constante preocupación de la Iglesia, el acercamiento a las Escrituras, de una manera orante, abierta al diálogo, sin ocultar nada y sobre todo, que sea compartida y reflexionada en la comunidad. Así esas “semillas” tendrán mejores raíces y por ende mejores
productos.

El desarrollo no es difícil de entender. En primer lugar se lee el evangelio del día domingo, tratando de entender bien la lectura y sus componentes (personajes, lugares, sucesos, etc.), y si es necesario incluso, se puede volver a re-leer el texto.
Se prosigue con una explicación de esos componentes de la lectura, analizándolos de manera profunda y real; posterior a eso, se llegan a responder acerca de las dudas que puedan salir, con relación al texto, para luego reflexionar y mirar la realidad actual de nuestro pueblo, frente a la luz del Evangelio.

Finalmente, rezar en comunidad, con el acompañamiento de la palabra de Dios, convierten esta actividad en una verdadero momento de recogimiento.

Empero, esta no es la única opción de acercarse a los escritos sagrados. Todos los miércoles a las 19:00 p. m.; en relación a una serie de cursillos sobre la Biblia; se ha desarrollado el cursillo de Apocalipsis, también en el Centro Mariano. Si bien no es una Lectio Divina, lo que
se pretende es, dar algunas luces de estos textos, que a veces son utilizados para causar temor.

Y es oportuno leer este libro por que las palabras “Apocalipsis”, “Apocalíptico” traen a la mente imágenes de catástrofes y desastres. En este tiempo se hablará mucho de “Apocalipsis” como fin del mundo, distorsionando la interpretación de los textos bíblicos y del Calendario Maya.

Han sido muy interesante las sesiones, donde se “ha quitado el velo” sobre las figuras de los cuatro jinetes, las trompetas, los sellos, los monstruos y el famoso 666. Ojalá sirvan estos espacios, para crecer más como personas, ya que el mensaje del evangelio no está reservado a un pequeño grupo de elegidos: es la sal y la levadura para una humanidad nueva, en la cual la diversidad y el pluralismo no son una amenaza y un motivo de exclusión, sino una riqueza desde la cual construir la casa común.