Santa Cruz

Homilía del Cardenal Julio Terrazas, 28-04-2013

Muy amados y queridos hermanos y hermanas:

Es verdaderamente un privilegio tener que experimentar las cosas que pasan en nuestras vidas mirándolas a la luz de la Pascua. Si no fuera así ya estaríamos todos en lo más profundo del abismo, llenos de nuestras amarguras, de nuestras decepciones o llenos también de las arrogancias y orgullos con que fácilmente se pretenden solucionar los problemas.

Las Pascua es la que nos da otra mirada, la que nos da la auténtica libertad, la que nos da la capacidad de descubrir en el otro, en el hermano, no un posible enemigo, no un detractor, no un espía, no uno que hace venganza en nombre de no sé qué poderes, No.

La Pascua nos da el ambiente de libertad en la que los hijos de Dios se mueven, crecen, aumentan su convicción y aumenta también su adhesión a este Dios que tanto nos ama.

Está el Señor, según el evangelio que acabamos de escuchar, en un momento importante: hijos míos ya no estaré mucho tiempo con ustedes, ya no me van a encontrar para consolarme, ya no van a estar diciéndome explícanos esto o aquello.

El Señor quiere dejarles un resumen de todo lo que Él les había enseñado, un resumen que los haga captar y comprender qué es lo que Él había hecho, lo que Él había realizado para que nosotros nos sintamos orgullos de ser sus discípulos y misioneros.

“Ya no estaré mucho tiempo con ustedes, les doy un mandamiento nuevo” un mandamiento corto, un mandamiento que se expresa en pocas palabras, un mandamiento que a lo mejor nosotros lo hemos aprendido de memoria y lo repetimos cuando tenemos una charla de preparación en la parroquia, cuando tenemos que prepararnos para los sacramentos, cuando vamos al templo o cuando escuchamos alguna reflexión para que vivamos como hermanos y no como enemigos entre nosotros. Siempre sale esta palabra de vida, este resumen de la forma en que el Señor ha realizado la salvación.

“Ámense los unos a los otros”.

Hermanos, aquí no hay ninguna palabra que nos prive de mirar a todos, El Señor dice “ámense los unos a los otros”, no dice que amen solo a los que levantan el puño, no dice el Señor “amen solo a aquellos que les darán beneficios”, no dice el Señor que amen solo aquellos con los que hacen su fiesta cada día. Amen a todos, buenos y malos; esa es la diferencia del reino de Dios, el reino de nuestro Padre.

“Ámense los unos a los otros” y agrega el Señor “Como yo los he amado” por eso es te mandamiento no es una frasecita para repetirla o para solazarnos diciendo que creemos porque en estos días hemos escuchado tantas cosas bonitas.

Con estos estos hechos criminales que suceden cada que roban, que matan y atracan y nadie pone remedio todavía. Algunos han comenzado a decir: Han herido nuestra fe, han herido a nuestra mamacita la Virgen y se han puesto tristes y no van a misa y no saben lo que es la Palabra de Dios y no ayudan al prójimo y no se solidarizan. Estoy casi seguro que ese grupo que sigue gritando en Copacabana contra la Iglesia es un grupo que ni siquiera ha regalado un escapulario a la Virgen.

“Como yo los he amado” así tienen que hacerlo ustedes dice el Señor. Yo voy a estar con ustedes si es que se aman realmente, son palabras extraordinarias de nuestros Señor. Yo voy a caminar con ustedes, y todos van a reconocer que ustedes son mis discípulos porque se aman.

Tanto odio, tanto discurso vengativo, tantas palabras soeces, tantos insultos inútiles, baratos, bajos, insultos que se van escuchado y diciendo. Se oponen a esto que el Señor nos ha dejado, es una negación de esto que el Señor quiere. Él no hizo un discurso sobre el amor para que lo aplaudan, Él reveló en este pequeño mandamiento cómo Dios nuestro Padre nos ama y cómo Él demostró su amor al Padre entregando su vida para que nosotros tengamos vida, para que el Padre nos perdone y nos acoja a todos como hermanos en su propia familia. Esa es la dimensión extraordinaria del mandamiento del Amor.

