Santa Cruz

HOMILÍA DEL CARDENAL JULIO TERRAZAS, 05-02-012

Muy amados y queridos hermanos y hermanas: Desde esta nuestra catedral, queremos hacer llegar nuestro saludo de amistad a todos los que nos siguen a través de los medios de comunicación, con todos los hermanos y hermanas de nuestra arquidiócesis, las que están en la ciudad, los que están en el ampo, los que están sufriendo y aquellos que están buscando motivos  para seguir viviendo, y no perder la esperanza que el Señor nos manda.

Los menajes de hoy, son mensajes que nos llaman a seguir con Jesús el camino que Él ha iniciado. Lo vivimos el domingo pasado cuando en la Sinagoga expulsó un espíritu malo. Es importante que lo recordemos porque hoy es la continuación, así el Señor sin hablar mucho, sin echar muchos discurso, va enseñando a sus discípulos cual es la manera que El tiene para cumplir la voluntad del Padre, los va iniciando en esa nueva doctrina, en esa nueva manera de encarar las cosas.

Todavía no ha hablado de la manera cruenta en que eso va a suceder, pero ya se presenta como alguien que en nombre del Padre, como el Mesías esperado, comienza a demostrar que tiene una manera de actuar diferente de nosotros, que habla con autoridad como lo escuchamos el domingo pasado y que enseña también cosas nuevas; Porque no es solo alguien que habla con autoridad sino que pide en consecuencia que quienes lo escuchan y lo aceptan, cambien su manera de pensar y de actuar.

En la casa de Simón… Allí llega Jesús con cuatro de sus discípulos y se encuentra con la noticia de que la suegra de Pedro estaba enferma, con fiebre y muy  grave. El Señor entra al aposento sin decir nada, sin hacer gestos extravagantes, sin hacerse el curandero como acostumbran muchas veces entre nosotros los que dicen que sanan cuerpos y espíritus, El entra, le toma la mano, la sana y la deja para que sigan sus tareas diarias.

Esta es una manera nueva de actuar, los que engañan, los que usan sofismas para que la gente los aplauda no comparten estas formas: la sencillez y el producir hechos de vida.

Al levantarla de esta forma, lo que nos está enseñando es que a Él le intere sa la vida, la vida de las personas, pero no una vida para ser malgastada,  para ser derrochada con  cualquier cosa, sino una vida para ser colocada al servicio de los demás. Esta mujer que es curada sale y se pone a servir a los otros.

Esa es la enseñanza primera: La vida para Dios es un regalo que no lo quiere quitar de ninguna manera y que lo va preservar dándonos la vida hoy y la vida después de la muerte. Pero tiene que ser una vida al servicio de los otros, no una vida para aprovecharse, no una vida para enorgullecerse y hacer las cosas solo a su gusto, no una vida para encerrarse entre cuatro muros sin mirar al que está al lado, al que necesita que también le extendamos la mano, que lo levantemos y que con El sigamos viviendo esta vida que el Señor nos ha dado.

Seguramente el pueblo se entero que estaba el Señor allí y por eso llegaron de todas las ciudades sus enfermos, los endemoniados también, aquellos que tenían espíritus malos, aquellos que no eran libres ni siquiera para pensar el bien, estaban totalmente poseídos y el Señor se pone a curarlos, les devuelve la salud a los que están enfermos y les quita los demonios a los que están poseídos.

Es otro signo de vida, un Dios al que no le interesa más que la vida, un Dios que no se deja amedrentar con gente que a lo mejor no cree lo que dice este maestro, con gente que a lo mejor están en contra, porque eso es lo hermoso que aparece en el evangelio de Marcos, quien escucha a Cristo cambia de vida, se convierte en discípulo o se convierte en enemigo, o lo anda buscando  para hacerlo sufrir.

Al Señor le gusta y quiere la vida del alma y del cuerpo, quiere una vida digna pero no hecha de cosas pasajeras, no una vida que consiste solo en acumular riquezas materiales, no una vida que se quede encerrada en el deseo de solo tener cuando lo que le interesa a Dios que viene a enseñarnos una nueva manera de pensar, es que respetemos, que defendamos y que queramos    ‘el ser’ de la persona, no el  ´tener’.

A veces nos dejamos convencer con aquellos que regalándonos algunas coas se nos presentan como los únicos salvadores, pero no nos explican qué pasara en el momento de nuestra muerte, cuando no podamos llevarnos a la tumba los bienes que hemos acumulado.

