Análisis

LA RELIGIÓN FUERA DEL CENSO

La boleta censal no incluye la religión pese a que en el Artículo Cuarto de las Bases Fundamentales del Estado, la Constitución señala que el “Estado respeta y garantiza la libertad de religión y creencias espirituales de acuerdo a su cosmovisión y la independencia del Estado”. En la Constitución Política del Estado, encontramos apertura para la pluralidad y el ecumenismo religioso, por la presencia de iglesias evangélicas y sectas fundamentalistas en el país.

Según la encuesta realizada por el CIES Internacional en Cochabamba, La Paz, Santa Cruz y El Alto en febrero de 2010 devela que en Bolivia predomina el cristianismo, el 90 por ciento de los encuestados reconoce que profesa alguna religión cristiana.

De ellos, el 10 por ciento se declara protestante o evangélico y el 81 por ciento católico.

El Censo de Población y Vivienda del 2001 señala la presencia del 56,55 por ciento de católicos, el 36,45 de protestantes y evangélicos, y el 6,83 de otras religiones. Comparando con los datos del CIES, los católicos incrementan en un 25 por ciento, los protestantes y evangélicos disminuyen en el 10 por ciento

Por tanto, el dato de la presencia del 81 por ciento de católicos no es menos significativo, porque la población boliviana sigue la tradición religiosa impuesta por la conquista española que se quedó con sus ritos y sus costumbres religiosas como parte de la vida espiritual de comunidades, pueblos, provincias, barrios y ciudades del país.

La Iglesia Católica, —aunque el Gobierno no lo quiera reconocer— goza de prestigio y de respeto de los bolivianos que profesan su fe cristiana, pero además, la Iglesia Católica es la institución más creíble, incluso por encima de la prensa, porque destaca la moral y la ética como normas de vida.

La Iglesia Católica desarrolla acciones supletorias que el Gobierno debería implementar pero como tiene ciertas limitaciones, la Iglesia de propia iniciativa decidió por la atención del sistema educativo, de salud, los medios de comunicación y otras acciones como la pastoral de la niñez, del anciano, de los migrantes, de la cárcel, que implica contacto con personas y grupos que reciben colaboración.

En muchos lugares del país se encuentran las escuelas de convenio con Fe y Alegría, cuya principal acción es llegar con ofertas educativas a lugares alejados de los centros de la ciudad, experiencias que también reciben el apoyo del Gobierno nacional a través de convenios interinstitucionales.

La Iglesia Católica además tiene diferentes experiencias de trabajo con niños de la calle, con asilo de ancianos, trabajos de atención en la cárcel, además de lo tradicional en las parroquias con la atención de los sacramentos a través de las misas y celebraciones religiosas.

Es tanto lo que hace la Iglesia Católica a través de los obispos, los sacerdotes y religiosas que se comprometen en acciones de promoción social, por eso, no es comprensible la actitud del Gobierno de atacar permanentemente a una institución que tiene prestigio y fieles católicos que no se puede desconocer.

Siendo el Censo de prioridad nacional y una referencia para distribución de los recursos económicos y la asignación de escaños de representación política es inadmisible que la boleta censal no tome en cuenta la religión, sobre todo, cuando se trata de responder a las exigencias de la sociedad civil que tiene demandas a la que el Gobierno debe atender con seriedad a través de políticas que tomen en cuenta a la población y sus tradiciones religiosas.

El autor es periodista y docente universitario