“En esto reconocerán que ustedes son mis discípulos” ¡qué bonito!. Ahora que se anda exigiendo carnet de identidad en todas partes y es muy bueno, ahora que se anda imponiendo nombres, edad y cualquier cosa porque es importante tener un documento de identidad… aquí nosotros tenemos claramente marcado por Cristo quiénes son los discípulos: los que aman.

En esto van a reconocerme a mí, dice el Señor, si ustedes se aman. Qué bonito mandamiento, un mandamiento que los apóstoles lo vivieron con mucha entrega y ahí en el libro de los hechos brevemente podemos ver como Pablo y Bernabé están volviendo de aquella misión en la que habían recorrido pueblos y comunidades. Vuelven para confortar a sus discípulos, para exhortarlos a perseverar en la fe, para recordarle que es necesario pasar por muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios.

Esto es lo que recuerda la Iglesia, esta es su misión: exhortarlos a perseverar en la fe, exhortarlos a no asustarse por tantos problemas, tribulaciones y sufrimientos, No. Hay que seguir con la cabeza levantada, hay que seguir demostrando que no somos unos cobardes que nos ocultamos cuando hay problemas, No. Hay que seguir mostrando la cara como nos dice el Santo Padre Francisco.

Es la hora de terminar con las caretas de falsedad y doble lenguaje, hay que salir con claridad, ayudar a los hermanos a que crean, a decirles que el sufrimiento es parte de nuestra vida pero no es todo y no todo termina en el sufrimiento, que es necesario luchar para entrar en el reino de Dios.

Los apóstoles volvieron por las comunidades dejando responsables en cada una de ellas y volvieron a Antioquía y se reunieron con los demás y les contaron todo lo que el Señor había hecho a través de su predicación y su presencia, a través de los signos que habían realizado. Les contaron todo lo que Dios había hecho con ellos y cómo Dios había abierto las puertas de la fe a los paganos. De eso se trata mis hermanos, abrir las puertas de la fe.

Estamos celebrando el “Año de la Fe” y el Papa Benedito nos mandó una carta para esto, la carta se llama “la puerta de la fe” Hay que abrirla para que entren todos, hay que abrirla para que nos conozcan por dentro también y no solo por las apariencias externas.

Este reino de Dios, que tiene la Iglesia que ir haciendo que se conozca, no está hecho de murallas, no está hecho de Catedrales, no está hecho ni siquiera de imágenes que puedan ser muy queridas y amadas por los fieles y tienen derecho –de hacerlo-, no es eso el fin de todo, el fin de todo es siempre Jesús, el hijo de María es lo que vale más. Ya le pueden robar a la Virgen algunas joyas pero a nosotros nos toca no permitir que nadie le robe a su hijo Jesús para para utilizarlo en cualquier proyecto que muchas veces va contra la persona humana.

Llegaron después de la visita y hablaron. Así fueron ellos construyendo este mandato del Señor para que se renueven las cosas, por eso es que el libro del Apocalipsis nos va a hablar, después de ver la perseverancia y el amor de la gente, que Juan vio una cielo nuevo y una tierra nueva.

La Pascua con ese mandamiento del amor y de la vida nos manda construir una tierra nueva, no una tierra que dicen que se renueva y siguen repitiendo los mismos escollos, las mismas brutalidades de antes con otros lenguajes, con otros signos pero siempre ampliando más los cementerios y evitando que los lugares de vida se multipliquen todo lado.

Vio la ciudad Santa, la nueva Jerusalén. No se trata para nosotros creyentes de hacer el cielo aquí en la tierra a nuestro gusto y semejanza, se trata de caminar para llegar a entrar en el reino del Padre. Se trata de ver esa ciudad nueva, no llena de edificios grandes sino llena de personas respetadas en su dignidad, amadas y queridas por Dios y por todos los demás, esa es una ciudad realmente de Dios, lo demás son construcciones, amontonamiento de cemento pero sin vida y sin alama y sin perspectivas de sacudirnos todo aquellos que nos amarra a la muerte y al dolor.

Es esta ciudad que la mira el Señor y dice que Él resuelve quedarse allí en su morada, allí Él va a ser el Dios de todos los que viven y todos los que viven ahí van a ser sus discípulos. Ese es el proyecto de Dios: que entre en nuestras moradas, en nuestras vidas y se quede Él y sea el que nos acompañe y nosotros los distingamos siempre como a nuestro Dios y no como a una divinidad cualquiera que anda por las nubes o se aparece de vez en cuando personificada en algunos elementos.

