Santa Cruz

Homilía del Cardenal Julio Terrazas en la Consagración Episcopal de Mons. René Leigue Cesarí.

Basílica Menor de San Lorenzo Mártir, 16 de enero de 2012.

……..No solo porque están casi todos los obispos de Bolivia a quienes ya hemos aplaudido y no lo dejen de hacer porque necesitan todo nuestro aliento  y sentir el afecto del pueblo de Dios.

Están todas las comunidades de nuestra arquidiócesis y está la familia, la familia natural de nuestro hermano René, los papas hermanos y parientes más cercanos, gracias a ustedes es que podemos nosotros hoy gozar de la bondad del Señor y les queremos expresar de esa manera con que la catedral suele dar cariño a los demás.

Estimado René, amigo, pastor, hijo. El Señor ha dispuesto que se concrete la obra del Señor que sea muchas veces realizar a pesar de nuestras debilidades. Agradezco tu disponibilidad y sé que este mensaje que hemos escuchado tú lo has meditado,  lo has tomado como texto para prepararte a este día glorioso y colmar así la esperanza de nuestro pueblo.

Una esperanza siempre amenazada sobre todo cuando aparece con claridad como testigos valientes de un Señor que no nos pide anonadarnos y desaparecer sino que nos llama para que su mensaje sea escuchado de las altas montañas, llanos, valles, allí donde el hombre y la mujer necesitan hoy salvación, la esperanza autentica,  amor, justicia y paz para todos.  La palabra del Señor es clara. Es el Señor que servicio a nuestra iglesia. Cristo comunico a unos el don de ser apóstoles y luego va enumerando. El regalo de ser apóstol,  el regalo de ser evangelizador, el regalo de ser profeta es un regalo de Dios y todo es el Señor nuestro Dios que lo ha dispuesto para que quienes decidan seguirlo sepan con claridad a que Maestro tienen que obedecer siempre y a que maestro no tienen que darle cabida en su pensamiento y acciones evangélicas.

Todo esto el Señor lo mandó hasta que lleguemos al conocimiento del hijo de Dios, hasta que tengamos al hombre perfecto a nuestra imagen, hasta que la madurez se corresponde a la plenitud de Cristo que se manifiesta para poder desechar cualquier argumento lleno de argucias o mentiras.

Pablo lo recuerda en su carta y dice: tenemos que dejar de ser niños, niños sacudido por las Corrientes del mundo, ni los que no tienen una claridad en el seguimiento al Señor y su enseñanza.

No podemos dejarnos arrastrar por la argucias y mentiras, lo dice la carta, de quienes se creen salvadores de situaciones pasajeras pero se olvidan que el hombre nació no para sepultarse sino para subir al seno del Padre que es donde está la felicidad y la libertad autentica y duradera.

Hoy rezamos para que te revistas de la fe de un hombre maduro que guía a su pueblo desde la fe y, que no tienen otro deseo sino que el pueblo cuando levante el nombre de Dios sea para comprender que este Dios nos quiere, nos libera, nos acompaña; y no es un Dios hecho objeto, hecho discurso que se repite constantemente sin que haya vida para todos.

Tenemos la suerte de saber que a la hora de pasar de este mundo al Padre el Señor hizo una opción por todos sus seguidores sin duda, por todos sus fieles pero de manera especial por sus apóstoles: “Cuídalos en ese nombre que me diste, para que sean uno”, primera misión del sacerdote, este donde este en la situación que le toque vivir con el servicio que ha sido llamado o enviado, su papel es la unidad. No la unidad silenciosa de los cementerios, la unidad de quienes sabiéndonos  hijos predilectos de Dios queremos que se tomen en cuenta esta dignidad y que no sea pisoteado por nadie.

El Señor pide por nosotros que estamos aquí,  consagrarlos en la verdad, este es otro gran testimonio que debe dar le sacerdote  en neutro país y el mundo entero, estamos consagrados en la verdad, la verdad de Cristo, la verdad del Señor de la vida, la verdad de aquella vida trinitaria donde el padre, el hijo y el espíritu santo viven el uno para el otro y nos llaman a compartir esta manera de vivir  entre nosotros.

Que crean y estén unidos, que sean uno, nada más; que no hay  ya esas divisiones que hieren el cuerpo  de Cristo: La Iglesia; o esas divisiones que vienen de mentiras prefabricadas o publicitadas para debilitar la opción de nuestra Iglesia.

Estamos unidos y consagrados en Cristo, Cristo está unido  y consagrado por el Padre y Él dice: así como nosotros vivimos unidos que ellos también repitan este gesto  de cómo se puede vivir siendo libres y al mismo tiempo siendo gente abierta al pensamiento y al querer de Dios.

Estimado René, tú miras aquí a tus hermanos Obispos, algunos jóvenes, otros no tanto, y algunos que por la gracia de Dios todavía nos movemos. Para mí al finalizar mis años de servicio en la Iglesia lo que más puedo agradecer, no es que me esté yendo por si acaso, es  haber tenido la bendición y la gracia del Señor de poder imponer las manos para el episcopado a alguien que empezó en nuestro seminario, que estudió aquí, que trabajó aquí en nuestra Arquidiócesis y que hoy el Señor lo elige para que continúe una guía segura para el pueblo, una palabra alentadora en toda circunstancia y una presencia tal como la tienes y  te caracteriza, una presencia amigable, una presencia hecha sonrisa, una presencia que anime a todos, una presencia que nos quite la vergüenza de saber  lo que somos y nos lance  a anunciar a todos la capacidad que tiene nuestro pueblo de poder recibirlo, de amarlo y de decir con claridad y valentía  a todos los que nos preguntan por qué creemos esto que celebramos y  vivimos constantemente.

ÁLBUM DE FOTOS

Ya la palabra “gracia” ha sido pronunciada, la reitero para toda la Iglesia de Santa Cruz y de Bolivia, la reitero para todos ustedes que están aquí y sobre todos gracias René porque cuando se te avisó que el Santo Padre deseaba nombrarte Obispo, has tenido tu momento también  de desorientación ¿por qué yo? Lo que siempre debemos preguntarnos: por qué nosotros si hay otros más preparados, con más salud, más valientes a lo mejor, el Señor te da la respuesta hoy por medio de su espíritu y por medio también del espíritu colegiado de todos los Obispos.

Mi deseo es que al final de tu vida que la espero larga, sea por lo menos los últimos versículos del salmo que hemos meditado cuando el siervo de Dios dice o responde a tantos bienes que ha recibido. Y Dios repite esas palabras.

Tú eres mi padre, mi Dios, mi roca Salvadora. Si esa oración  brota al final de nuestros días, es que hemos vivido y captado la responsabilidad misionera que el Señor nos da.

Gracias explícitamente al Santo Padre. Queremos decirle al Santo Padre que estamos con él, que su palabra nos alienta y nos anima, que su presencia en un mundo con tantas divagaciones nos asegura que es importante vivir la certeza de la fe siempre avanzando, siempre yendo hacia adelante, siempre anticipándonos a los proyectos del maligno  o de los malignos que aparecen por todo lado.

Que María nuestra Madre, la  virgencita de Cotoca  te acompañe, pero te acompañe junto a todo este pueblo que tanto la quiere y que desea constantemente escuchar la voz  de aquel que nos envía, que sea una voz de paz, de amor, de justicia y de verdad. AMEN.

Oficina de prensa del Arzobispado de Santa Cruz.