Internacional

Jóvenes católicos en Cuba animan para la llegada del Papa

No podía llegar el Papa sin que la Pastoral más joven se uniera a la alegría de tener a Francisco, como los jóvenes le llaman, con nosotros.

Y fue de la manera a la que nos sentimos llamados, cómo asumimos el reto de anunciar la buena noticia de la llegada de Su Santidad. Como verdaderos callejeros de la fe, jóvenes de cada una de las zonas de nuestra diócesis se dieron cita el sábado 12 de septiembre para contagiar las calles con el entusiasmo que nos trae el sabernos cada vez más próximos al momento esperado.

Coordinada por la Pastoral de Misión, animada por el P. Yosbel, y por la Pastoral Juvenil, específicamente por la Pastoral Juvenil Misionera, conformada este último verano por los jóvenes que tienen experiencias regulares de misión, reunió aproximadamente 100 fieles que a las dos de la tarde se encontraron en el Arzobispado.

Aunque estaban representadas casi todas las comunidades de la diócesis, hubo una fuerte presencia de los municipios, así como de la comunidad de San José Obrero, que no trajo solo a jóvenes, sino que extendió la invitación a niños y adultos. Luego de una animación emotiva y cercana, a cargo de Vladimir Sarmiento, de la parroquia Nuestra Señora del Rosario, los participantes se dividieron en cinco grupos que tendrían la tarea de misionar en algunas de las calles más céntricas de la ciudad.

Aguilera, Martí, Ferreiro, Heredia, San Jerónimo y Bayamo se llenaron de afiches, pegatinas y plegables. Pero lo que distinguió a nuestra misión, más que el colorido de los recuerdos que fuimos dejando en las paredes, muros y puertas de nuestras calles, fue el encuentro con el otro, el hermano; fue el sabernos recibidos y acogidos por quienes detenían su andar agitado para recibir la noticia de que el Papa estará con nosotros. No faltó quien pidió pegatinas para toda la familia, quien las puso en sus timbiriches y negocios o quien bajó del último piso del edificio una canasta para que le echaran pegatinas, afiches… para los vecinos.

Un puñado de anécdotas asombra e impacta a los jóvenes misioneros. Son el comentario al terminar. Un cuentapropista que regaló batido de coco a los más de quince misioneros que pasaron por su cafetería; o un señor que no quiso poner el rostro de S.S. Francisco en el carrito de basura que conduce porque “el Papa no puede estar en la basura”. Nuestro pueblo nos asombra por su receptividad a la misión, por sus puertas abiertas al Mensaje, por su cariño especial al Santo Padre, a quien siente especialmente cercano. Nuestros jóvenes asombran por no tener miedos, por vivir la vocación de quien se sabe llamado a salir, no solo fuera del templo, sino de los espacios y grupos donde habitualmente profesan su fe. Su desenfado y desinhibición, tan propia de las más noveles generaciones, esta vez fue puesta al servicio del Reino.

Luego de “peinar” las calles mencionadas, cuatro de los cinco grupos se encontraron en la Alameda, y ahí el nuevo malecón y sus visitantes fueron testigos del encuentro. Las banderas de la Pastoral Juvenil no pudieron faltar. Los mensajes de Callejeros de la fe, Jóvenes al servicio de Cuba, junto con cantos como Nueva Generación, Veneración, Mi Dios está vivo… protagonizaron el rumbón misionero que se armó ante la mirada de los pasantes. Así, entusiasmados de sabernos misioneros, subimos todos por Aguilera, carteles en mano y en la boca estribillos al ritmo de conga. No pocos fueron quienes se asomaron al balcón o a las puertas para ver pasar y saludar a quienes cantaban: Francisco te queremos, el pueblo te recibe a nuestro suelo, Francisco, como ninguno, Santiago te recibe el 21.

Con otros cantos, muestra de la jocosidad que nos distingue, como Francisco, hermano, llévame contigo al Vaticano, o un pegajoso dialogo cantado: ¡Ahí viene el Papa! ¿Ahí viene el Papa? ¡Ahí viene el Papa! ¿Ahí viene el Papa?… llegaron los muchachos hasta el Arzobispado. Allí, en presencia de Jesús, vivieron un momento de cercanía y agradecimiento al Padre por tanta dicha recibida. La adoración al Santísimo presidida por el P. Yosbel y animada por las canciones y palabras de Sebastián, laico argentino de visita en nuestra diócesis, fue el momento para recordar lo que nos había sido regalado durante el día, para poner eso, y todo lo que somos, en manos de Dios Padre.

Desde las dos de la tarde hasta ya pasadas las siete de la noche tuvimos un momento de comunión especial. Ponernos en salida, si tuviéramos que definir alguna, sería la esencia que marcó este encuentro. Y es que los más jóvenes de nuestra Iglesia son unos expertos armando líos, eso a lo que nos llama el papa Francisco y que nos hacen descubrir que la naturaleza del ser cristiano pasa necesariamente por querer contagiar a otros no con doctrina alguna sino con la experiencia de sentirnos amados por Dios.

Esa tarde el cómo fue tan especial como el qué. La presencia de hermanas de diferentes congregaciones religiosas, de fieles misioneros de todas las edades y la compañía de nuestro Arzobispo Dionisio, amigo de los jóvenes, hizo que la experiencia sobrepasara los límites de lo puramente juvenil y se convirtiera en una jornada con sabor a comunidad.

Ya se ve que faltan solo días para que Francisco esté en nuestra patria porque ya se puede sentir, como repetían los muchachos que “se va la tristeza, llega la alegría, todo se transforma, y cuando pasa se va la tristeza, llega la alegría para ti y para mí”.