A cinco años del fallecimiento del P. Francisco Dardichón Avelló SJ, es esencial expresar que su legado sigue vivo en la memoria de quienes tuvimos la dicha de conocerlo y compartir juntos la experiencia de hacer Comunidad en la Parroquia San Pio X. Su vida, siempre fue un vivo testimonio de entrega a Dios, su vocación sacerdotal, compromiso con la educación y el pensamiento crítico, es una firma personal que dejó de su absoluta confianza en Aquel en quien puso su confianza: Jesucristo.
Nacido en Barcelona en 1930, su infancia estuvo atravesada por los horrores de la Guerra Civil Española y el exilio en Francia. Estas experiencias no hicieron más que forjar en él una sensibilidad profunda por el sufrimiento humano y una disposición incansable al servicio. Su encuentro con la Compañía de Jesús fue la respuesta a un llamado que resonó en su corazón y que lo llevó a recorrer tierras lejanas, con Bolivia como su segunda patria.
En nuestro país, su presencia se sintió en La Paz, Oruro, Santa Cruz y Cochabamba, donde no solo ejerció su ministerio en parroquias, sino que también formó generaciones enteras de jóvenes en la Universidad Católica Boliviana, Universidad Mayor de San Simón, Colegio Italo Boliviano y otras instituciones. Su labor pastoral y educativa era su pasión, “Me pagan por hacer lo que me gusta” solía repetir.
Era un apasionado por la enseñanza. En las aulas, charlas, escritos y homilías instaba a no conformarse con respuestas fáciles, sino a cuestionar, profundizar y razonar desde la fe. Su énfasis en la duda metódica, inspirado en la tradición filosófica de Descartes era su favorita y con ella creaba espacios de dicernimento sencillos y prácticos. Nunca le faltaba un buen ejemplo, chiste, parábola o noticia del día para enriquecer sus contenidos.
Su vasta producción bibliográfica apoyada por la Editorial Verbo Divino es un reflejo de su amor por el conocimiento y la evangelización. Intentaba siempre poner en fácil lo que parecía difícil, en corto lo que era demasiado extenso y por ello fiel a su estilo mediante sus escritos, narró la vida de mártires y santos, testigos de una fe vivida con radicalidad en libros fáciles de comprender, reflexionar y transportar. Sus publicaciones no eran meras biografías, sino testimonios vivos de hombres y mujeres que, como él, supieron en quién pusieron su confianza.
Una Fe Inquebrantable
Los últimos años de su vida estuvieron marcados por una prueba difícil, una embolia le arrebató la capacidad de hablar. Para un hombre que le gustaba hablar, este fue un desafío inmenso, “Ahora Dios quiere que calle y escuche” solía expresar de forma escrita. Sin embargo, nunca perdió la paz ni la confianza en Dios. Su recuperación fue un testimonio del amor, paciencia y perseverancia que su comunidad parroquial acompañó siempre muy de cerca.
A pesar de su limitación, su mirada seguía transmitiendo la misma intensidad y profundidad de siempre. En esos ojos se reflejaba la certeza de quien sabe que su vida está en manos del Señor. Y así, en ese silencio obligado, su testimonio se hizo aún más elocuente.
Un Legado que Perdura
El paso del P. Dardichón por Bolivia no fue fugaz ni superficial. Sembró con generosidad el mensaje que le fue encomendado en cada parroquia, cada aula y cada libro que escribió. Su legado es el de un sacerdote que nunca dejó de confiar en Dios, que nunca dejó de enseñar y que nunca dejó de amar a Jesús, a su parroquia, a sus amigos, a sus Hermanos y a sus equipos de fútbol: el Barcelona y el Wilsterman.
Hoy, a cinco años de su partida, su vida sigue siendo un faro de inspiración para quienes creemos que la fe es más que una creencia, es un compromiso diario, una entrega sin reservas y una confianza absoluta en Aquel que nos llama a seguirle.
Como él mismo solía expresar con convicción: Sé en quién he puesto mi confianza.





