Análisis

La ilusión del fin del mundo

Según el calendario maya, el 21 de diciembre se acaba el mundo, se extingue la Tierra, es el fin de la humanidad. Sospecho que ese día no ocurrirá nada extraordinario y que la vida de cada uno de nosotros seguirá su rumbo a la espera de un Año Nuevo 2013.

Que el 21 de diciembre comience la Era del Moqochinchi (refresco de durazno seco hervido) y la Era del Willkaparu (refresco de maíz del mismo nombre) y que termine la Era de la Coca Cola, es el deseo expresado por el canciller Choquehuanca, toda vez que esta autoridad sueña con que la transnacional acabe su negocio en el país.

Para sorpresa del Canciller, es casi seguro el 21 de diciembre no ocurrirá nada catastrófico, el mundo seguirá girando en su órbita y cada uno de nosotros –a pesar de los temores y de la incertidumbre del fin del mundo– seguiremos viviendo para contar la historia, por supuesto que la transnacional también seguirá con su negocio redondo, porque muchos prefieren tomar Coca Cola que consumir leche o refresco de moqochinchi.

Para los portadores de malos agüeros, futurólogos, pronosticadores, apocalípticos, como se los quiera llamar, siempre ha existido la idea del fin de mundo, lo que tampoco es nada nuevo. Lo escuché cuando era niño, después de joven y ahora lo vuelvo a escuchar de adulto. Nos quieren atemorizar, sembrar miedo e incertidumbre para reinar y sacar ventajas del poder político y económico.

El problema que ocasiona la ilusión del fin del mundo es que provoca en las personas una actitud de pesimismo, de apatía e indiferencia frente a la vida y los proyectos personales que se podrían encarar a futuro, paralizando iniciativas  y formas de enfrentar los desafíos. ¿Qué sentido tendría pensar en el futuro si el fin del mundo está tan cerca?

En el pasado, frente al temor y la incertidumbre del fin del mundo, se han dado casos de suicidios individuales y colectivos por el bajo nivel de tolerancia y cualquier rumor podría provocar decisiones inmaduras que perjudican a las familias y a la sociedad.

Para que suceda el fin del mundo, como dice el periódico el Tiempo de Colombia, la tierra y la humanidad podría llegar a su fin siempre que exista el impacto de un meteorito, una guerra nuclear, la explosión de una estrella gigante, una pandemia global o finalmente la erupción de un súper volcán. De momento, nada de eso, al parecer, ocurrirá.

Para que sobrevenga el fin del mundo deberían existir guerras, peleas, conflictos o la naturaleza tendría que provocar terremotos, maremotos, huracanes, pestes humanas, lluvias y tempestades para hacer que, de manera global, se acabe la vida y que nosotros no podamos contar la historia porque de todos modos pereceríamos.

Pero la naturaleza es tan sabia que provee de productos de todas las variedades y los hombres producen bienes y transforman el medio ambiente para ponerlo a su servicio. Por tanto, el 21 de diciembre el mundo y la humanidad seguirán de pie, a pesar de las predicciones y de la ilusión de acabar con la vida de las personas, de las plantas y de los animales.

En síntesis no habrá fin del mundo porque no hay nada catastrófico, no se extinguirá el planeta, porque esa idea se repite cada cierto tiempo para sembrar miedo y que es una forma de distraer y desviar temas más importantes relacionados a los sistemas del poder que paralizan y alientan el pesimismo. Adiós a la ilusión del fin del mundo.

El autor es periodista y docente universitario