Cochabamba

La casa “De la Catedral” un rincón lleno de historia. Quiero hacer un Museo pero es difícil

ADOSADA A LA IGLESIA DE LA CATEDRAL EN COCHABAMBA | SE ENCUENTRA UNA ANTIGUA Y HERMOSA CASA COLONIAL DEL AÑO 1700. FUE UN BIEN ECLESIÁSTICO Y POSTERIORMENTE PASÓ A MANOS DE LA FAMILIA ANZE.

ACTUALMENTE ES UN rincón LLENO DE ARTE E HISTORIA.

“Arte en la libertad del espíritu para las inmensas minorías, Collpaciaco”, es el nombre que le puso el Rvdo. Padre Fernando Rojas Silva a la casa museo que, situada en el pasaje de la Catedral, es donde él habita.

“Collpaciaco es una finca que perteneció primero a los Agustinos, que fueron misioneros en el Valle Alto, a unos tres a cuatro kilómetros de Arani. Construyeron este convento que fue muy importante porque desde ahí se evangelizó a toda esa zona. Posteriormente, la capilla, el convento y la finca, como todos los bienes eclesiásticos en 1825 por decreto del Mariscal de Ayacucho, pasó a propiedad del Estado y los agustinos, domínicos y mercedarios dejaron sus propiedades.

Tiempo después, la capilla, la finca y el convento se conservó en poder de la familia Sagárnaga, que se la adjudicó por remate; ésta familia había participado en la lucha libertaria en La Paz.

Luego esa casa pasa manos de doña Candelaria Valdez Sagárnaga, que se casó con un antepasado mío, Don Domingo Paz Soldán, que llegó de Arequipa, cuenta el Padre Rojas para añadir que ese lugar está unido a él no solo por religión sino porque fue de su familia hasta la Revolución del MNR en 1952, cuando botaron a la familia de allí”, explica.

“La idea que tengo de esta casa museo de la Catedral es recuperar esa memoria histórica que a nadie le importa, y lo digo enfáticamente porque a nadie le interesa recuperar la memoria; creo que nos encontramos en un proceso en el que hay que borrar el pasado, hay que descolonizarnos y, por otra parte, porque la juventud ya no tiene interés por las cosas antiguas y las instituciones”, dice Rojas.

“Yo no tuve suerte en la Iglesia misma, porque volví del extranjero con muchas ideas, de hacer cosas interesantes, un museo eclesiástico, pero me he topado con una absoluta frialdad. Tengo la idea de volver esto un museo, un lugar de exposiciones, talleres, debates, muestras de arte y también ofrecer antigüedades, pero al final en lo que ha tenido éxito es que soy buen cocinero, alguna vez me han pedido que haga comidas aquí y las he hecho para pequeños grupos”, cuenta.

El Museo ya está listo, el problema es que no tengo ninguna financiación, los que más vienen son extranjeros, por eso estoy un poco desilusionado. Yo soy de una mentalidad bastante abierta y en la apreciación del arte hay cosas que me imagino pueden no gustarles a muchos, dice.

“Yo soy de una de las familias más tradicionales y antiguas de Cochabamba y estoy relacionado con mucha gente de esa historia desde el comienzo de éste Valle, yo estudié Filosofía, Teología, Ciencias Sociales y Arte en Chile, soy Sacerdote y ya estoy medio cesante por la edad y decidí dedicar el resto de mi vida a promover la tradición y el arte. He trabajado en diferentes lugares en Bolivia y América Latina, he estado en este valle en diferentes parroquias, mi esfuerzo ha sido siempre reparar, conservar y transformar, construyendo por ejemplo la parroquia de Cala Cala, es una obra de la cual me siento feliz, pero cuando haces una tarea de reconstrucción, el que te sucede, muchas veces piensa que es añadir y añadir más cosas, entonces te cambia el estilo, terminando muchas veces en algo de mal gusto; hasta ahora he construido o refaccionado siete iglesias”, cuenta.

