Antes de llegar a La Paz salta a la vista el majestuoso cerro Illimani y sus montañas con picos de hielos derretidos. Al bajar desde la ciudad de El Alto, ubicada a 4.000 msnm, hasta la ‘hoyada’ por la concurrida avenida La Ceja que conecta a la autopista, se observan autos, minibuses, micros y colectivos desde la mitad del siglo XX hasta modelos 2016.
Al llegar al centro de La Paz y recorrer sus calles, da la sensación de retroceder 207 años atrás en la historia. Es el caso de la pintoresca calle Jaén, donde el suelo empedrado y el estilo de las edificaciones, hacen imaginar al transeúnte el ruido de los caballos jalando los carruajes señoriales.
La gente en La Paz aún puede fascinarse de las casonas del siglo XVII en varios puntos de la ciudad. En el caso viejo, los edificios importantes como el Palacio de Gobierno y el Palacio de la Cámara de Diputados, reinan alrededor de una plaza cuyo dueño es el señor Pedro Domingo Murillo, su libertador.
Se dice que durante la colonia el eje de vida paceño era el templo de San Francisco, que se alza orgullo de medio de modernas edificaciones. Desde su capilla hacia el norte, la urbe pertenecía a los indios en dirección a la plaza Murillo, dominaban los españoles. Estas diferencias, entre otras cosas dieron pie a la emancipación. Hoy la zona de San Francisco es el espacio de todos, uno de los sitios turísticos por excelencia, tanto por la arquitectura de su templo construido entre los siglos XVI y XVII como por ser el ingreso a uno de los mercados de artesanías más variados de Bolivia. Desde ese punto hacia el sur también se llega a El Prado, un paseo obligado en esta urbe tan histórica como maravillosa.
Llegamos a la casa de Pedro Domingo Murillo, el principal gestor del grito libertario paceño. Al estar en este inmueble, convertido ahora en museo, te nutres de este hecho que movió a América y al mundo. Allí el 16 de julio de 1809 se planificó una de las emancipaciones más importantes y decisivas del continente, ya que se dio inicio a la independencia y motivó levantamientos armados en la región. La casona del protomártir de La Paz, ubicada en la colonial y bien conservada calle Jaén, aún guarda el encanto que seguramente tenía en aquellos tiempos de revolución. Construida en a principios del siglo XVIII, preserva gran parte de las cosas personales y manuscritos de su antiguo propietario, cuyo nombre es conocido en las escuelas bolivianas. “La tea que dejo encendida, nadie podrá apagarla”, es la frase que enorgullece a sus paisanos hasta hoy en día.
Después de recorrer esos sitios emblemáticos, la atípica ciudad de La Paz cuenta con un moderno teleférico cuyas cabinas se alzan por encima de las casas empinadas. Cuenta con enormes edificios, puentes, avenidas y calles por donde circulan vehículos de todo tipo pero lo que llama la atención son los famosos buses Puma Katari. Todos esos avances le han valido a La Paz obtener el título de Ciudad Maravilla del Mundo.


