La voz de María nos guía a Jesús: nos recuerda que la clave está en obedecer a Cristo.

“Yo les digo a ustedes que me escuchan: amen a sus enemigos.”
“Hagan todo lo que Él les diga”. Eso es lo que el Señor nos dice.
“Hagan todo lo que Él les diga”, y aquí estamos en el santuario de la mamita de Cotoca. Y ahora, ¿qué nos dice Jesús? Aquí está lo que nos dice Jesús. Empieza el Evangelio y dice: “Yo les digo a ustedes que me escuchan… ¡ustedes!”. No es a sus discípulos. Ahora es a ustedes, a cada uno. ¿Qué les dice? “Yo les digo a ustedes que me escuchan: amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian, bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los difaman”. Eso nos dice Jesús.
¿Y María qué nos dice? “Hagan lo que Él les diga”. ¿Se dan cuenta? Esa frase que dice María es tan importante para nosotros. María, la mamita, como la conocemos aquí, no hace milagros; ella intercede por cada uno de nosotros: los que venimos a decirle, los que venimos a comentarle, los que venimos a lamentarnos aquí delante de ella. Y ella pedirá a aquel que comenta, que le pide a ella: “Hagan lo que Él les diga”. Y aquí Jesús nos dice: “Amen a sus enemigos”.
El verdadero desafío del amor cristiano: Amar al prójimo es fácil, pero el verdadero mérito está en amar a los enemigos.

“Si haces el bien solo a aquellos que te hacen el bien, ¿qué mérito tienes?”
¿Es fácil esto que nos dice Jesús? Y, sin embargo, María nos dice: “Hagan lo que Él les diga”. Si no hacemos lo que nos dice, ¿entonces en qué queda nuestra fe? ¿En qué queda eso de venir hasta aquí para pedirle a María que interceda por nosotros si nosotros no hacemos lo que su Hijo nos dice? ¿De qué nos sirve entonces?
Lo que nos propone hoy Jesús es tan importante en nuestra vida, fundamental, yo diría. ¿Por qué? Porque cuando dice: “Amen a sus enemigos”, eso es difícil a veces. Con todo lo que nos han hecho, a lo mejor decimos: “¡Difícil que yo lo ame!”. ¿Y lo que me ha hecho? ¡Difícil que yo ore por esa persona que habla mal de mí! ¿Cómo voy a estar orando por ella?
Y, sin embargo, Jesús dice: “Si haces el bien solo a aquellos que te hacen el bien, ¿qué mérito tienes?”. ¿Qué mérito tienen si están ahí haciendo lo que les parece solamente? No hay ningún esfuerzo en eso. Sin embargo, el mayor esfuerzo está en esto: “Amen a sus enemigos, oren por los que los odian, tengan en cuenta a aquellos que los difaman, oren también por ellos”.
El camino de la misericordia y la oración: El Señor nos invita a responder con misericordia, orando por los que nos difaman.

“Hace llover para todos, no solamente para aquellos que están con Él, para aquellos que le escuchan, para aquellos que hacen lo que Él les dice, sino PARA TODOS.”
Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra. ¿Qué es lo que nos quiere decir con esto? Que muchas veces nosotros somos flagelados, somos hechos trapo, como decía otra persona, porque hablan mal de nosotros, no porque seamos eso que dicen. Y, a veces, no somos capaces de soportarlo.
Y, sin embargo, el Señor dice: “Si eso que te dicen no es cierto, ¿por qué tienes que asumirlo así y sufrir por eso? Más bien, ora por esa persona que está hablando mal de ti. En vez de estar culpándola como enemiga, ora más bien por ella, para que se convierta, para que piense, para que sepa que no es bueno hablar mal de otra persona”.
Entonces el Señor dice: “Oren por aquellos que los difaman”. Y continúa diciendo Jesús, esto que aquí, delante de la mamita, nos está diciendo hoy: sean misericordiosos. Este domingo predomina esta frase: MISERICORDIOSOS, y sean misericordiosos porque, así como el Padre es misericordioso con ustedes, Él hace salir el sol para todos. Dice la lectura: “Hace llover para todos, no solamente para aquellos que están con Él, para aquellos que le escuchan, para aquellos que hacen lo que Él les dice, sino PARA TODOS”.
Llamados a reflejar la misericordia divina: Jesús nos invita a ser como el Padre: generosos, misericordiosos y sin juicio hacia los demás.

