Análisis

Javier Torres-Goitia: El padre Mateo, el saber y la ignorancia

El saber y la ignorancia no son conceptos antagónicos. Cuando Sócrates afirmó: “Sólo sé que nada sé”, decía una profunda verdad. Cuanto más aprende una persona sobre cualquier tema, mejor puede reconocer lo mucho que le falta para dominar ese conocimiento. La modestia de los sabios no es pose de fantoche, sino el reconocimiento natural de una verdad. Los presumidos, que encarnan la ignorancia atrevida, suelen ser los que menos saben y precisamente por eso hacen alarde de sus conocimientos.

En el otro extremo tampoco se puede calificar de ignorante a nadie. Porque, en el amplio espectro del conocimiento, aún el iletrado ser humano sólo por vivir donde vive y cómo vive sabe más de su situación que el mejor de los antropólogos. Este último concepto es el que orienta el respeto que los médicos jóvenes deben tener en el trato con sus pacientes y es la base de la buena relación intercultural.

En nuestro medio, un sacerdote católico, el padre Mateo Bautista, sin ser médico, ha iniciado un movimiento social importantísimo. Los colegios médicos y otras instituciones lo están respaldando. Indirectamente, los enfermos de cáncer, que han salido a las calles en reclamo de equipos indispensables para su tratamiento y pidiendo que tal tratamiento sea accesible a sus precarias condiciones económicas, están también reforzando su solidaria iniciativa.

Hace menos de una semana, en esta misma página, al referirnos a la “Salud como derecho”, defendíamos el concepto de atención primaria de salud. Ahora, frente al maltrato que ha recibido el padre Mateo, de una alta autoridad política y a la desatención que sufren los reclamos de los enfermos con cáncer, podemos añadir que la atención primaria tampoco se reduce a la medicina comunitaria, ni impulsa una medicina de tercera para gente de segunda.

La atención primaria de salud parte de dar mayor importancia a la base de todos los trastornos, a la verdadera esencia de la enfermedad y no sólo a sus manifestaciones sintomáticas. Requiere, además, el empleo de la mejor tecnología adecuada a cada caso y, por tanto, necesita un presupuesto suficiente.

El padre Mateo está en lo justo al reclamar que el presupuesto de salud llegue por lo menos al 10%. Sin hacer alarde de sus conocimientos, sabe, lo que todos en Bolivia ven cada día: los puestos de salud, centros y hospitales están penosamente mal equipados y se debaten en la peor de las pobrezas.

Está también en lo justo cuando aclara que su reclamo no es político (ver Los Tiempos, 13 de junio). Evidentemente, no es político, ni debe serlo, porque la salud, como bien básico de la vida, tiene que mantenerse por encima de las diferencias político- partidarias.

En este sentido, aplaudimos las declaraciones brindadas a Cadena A por la exministra de Salud del gobierno del MAS, la doctora Nila Heredia, quien, con la honestidad que la honra, ha defendido los principios de la atención primaria de salud, ha reconocido las graves falencias del sector y la necesidad de un incremento presupuestario.

Igual que las estadísticas, la contabilidad de las instituciones está expuesta a manejos no siempre fidedignos. Felizmente, la verdad dejó de ser patrimonio oficial. La OMS publica periódicamente un atlas de los gastos en salud de todos los países del mundo. La información está en internet, en www.who.int/nha/database .

El documento muestra que el gasto en salud de Bolivia, como porcentaje del gasto total nacional, fue de 7% en 2012. Más demostrativo es el gasto en salud per cápita: Bolivia ocupa uno de los últimos lugares en el continente con 97 dólares anuales por persona. El promedio mundial es de 948 por persona y por año. Los países desarrollados gastan más de 4.000 dólares. El gasto en salud, como porcentaje del PIB en Bolivia, es apenas de 3%.

Para mayor detalle se puede también consultar los datos del Ministerio de Economía y Finanzas. Con esos datos, investigadores nacionales serios muestran que para el año 2013 el Presupuesto General del Estado fue de 181.821 millones y que salud recibió 10.182 millones, lo cual equivale al 5,6%. Pero, además, esta asignación global incluye los 4.530 que son los aportes que hacen las empresas e instituciones al seguro social. Si se excluye esta suma, la salud pública recibe solamente 5.652 millones, que hacen el 3,1%.

El padre Mateo, bien informado y con sólido respaldo, pasando por alto los inevitables obstáculos del encono político, debe seguir su campaña por el 10% para salud y merece que todos lo apoyemos.

Javier Torres-Goitia es director del área de salud de la Universidad
Andina Simón Bolívar, sede La Paz.