Análisis

LA NATIVIDAD DEL SEÑOR – Lc 2, 1-14 – 25 DICIEMBRE 2011

“EL NACIMIENTO DE JESÚS ES MOTIVO DE MUCHA ALEGRÍA PARA TODO EL PUEBLO”

En la liturgia de la Solemnidad de Natividad experimentamos que Dios es eminentemente comunicativo y que nos ofrece como signo en su Hijo Jesús como la comunicación definitiva: Dios quiso decir una Palabra -la definitiva- que no es la palabra que, como en boca de muchos, se queda en el aire y se pierde, sino que se hizo carne, sangre, hueso, historia, tiempo, cultura, llanto, risa, mirada, abrir y cerrar los ojos… Dios dijo una Palabra viva en la persona de Jesús y esta comunicación de ‘Dios-con-nosotros’ ha sido, es y seguirá siendo un motivo de gran alegría para todo el pueblo, por eso celebramos con fervor y devoción al niño que nos nace en el pesebre.

Esta solemnidad tiene que ayudarnos a comprender que Dios quiere y realiza la comunión con los hombres y las mujeres de todos los tiempos; un Dios que vive construyendo comunión entre nosotros y nos invita a buscar formas de comunicación que dejen atrás las palabras vacías para convertirse en palabras de carne y hueso; palabras que se comprometan con la historia que relatan, que lloren con las tragedias violentas ocasionadas por los corazones alejados de Dios, que se alegren con lo bello de la vida, que sangren con las balas que salen de los gatillos del odio, que se rían de los chistes que recuerdan, que caminen junto al pueblo malherido, que se inflamen de esperanza con la risa de los niños. Reflexión de Benjamín González Buelta, s.j. que las he contextualizado para nuestra realidad.

Pero, con prudencia digo, la Navidad tiene que ser para ver que la vida sigue aconteciendo, sólo hace falta que miremos nuestro entorno, abramos nuestro corazón a las realidades pequeñas y constataremos que Jesús sigue naciendo. O sí no veamos la historia que narrada el libro titulado “Mi pie izquierdo”, es la autobiografía homónima de Cristy Brown. En 1989 en un pueblo irlandés – británico se filma la película basada en la historia, la dirige Jim Sheridan, protagonizan Daniel Day-Lewis, Brenda Fricker, Ray McAnally y Fiona Shaw como actores principales, se los recomiendo verla.

Corría el año de 1944 en un lindo hogar de Inglaterra, en un pequeño pueblo no muy lejos de Londres. Esa noche había nacido su primogénito que trajo la mayor alegría que en la vida habían tenido sus padres, un contador de un centro comercial Inglesa, y una mujer de gran carácter que estaba dedicada a las labores del hogar. Hubo gran fiesta y toda la familia, tíos, primos y amigos del recién nacido lo celebraron con las mejores pompas a su alcance. El pequeño era un lindo niño rosadito y muy alegre.

Al transcurrir de los días fueron notando que el niño no se movía del sitio en el que su madre lo colocaba. Empezaron a observarle con gran preocupación y, efectivamente, el niño era un ser estático. Entonces, le llevaron a los médicos de la ciudad quienes después de examinarle dijeron que el niño padecía una grave enfermedad y que lo debían llevar a Londres para ponerlo en manos de especialistas. Tan pronto pudieron, lo llevaron a un hospital neurológico en la capital inglesa. Después de muchos exámenes y reuniones médicas, los padres supieron que el niño padecía parálisis cerebral congénita en mayor grado. El médico director les explicó con gran claridad de la enfermedad de la que se trataba y les manifestó que las personas que las padecía no podrían moverse en todos los años de su vida. Además, les dijo que como no había desgaste corporal, estos niños vivían generalmente muchos más años que las personas con motricidad normal.

El médico añadió que conocía el sufrimiento de las familias en estos casos. Los padres de este tipo de niños sufrían mucho. Por tanto, se les solía recomendar internar a sus hijos de por vida en un hospital especializado, donde los trataran con cariño y esmero personas, desde luego, no familiares y frecuentemente variadas que sabían sobrellevar a este tipo de pacientes. Su padre accedió con gran tristeza, pero con el convencimiento de que sería lo mejor para el pequeño. Pero su madre lo abrazó contra su pecho y dijo que por ningún motivo lo entregaría a nadie. Desde ese momento, dedicó toda su vida a darle los mejores cuidados.

Ya era un muchacho de 18 años, cuando un buen día bañándole, le pareció que le vio mover el dedo gordo de su pie izquierdo. La madre se le acercó y le dijo al oído: “hijo, creo que has movido un dedo, por favor si es así te ruego repite este movimiento”. La madre vio con una inmensa alegría que efectivamente movía el dedo gordo de su pie izquierdo. Su madre, muy emocionada, lanzó un grito y dijo: “Destellos de luz”.

La vida de Jesús también fue “motivo de gran alegría para todo el pueblo”, tal como nos narra Lucas en el mensaje de los ángeles a los pastores, diciendo: “no teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el Pueblo”. Desde la fragilidad, propia de un recién nacido, lleno de necesidades y sin poder valerse por sí mismo, Jesús nos habla del valor infinito de toda vida humana. Hoy amanece el Niño Jesús en medio de nosotros para enseñarnos que Dios se vale de nuestra pequeñez, para hacer obras grandes y para ofrecer al mundo “destellos de luz” a un mundo cada vez más oscuro.