“Hace salir el sol para todos, que hace llover para todos, no para algunos. Sean como Él, misericordiosos.”
Ese es nuestro Padre Dios: hace salir el sol para todos. Y ahorita hay una gran cantidad de gente, pero ¿cuántos se han quedado por fuera? ¿Cuántos nos hemos encontrado en la peregrinación que pareciera que no les llama la atención esto? Están ahí y, sin embargo, están disfrutando del sol; y, sin embargo, están disfrutando de aquello que Dios nos da.
Por eso dice: Sean misericordiosos como su Padre es misericordioso, que hace salir el sol para todos, que hace llover para todos, no para algunos. Sean como Él, misericordiosos. Y continúa diciéndonos: “No juzguen y no serán juzgados”.
María nos guía a la obediencia del amor de Cristo

“No juzguen y no serán juzgados, perdonen y serán perdonados”
¿Qué nos dice María? Hagan lo que Él les diga. Jesús nos dice: “No juzguen y no serán juzgados, no condenen y no serán condenados, perdonen y serán perdonados”. Eso nos dice Jesús. Y María nos dice: Escúchenle a Él, Él nos está diciendo qué tienen que hacer.
Y eso nos dice Jesús: “No juzguen y no serán juzgados, perdonen y serán perdonados”. A veces no le tomamos atención a esa parte, llegamos hasta ahí. María dice: Hagan lo que Él les diga, pero hasta ahí nomás… ¿Y qué nos dice Jesús? “Ah, no sé qué nos dirá…”.
Hoy nos está diciendo, directamente a nosotros nos habla este domingo. ¿Acaso esta no es buena noticia? Dios nos habla así, de esa manera, porque Él los quiere, porque Él los ama y no quiere que nadie se pierda en el camino.
El amor exige responsabilidad y corrección: Dios nos exige con amor para nuestro bien

“Aquel que quiere a su hijo, entonces exige que haga bien las cosas. Y eso es Dios con nosotros”
Así como ustedes, que son papás, papá y mamá, aquí el que está con su hijo y le exige que haga bien las cosas es porque lo quiere, porque lo ama. Si no fuera así, entonces le daría todo para que no moleste:
“Toma la llave del auto, andá, haz lo que te parezca. Toma aquí un dinero, anda a comprar lo que quieras, pero no molestes aquí.”
Oiga, ¿eso es querer a su hijo? Eso no es querer a su hijo. Cualquier rato le llega con un vicio, con un accidente, algo… y recién dice: “¿Por qué hice esto?”… Tarde.
Aquel que quiere a su hijo, entonces exige que haga bien las cosas. Y eso es Dios con nosotros. Él nos está diciendo qué tenemos que hacer: Perdonen y serán perdonados.
Y termina diciendo el Evangelio: “Porque la medida con la que ustedes midan, también la usarán con ustedes”.
¿Lo tomamos en cuenta esto? Porque la medida con que ustedes midan, también la tomarán con ustedes.
Romper el ciclo del mal con misericordia: La invitación es a no replicar el mal, sino a ofrecer el perdón y la paz.