LA HISTORIA DE LA CASA

“La casa tiene una historia larga, está completamente adosada a la Catedral, todos los muros son de la Catedral, estamos metidos dentro de la misma, lo cual indica que fue un bien eclesiástico, un bien de la Iglesia, donde fue el primer convento de las Madres Carmelitas, cuando llegaron a Bolivia y todavía no se había construido el monasterio de Santa Teresa de la Plazuela del Granado, vivieron aquí unos años.

Esta casa es de 1700, se puede ver en los pilares, la escalera de caracol es una de las cosas más hermosas que tiene; se han hecho algunos añadidos posteriores pero siempre tratando de mantener su estilo original”, indica.

“Esta casa se unió a las dos casas grandes colindantes, que también pertenecían a la Iglesia, eran casas del obispo Del Granado y Taborga, pero por cosas de la vida, la Iglesia dejó de tener posición de estas casas que se convirtieron en una sola cuando llegó el señor Anze, un migrante, el primer boticario que hizo la Botica Boliviana, que está en la plaza 14 de septiembre. Eran tres casas en una, después han sido divididas y este pedazo fue como el patio de los sirvientes y antes había sido también un establo porque hay ganchos en las paredes donde se ve que amarraban al ganado, ya sean vacas o caballos. Este fue el tercer patio, lo llamaban el patio de la Rosalía que era el nombre de la señora que manejaba la cocina para la familia Anze.

Esa es la historia de la casa que pasó de manos de la Iglesia a manos privadas. Ahora sigue siendo un bien privado y lo ideal sería que esto sea un patrimonio público”, dice el Padre Rojas.

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LA DECORACIÓN

“Tengo hermosos cuadros como el de la finca Collpaciaco, en la entrada de la casa he puesto a todos los antepasados, siempre he guardado fotos tratando de recuperar la tradición, casi toda la estructura es piedra, el origen del nombre y la tradición cuatricentenaria de la familia. Arte de diferentes tiempos en los hermosos muros de la casa, que son de pura piedra”, explica.

“Tengo pinturas un poco más modernas y los muebles que tengo son antiguos, los cuadros son de pintores bolivianos y me traje muchos otros de Chile. También he creado un jardín interior chino, y para darle un toque diferente, cada cuarto de la casa tiene el nombre de una propiedad que hemos tenido a lo largo del tiempo. Todo el mobiliario es colonial, mucho de las fincas del Valle. Tengo algunos cuadros de 1700 y muebles también de esa época, tengo un Niño Jesús que he heredado y como tengo sangre chilena y boliviana, lleva las dos banderas. Otra reliquia importante es el cuadro de una tía que la han postulado para Santa, Virginia Blanco Tardío”, explica.

“En cuanto a la madera, las he restaurado algunas pero siempre tratando de conservar lo antiguo. En la habitación principal se ha rescatado el tipo de techo que antes lo llamaban tumbado, arriba tenía cañahueca, tengo los escudos de la tradición familiar, los Rojas, Tardío, Paz Soldán, Ureta, Quiroga, Méndez, Silva y Prado he convertido esta ventana en una repisa donde guardo mis figuras precolombinas, y al otro lado cristales que le dan un aire libre”, indica el padre Rojas.

“He coleccionado cosas hermosas de arte, obras de arte, tengo pintura contemporánea con un estilo más libre, con diferentes interpretaciones de autores bolivianos en general y cochabambinos en particular. La cocina es un lugar especial donde colecciono acuarios; la pared de piedra, tiene un tragaluz antiguo”, indica.

No hay puerta que conecte la casa a la Catedral, ya que fueron bloqueadas. El padre Rojas habita hoy este espacio mágico, donde vivieron sus antepasados, un lugar hermoso y lleno de historia: la Casa de la Catedral.

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Por Sandra Cassab P. de L.