Análisis

Identidad maternal del Espíritu Santo

La mayoría de las iglesias cristianas reconocen y veneran la divinidad del Espíritu Santo. Hay muchísimas oraciones, himnos, declaraciones, predicaciones, reflexiones etc. sobre la tercera persona de la Santísima Trinidad y sobre todo de sus dones y frutos. En el Credo Niceno-Constantinopolitano del año 381 se califica al Espíritu Santo como “Señor y Dador de Vida, que procede del Padre”. Con ello se dan a conocer su divinidad, su cualidad vivificante y su procedencia del Padre.

Pero, sin embargo, un tema teológico muy importante y apasionante, todavía pendiente, es la identidad del Espíritu Santo. ¿Quién es? ¿Qué relación personal tiene con el Padre y con el Hijo, con la Iglesia y con los creyentes? Seguramente hay  creyentes que piensen que no tiene sentido plantearse este tipo de preguntas al cabo de casi XX siglos del cristianismo. Otros indicarán que es un misterio y que basta con saber su nombre, Espíritu Santo. Sin embargo este nombre no aclara plenamente su identidad ya que también los ángeles fieles son espíritus santos, es decir carecen de cuerpo material y, a diferencia de los ángeles rebeldes, son santos ya que fueron fieles a Dios. Habría indicar que el Espíritu Santo es increado para distinguirlo de los ángeles.

Al no estar plenamente definida su identidad se representa gráficamente al Espíritu como una paloma blanca o por medio de elementos naturales tales como el aliento, el viento, la luz, el agua, el fuego, el aceite. La transmisión del Espíritu se realiza en la Iglesia con gestos simbólicos sacramentales, entre ellos el baño bautismal, la unción con el crisma, y la imposición de manos. Estas representaciones, si bien son sugerentes y valiosas, no revelan plenamente quién es el Espíritu Santo.

Para conocer mejor su identidad personal la fuente principal de conocimiento es la Biblia sobre la que se apoya la Tradición. Hay todavía muchas claves bíblicas que no han sido plenamente estudiadas. Aquí veremos sintéticamente una de ellas: la identidad maternal. Tal vez sorprenda saber que la palabra hebrea “Rúaj” (también Ruah), utilizada en la Biblia para designar al Espíritu, es generalmente de género femenino.

San Juan Pablo II en su Carta a las Familias del año 1994 nos ofreció una pista  de reflexión. Basándose en el relato del Génesis según el cual Dios (Elohim) creó como imagen Suya al ser humano (Adam), macho y hembra para ser fecundos (Gn 1, 27), el Papa ve en la Trinidad Divina el modelo de la familia humana. Prolongando esa reflexión podemos deducir que la Familia Trinitaria, además del Padre y  del Hijo, está conformada por la Rúaj Santa como Madre. Esa identidad maternal del Espíritu Santo puede ser también intuida en el Antiguo Testamento en referencia a la Sabiduría de Dios, que como Maestra y Madre, invita a sus hijos a compartir su mesa y sus enseñanzas (Pr 9, 1-6).

Jesús en su conversación con Nicodemo le explicó que para entrar en el reino de Dios era necesario nacer de agua y de Espíritu (Jn 3, 5), revelando así la identidad maternal de la Rúaj.  Los evangelios sinópticos al narrar las tentaciones de Jesús indican que el Espíritu Santo le llevó al desierto (cfr. Mt 4, 1). San Jerónimo cita ese mismo fragmento tomado del Evangelio a los Hebreos: “Mi Madre me tomó por los cabellos y me llevó al desierto”.  San Jerónimo da por buena esa identificación por ser Rúaj un vocablo femenino.

El mismo Jesús en sus palabras de despedida en la última cena consoló a sus discípulos indicándoles que no les dejaría huérfanos, sino que les enviaría a otro “Paráclito” (Jn 14), término griego que hace referencia al “Goel” hebreo, que era un pariente con la función de defender y proteger (Rt 4) y que puede traducirse por Abogado, Defensor o Protector.

Una vez resucitado el Señor cumplió su promesa y se apareció a sus apóstoles para transmitirles su Espíritu. Les insufló su propio aliento divino para que renacieran como columnas de su Iglesia (Jn 20, 22). En la fiesta de Pentecostés la Rúaj Santa en forma de lenguas de fuego se derramó sobre los apóstoles y la Virgen María, considerándose ese momento como el nacimiento oficial de la Iglesia (Hch 2, 1-3).

Cabe preguntarse por qué Jesús no habló con mayor claridad sobre la identidad de la Rúaj Santa. Él mismo respondió: “Hay muchas cosas que no podéis comprender ahora, cuando venga la Rúaj, ella os conducirá a la verdad plena”  (Jn 16, 12ss).  Con ello el Maestro dio a entender que Ella misma será la que, como pedagoga, complemente la revelación divina con sus propios ritmos y momentos, teniendo en cuenta que para Dios mil años son como un ayer que pasó (2 Pe 3, 8).

La identidad maternal de la Rúaj encaja bien en la conocida frase del Papa Juan Pablo I: “Dios es nuestro Padre, más aún Él es nuestra Madre” (10.09.1978). Debe completarse con otros aportes sobre este tema a través de la investigación de la Biblia y la Tradición, acompañada de la oración para que la Rúaj Santa nos revele el misterio trinitario. Ella ha querido que la Virgen María asuma el rol de ser su icono visible sacramental. Muchos creyentes, aún sin darse cuenta, cuando invocan o rezan a la Virgen María están invocando y rezando a la Rúaj Santa,  Madre Divina del Hijo y de la Iglesia, Protectora y Auxiliadora.