“Con la medida que ustedes midan, también serán medidos”
Por ejemplo, ¿a quién le gusta que le insulten? Levante la mano para que le insultemos todos ahorita… Nadie, ¿no? Nadie. Pero ¿cuántos de ustedes han insultado? Y cuando ustedes han insultado, ¿qué les han respondido? ¿qué les han dicho?:
“¡Gracias por el insulto, ¡qué bonito, me gustó esa frase que me ha dicho! ¡qué hermosa!”
¿Les han dicho eso? ¡No! Si ustedes insultaron, les han respondido con muchas más palabras de las que ustedes dijeron. Entonces, aquí nos está diciendo: “Con la medida que ustedes midan, serán medidos”.
Si ustedes insultaron, no esperen un gracias, esperen un insulto igual. De eso estén seguros. Entonces, si no quieren recibir lo mismo, no lo hagan, no insulten y no serán insultados. Por eso es lo que nos dice aquí: “Con la medida que ustedes midan, también serán medidos”.
La política del perdón y el amor fraternal: Es hora de superar el insulto y la división, y construir con acciones concretas el bien común.

“Ama y serás amado, perdona y serás perdonado.”
No mientas y no te mentirán, ama y serás amado, perdona y serás perdonado, porque si no perdonas, te van a hacer peores cosas. Y hay personas que viven con ese odio en el corazón. ¿Por qué será que nos gusta vivir así? ¿Qué sacamos con el odio? ¿Qué ganamos con odiar?
Ahora estamos en este tiempo de campaña. ¿Será que así se ganan votos? A lo mejor los políticos entienden que insultando al enemigo van a ganar votos, van a ganar aprecio. ¿Será que es así? Yo no lo entiendo.
Pero, sin embargo, esa es la política: siempre están insultando al enemigo, insultando al adversario, diciendo cosas del otro, como diciendo “yo soy el mejor”. Y de la otra parte dicen lo mismo, o sea, vienen esos insultos de aquí y de allá.
¿Qué se sacan con eso? ¿Qué se ganan con eso? ¿Nosotros esperamos eso? ¡Creo que no! En vez de insultos, más bien presenten lo que piensan hacer para salir de la situación que estamos viviendo. Creo que eso es lo que esperamos y no que se estén insultando por aquí y por allá. ¿Qué ganamos con eso? ¡NADA!
La importancia de hablar con verdad y conciencia: Nuestro llamado es a juzgar con justicia y no difamar.

“Si no tiene fundamento, ¿por qué dice cosas? Eso es difamar y eso es juzgar.”
Y a veces hay seguidores también de algún candidato que dice lo mismo. El candidato dice: “Esta persona es así, así”, y los seguidores hacen lo mismo: “así, así”. Pero, ¿tiene fundamento usted para decir lo mismo?
Si no tiene fundamento, no lo diga, no juzgue, no difame. Si no tiene fundamento, ¿por qué dice cosas? ¿Solamente porque las ha escuchado? Eso es difamar y eso es juzgar. No lo hagan.
Si tienen fundamento, sí, adelante, pero si no, cállese, no diga nada. Y así va a estar en conciencia, va a estar bien. Eso nos dice el Señor hoy. Al principio, lo que dice esta frasecita, para que la tomemos en cuenta y la llevemos como parte de este día:
“Yo les digo a ustedes, los que me escuchan…” El Señor les habló hoy. ¿Lo han entendido?
Una peregrinación hacia la transformación interior: La Puerta Santa simboliza el camino hacia la paz, el perdón y la renovación en Cristo.

