Análisis

Javier Gómez Graterol: ¿Se puede negociar con Dios?

Dice la Biblia, en Génesis 18,23-33, que Abrahám regateó con Dios el número de justos que condicionaban la destrucción o salvación de Sodoma. De hecho, quien lee el texto con calma, mirará que fue él,  Abraham, el que paró el regateo.

 En Isaías 38,1-6.21-22.7-8, se narra que el rey Ezequías cayó enfermo de muerte, y  el profeta Isaías le dijo que iba a morir. Entonces,  Ezequiel oró al Señor: “Señor, acuérdate que he caminado en tu Presencia, con corazón sincero e íntegro, y que he hecho lo que te agrada” y  lloró con largo llanto. Dios le respondió: “He escuchado tu oración, he visto tus lágrimas. Mira, añado a tus días otros quince años. Te libraré de las manos del rey de Asiria, a ti y a esta ciudad, y la protegeré”. Es decir, no solo le concedió lo que pedía, le dio más.

Podemos encontrar también que: “Elías dijo a Eliseo: Pide lo que quieras que haga por ti, antes que yo sea quitado de ti. Y dijo Eliseo: Te ruego que una doble porción de tu espíritu sea sobre mí” (2Re 2,9). Eliseo puso una condición, y la logró… ¡el doble del poder de Elías!

Y así como estos, podemos conseguir otros ejemplos, tanto en la Biblia como en la biografía de algunos santos, en los cuales ellos han negociado con Dios y han logrado obtener más. Uno de los más resaltantes, cuando Salomón pidió sabiduría a Dios y Él, complacido en la petición que éste le hizo, le concedió mucho más (2Cron 1,10-13). Pablo de Tarso afirma de Dios que es “Aquel que tiene poder para realizar todas las cosas incomparablemente mejor de lo que podemos pedir o pensar, conforme al poder que actúa en nosotros” (Ef 3,20). Estimado lector, el mensaje es claro: Quien cumple la voluntad de Dios puede negociar, incluso regatear con Él, y Él tiene la potestad de darnos más de lo que pedimos. Negociar es una transacción donde ambos tienen beneficios. Los dones que Él nos da, nos los otorga, para mayor gloria suya, a través de nosotros, en términos “ganar-ganar”. Para Dios nada es imposible (Lc 18,22). Que no diga que no se lo dijeron, porque se lo repito: quien cumple la voluntad de Dios puede obtener de Él más de lo que aspira. En la medida en que nos alejamos del pecado y nos acercamos a Él, su providencia y Amor de Padre amantísimo se manifiesta y glorifica en nosotros. Busquemos cumplir su voluntad, y terminaremos sorprendidos por cuánto podemos lograr de Él para nuestro bien. Dios con nosotros.

Autor: Javier Gómez Graterol, religioso / periodista

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