InicioAnálisisHomilía para el XIV domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A

Homilía para el XIV domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A

Homilía para el XIV domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A

 

5 de julio de 2026

 

Cuando hice el Camino de Santiago aprendí algo importante: hay que caminar cargando solo lo necesario, porque cada peso extra que se pone en la mochila aumenta su peso y afecta nuestro viaje.

 

Después de los primeros días tuve que dejar algunas cosas “extras” que estaba llevando conmigo y aprendí también que soltar y aligerarse de ese peso es bueno.

 

Este pasaje del Evangelio nos habla de una manera de vivir la vida y nos invita a reflexionar sobre si somos personas que vivimos cargando pesos que nadie nos ha pedido que carguemos. Porque pasan los años y nos sentimos agobiados y cansados de vivir.

 

Es entonces cuando se nos presenta el mensaje de Jesús:

«Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados…, porque mi yugo es suave y mi carga ligera».

 

Cuando ponemos pesos extra en nuestra vida, no solo me refiero a cosas materiales. A veces, la idea de la felicidad, nuestras falsas seguridades o el personaje que presentamos a los demás se transforman en pesos que se van haciendo cada vez más pesados.

 

Sobre todo, si confiamos solo en nuestras fuerzas, en nuestra inteligencia y en nuestra sabiduría. Entonces prescindimos de Dios y pensamos que podemos solucionarlo todo. Por eso Jesús dice que Dios esconde ciertas cosas a los sabios y entendidos. Nuestro Dios revela sus misterios a quienes tiene un corazón humilde y sencillo, a los pequeños que están abiertos a él.

 

El mensaje de este domingo es, una vez más, que la lógica de Dios no es la lógica de los hombres. Por eso se nos recuerda en la primera lectura que el rey que espera el pueblo es un rey pobre y montado en un borrico.

 

En este domingo podríamos pedir a Dios que nos dé la sabiduría para discernir y reconocer qué pesos en nuestra vida nos están agobiando, qué pesos nos hemos puesto nosotros mismos, sin que Dios nos pida cargarlos, y qué tenemos que soltar en nuestra vida.

 

La pregunta de fondo será si estoy viviendo la vida que quiero vivir y qué puedo hacer para ser más auténtico y cercano a Dios.

 

Claramente, hay cosas que puedo cambiar en la vida y otras que tenemos que asumir con fe, sabiendo que Dios nos quiere felices.

 

Jesús usa la imagen del yugo, que era ese instrumento que unía a dos bueyes mientras trabajaban en el campo.

 

Cargar el yugo simboliza que no estamos solos. El yugo de Jesús nos garantiza que él está caminando a nuestro lado, por lo tanto tenemos que dejarnos conducir por él.

 

Sin embargo, desear la ausencia de un peso o el descanso, desde la fe, no significa la ausencia de sufrimientos o de problemas, porque eso es parte de la vida.

 

El descanso, la paz y la serenidad emergen si ponemos nuestra confianza en el Señor y creemos que Cristo está a nuestro lado, sabiendo que él también cargó el peso de la cruz.

 

A pesar de las pruebas y del sufrimiento, recordemos que no caminamos solos y que el yugo que cargamos es más ligero porque a nuestro lado está el Señor, aligerando el peso de la vida.

POR ARIEL BERAMENDI

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