Análisis

Diác. Javier Gómez, SSP: En Dios, se puede

La Presencia de Dios en la Iglesia es viva, activa y operante. Somos Iglesia. Cada hogar donde hay una familia constituida, hay una Iglesia doméstica (CEC n.º 1666). Es promesa de Jesús: Pues donde están dos o tres reunidos en mi Nombre, allí estoy Yo, en medio de ellos (Mt 18,20). Si tu hogar está tenso, por el encierro, si te agobian las preocupaciones, debes recordar esto.

Dice la Biblia que, en una ocasión, la gente que estaba a su alrededor se negaba a reconocer a Jesús y, ante esa falta de fe en Él, no pudo hacer ningún milagro (Mc 6,5). De ahí que, una de las condiciones para que un milagro suceda es que haya la fe y la disposición de recibirlo, de parte de quienes lo reciben, o al menos de quienes interceden para que se dé.

Otra cosa que tenemos que tomar en cuenta es que Dios abre posibilidades donde nosotros en nuestra humana capacidad no las vemos o las creemos agotadas, y parte de esas posibilidades son, precisamente los “milagros”. Dios es providente.

A esto hay que sumar que el Espíritu de Dios capacita a los hombres para que actúen como Él quiere, si ellos se dejan conducir por Él, de manera que se realicen sus planes. Quien se dispone a obedecer a Dios, puede llegar a recibir, de parte de el Espíritu Santo, una experiencia de visión y de sabiduría que le indica cómo debe proceder.

En resumen: Dios ama, capacita, provee, y puede abrir posibilidades donde nosotros no las vemos. Eso quiere decir que, si hay tensión en tu hogar, discordia, si no hay un clima de amor, comprensión, tolerancia y respeto mutuo, es porque, como familia, no se están reuniendo en su Nombre.

Dios es un caballero que, como en el camino de Emaús, está dispuesto a explicarte las Escrituras y hacer inflamarse tu corazón, pero si no lo invitas a entrar y compartir contigo, no podrás reconocerle.

Dios tiene un plan, una misión para cada uno, y esa misión de va comprendiendo en medio de nuestra cotidianidad. Se dice que Dios no llama a los capaces sino que capacita a los que ama. Si sientes que no puedes, pide a Dios que abra tus oídos y tu entendimiento para escucharle, disponga tu voluntad para seguirle, y que te haga capaz de aquello que sientes que no puedes lograr para mejorar la convivencia en tu casa.

Una familia es también un equipo, “familia que reza unida, permanece unida” (P. Patrick Peyton). No se sobrelleva la tensión si no hay momentos de oración en común que ayuden a fortalecer el espíritu. Estimados padres de familia, sus hijos les miran, es hora de ser ejemplo, de aprender e inculcar la fe verdadera, la fe que salva, que fortalece y hace vida la frase de Pablo “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Flp 4,13).

Autor: Diácono Javier Gómez Graterol, SSP