El Señor que estaba sentado en el trono dijo: Yo hago nuevas todas las cosas. La Pascua es eso mis hermanos. La Pascua le da sentido a nuestra Iglesia y a nuestra vida, pero aprovechar algunas debilidades para enrostrar esos crimines que nunca han podido solucionar hasta ahora y, testigo Sata Cruz a la que también le robaron joyas que nunca la policía pudo dar con aquellos que realmente lo robaron.

Entonces, no se puede mancillar y ejecutar a las personas moralmente y espiritualmente solo por sospechas, lo hemos dicho en nuestro comunicado los Obispos, hemos pedido que se averigüe y que no se condene a nadie sin haber probado las cosas adecuadamente.

No es tildando a algunos de cómplices, no es vociferando contra los Obispos que las cosas se arreglan, es entrando en esta exigencia de amor verdadero que lleva a transformar y no solo a cambiar de posición o de lugar a los ladrones que un día aparecen y otro día están en otro lado.

Queridos hermanos, nuestra Iglesia se ha alegrado hace pocos días con la Ordenación del nuevo Obispo del Vicariato de Pando-Monseñor Eugenio Coter-, se va a alegra también en estos días por la Ordenación de otro hermano Obispo para Patacamaya – Mons. Percy Galván-. Allí están nuestros hermanos Obispos, allí entran ellos a servir y a dar su vida, como lo han hecho otros, como lo ha hecho con tanto sacrificio el Obispo de Pando –Mons. Luis Casey- que termina casi sin salud pero entregándose totalmente a su pueblo y esperamos que los jóvenes Obispos marchen también por allá. Lo hemos dicho en nuestra estadía por Riberalta: El Obispo ordenado hoy tiene que traducir el lenguaje, los gestos, los signos de cercanía del Papa Francisco. Tiene que ser el Obispo que está cerca de su pueblo no para adormecerlo sino para tenerlo siempre despierto a fin de que nadie le quite la libertad, ni a escondidas ni en público.

Tenemos que ser claros, esa es nuestra misión. Y si han acontecido esas cosas que nos duelen a todos de que se hayan robado algunas joyas, crimen que detestamos, crimen que no aprobamos ni aplaudimos porque hiere el sentimiento de la gente sencilla, sobre todo de la gente que hace un esfuerzo por colocar sus joyas delante de la imagen. Pero no puede ser este un motivo para sembrar mayor confusión, la Iglesia es de Cristo y es a Cristo a quien servimos y es a Cristo a quien tenemos que defender y es a Cristo a quien no tenemos que permitir que nadie lo quite de nuestras vidas, ni lo quite de nuestras estructuras ni lo quite de nuestras conciencias. Eso hay que clarificarlo bien.

Hay que clarificar bien que el servicio Pastoral no es llevar unas llaves en el bolsillo para abrir los templos. Los Obispos tienen otro papel. Ya lo han dicho en la Conferencia Episcopal y lo digo yo también personalmente que no hay ninguna duda de parte del Cardenal sobre los hermanos Obispos, reconozco su idoneidad, reconozco su fidelidad, reconozco la entrega de todos ellos y no me voy a prestar a ser el portavoz de mentiras a quienes no buscan más que la mentira para hundir al adversario.

(APLAUSOS)

Gracias hermanos, creo que el mandato del Señor tenemos que tomarlo en serio porque aún en medio de todas estas tribulaciones, a nosotros los creyentes no nos es lícito asustarnos y callarnos ni ocultarnos. A nosotros el Señor nos ha elegido para que vayamos por todo el mundo anunciando, no desgracias ni maldiciones de divinidades sino anunciando la salvación del Dios de la vida que entregó su vida para que no nos falte a ninguno de nosotros aquel soplo divino de la vida que nos da nuestro Padre.

Hermanos y hermanos, vivamos esta semana en oración y la vivamos también con una toma de conciencia de que nuestros Pastores en Bolivia no se complican con las mentiras y no se dejan llevar por halagos que aparecen siempre llenos de intereses mezquinos. Que el Señor de la vida nos acompañe a todos. Amén.