“Si queremos que Dios nos perdone, entonces perdonémonos entre nosotros.”
Hoy hemos hecho una peregrinación. Como vimos allá en la entrada, la Puerta Santa para nosotros, aquí en el Santuario. ¿Qué significa eso?
Pues significa que este año es un año de gracia para nosotros. El Papa lo ha declarado así y nosotros lo asumimos como tal. Un año en que el Señor quiere perdonarnos, quiere decirnos: “Basta de vivir como estás viviendo. Quiero que te sientas bien. Quiero que limpies dentro de ti todo aquello que no te deja ser feliz. Quiero que saques eso.”
Entonces, ¿qué hay que hacer para eso?
Hay que peregrinar
Hay que llegar a la Puerta Santa, entrar por ella, hacer su oración
Ya lo hemos hecho hoy para empezar, pero falta algo más.
Hay que confesarse.
Hay que participar en la Misa.
Hay que comulgar.
Hay que regularizar nuestra situación con los sacramentos.
Hay que orar por la intención del Papa.
Hay que pedir perdón.
Hay que perdonarse entre ustedes también.
Si queremos que Dios nos perdone, entonces perdonémonos entre nosotros.
El perdón como camino de paz y sanación: Dios nos enseña que, al igual que en la familia, la reconciliación con el prójimo es esencial para recibir su perdón.

“Perdonen y serán perdonados.”
Yo creo que eso los papás lo entienden. Cuando los hijos de ustedes están peleados y uno de ellos les dice: “Papá, mamá, perdónenme, ya no lo voy a hacer, ya no voy a pelear con mis hermanos”, ¿Cuál es la respuesta de ustedes, papá y mamá? “Está bien, hijito, pero vaya y pídale perdón a su hermano”.¿No le dicen eso?
Lo mismo nos dice Dios: “Yo te perdono, pero anda a pedirle perdón a aquella persona a la que le has hecho daño”.
La lectura dice: Si no hacemos eso, ¿qué mérito tiene pedir perdón a Dios? Si no nos acercamos a aquel al que le estamos haciendo daño, ¿qué mérito hay ahí? El mayor mérito está en acercarse y decir: “Discúlpame, perdóname, yo sé que me equivoqué”.
El perdón se pedirá por lo que usted ha hecho, no por lo que el otro hizo. A veces nos quedamos con eso: “¿Yo qué le voy a pedir perdón si fue ella la que empezó? Que venga y me pida perdón”.
Y la otra persona dice lo mismo:“Yo le dije una palabra y me respondió con diez, que venga y me pida perdón”.
¿Quién va a perdonar a quién? El que quiera ser perdonado, da el paso y pide perdón.
Eso nos dice hoy la lectura: “Perdonen y serán perdonados”.Eso es lo que hoy hemos hecho.
La puerta de la gracia abierta para todos: La reconciliación con Dios y con los demás es un camino de sanación que comienza hoy, no mañana.

“Hoy tenemos la oportunidad de pedir perdón por esa persona.”
Yo los invito a ustedes a que de verdad reflexionen y vean su vida. Todo el año tenemos para eso, pero no lo dejen para lo último. Que estamos acostumbrados también a eso: el último día queremos hacer todo.
Todo el año tenemos la oportunidad de pasar por la Puerta Santa. Inclusive, si ustedes de verdad así lo sienten y sienten también esa gracia de Dios, pasando por la Puerta Santa, haciendo lo que se debe hacer, orando por la intención del Papa, haciendo el bien a los demás y pidiendo perdón por sus difuntos que ya no están con ustedes, también serán perdonados sus pecados.
Háganlo.
¿Cuántas personas, a lo mejor, hemos tenido malos entendidos y cuando ya se han ido, recién decimos: “¿Por qué no me acerqué para pedirle perdón?” “¡Cuánto me arrepiento de esto!” “¡Cuánto quisiera que estuviera aquí para decirle: ‘Perdóname’!”
Hoy tenemos la oportunidad de pedir perdón por esa persona. Entonces, tenemos una gran oportunidad, de verdad, hermanos y hermanas. ¿Cuánto no quisiéramos volver al camino correcto que el Señor nos indica?
Que dejemos ya de lado tantos problemas que tenemos en la sociedad y que, a veces, por ese individualismo, por el egoísmo entre nosotros, estamos como estamos. Si dejáramos todo eso y escucháramos al Señor que nos habla hoy, yo creo que seríamos felices.
Pero nunca es tarde.
Los invito de verdad a que lo piensen así, que lo hagan y se comprometan.
Que así sea.



