Análisis

Javier Gómez Graterol: Quebrantado, pero agradecido

Desde el jueves de la semana pasada he estado con malestares de salud. Ellos me han trastocado las rutinas y hecho que dejase de hacer algunas cosas (entre ellas la de escribir esta columna). Hoy ya me siento mejor, no del todo recuperado, pero agradeciendo a Dios por esta nueva experiencia.

Vivir esto que estoy viviendo me recuerda que, ante la nueva etapa que estoy comenzando, debo apoyarme aún más en el Señor, puesto que soy consciente de que muchos de los síntomas que estoy padeciendo están pasando por el aro de la somatización.

He de agradecer a Dios, estando centrado en mis temores, Él me ha hecho sentir que está conmigo, que no me ha dejado. Se ha manifestado a través de:

  • El prójimo, en especial de personas que me han ayudado a canalizar mejor todo el revoltijo emocional que estoy sintiendo.

  • Hacerme ver que no puedo solo, que hay gente dispuesta a ayudar, y a hacerlo desinteresadamente. Usualmente suelo ser yo quien escucha, y sé por ello que solo escuchar hace mucho por los demás, solo hablar de lo que se siente ayuda a aliviar la carga. Ahora he sido yo quien ha necesitado de ser escuchado, he confiado, y Dios se ha manifestado, en amigos, y terapeutas amigos.

  • He recibido ayuda médica, gratuita, desinteresada, de parte de médicos y personal católico que me ha prodigado una cariñosa atención.

  • He comenzado una nueva rutina de ejercicios, gracias a un nuevo amigo que me ofreció su ayuda para esto (que Dios se lo retribuya en gracias y bendiciones).

  • Gente que me está pendiente de mí, en especial mi familia, y gente que me ha prodigado cariño y preocupación por mí de esa que solemos prodigar a un familiar cercano.

  • Ayudarme a concienciar lo que siento: susto… es como si tuviese todo el piso movido. Siento que camino hacia lo incierto, pero con el claro mensaje que tengo de que debo internalizar, que mi única seguridad es, y sigue siendo, el abandono en Dios, de quien siento ahora que, en medio de la niebla que estoy cruzando, me alumbra, pero solo con la suficiente luz como para ver el siguiente y único paso a dar, sin mostrarme del todo el horizonte, ni decirme hacia dónde voy o qué me corresponde.

No sé qué me depara el futuro, pero sé que Dios está conmigo, me queda claro con todo lo que he venido describiendo. Sé que una gran historia de la Biblia comenzó con Abrahám, un hombre que lo dejó todo hacia un destino incierto, y que tal osadía de abandono en Dios le hizo cambiar para bien el mundo. Tal vez no sea como él, pero haré mi parte en abandono. Dios con nosotros.

Autor: Javier Gómez Graterol, religioso / periodista

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