El maestro viene a enseñarnos que la vida que a Dios le interesa es la que Él nos va dando, la que Dios va proyectando en cada uno de nosotros y en nuestros grupos para que aparezca la imagen de un Dios bondadoso que curando el mal hace que podamos liberarnos y convertirnos en servidores de esta nueva enseñanza que nos trae Jesús.

Tenemos que acordarnos un poco de Job, el hombre del sufrimiento, el hombre tentado, el hombre siempre probado, el hombre que lo perdió todo y era acosado constantemente por el espíritu del mal para que reniegue de Dios, para que maldiga el día en que nació; ese hombre sin embargo, podrá reconocer que el sufrimiento humano que tenia era una preparación para una vida sin sufrimiento y llena de paz, de regocijo, del gozo del Señor.

Este mal lo vence el Señor, este mal lo aniquila el Señor en aquellos que estaban poseídos y les prohíbe a los espíritus malos de andar diciendo quien era El.

Una segunda fase del evangelio es que después de haber curado todos los males físicos y espirituales, al amanecer del día siguiente se va a orar, se va al desierto, comienza otro momento que es también una enseñanza para todos nosotros, para su Iglesia.

El tiempo de hablar con el Padre, el tiempo de hacer nuestra oración, dedicar ese tiempo dejando todas nuestras distracciones. El Señor utiliza mucho tiempo para hablar, para que su Padre vaya diciéndole cual es el paso siguiente.

Cuando lo encuentran los discípulos, aquellos que estaban con El, los discípulos le dicen “todo el mundo te anda buscando” y aquí está la enseñanza clara, El no es un maestro que está al servicio de un solo grupo, El no es un enviado de Dios para algunos privilegiados, El viene a buscar a todos porque todos están convocados a gozar de la libertad de los hijos de Dios. No les responde nada, ni siquiera le pide explicación de porqué lo buscan.

Nosotros podemos imaginar que ese pueblo estaba agradecido, que ese pueblo había captado la benevolencia de Dios en la persona de ese maestro, que tenían ganas de que se quede a vivir para siempre con ellos; nosotros podemos imaginar que ese pueblo confesó al Señor y aceptó la Buena Notica que les dio en palabas y en acciones concretas.

El Señor entonces les dice a sus discípulos “vayamos a otras partes, a predicar en las poblaciones vecinas”. Ahora que hablamos tanto de misión en nuestra Iglesia, en nuestras parroquias todos son misioneros, pero dentro de su parroquia, de ahí no salen, de ahí tiene miedo. Aquí el Señor nos dice está muy bien gracias a que recibieron las Buena Notica, vamos ahora a llevar esa Buena Noticia a otros pueblos, a otros grupos, a otras sociedades para que nadie en el mundo se sienta dejado de lado, vamos a predicar también en las poblaciones vecinas.

Hay que moverse, el que quiere hablar de Cristo tiene que moverse, tiene que dejar el lugar en que se encuentra par ir al encuentro del otro. La Buena Noticia no es para esconderla en el corazón por muy bonita que sea, es para llevarla y entregarla a otras personas, a otros hermanos que se cruzan e nuestro camino y que están esperando que seamos consecuentes con lo que hacemos.

Y la explicación que da el Señor es extraordinaria “Porque para eso  he venido” para predicar, para anunciarla Buena Notica, para levantar a los caídos, para hacerle comprender a la persona humana que no es un objeto la que hay que llenar con reglaos. La persona humana tiene una dignidad porque es hijo de Dios y ha sido salvado por este Dios. A eso ha venido el Señor.

Qué bonito pensamiento para todos los hermanos que están peregrinando en este momento a Buen Retiro ¿Qué le van a pedir al Señor o qué le van a escuchar al Señor cuando El les diga yo he venido para que ustedes escuchen la Buena Noticia no para que llenen sus bolsones de regalos o de imágenes que no tienen nada que ver con la imagen de Dios en nuestras vidas.

Peregrinar siempre será un momento extraordinario para purificar, para dejar que le Señor queme todo lo que es egoísmo y maldad y nos convierta en luz que con la luz  de Cristo ilumina también a los demás que están en las tinieblas.

… Y fue por toda Galilea predicando en las sinagogas y expulsando demonios, comenzó a recorrer todos los pueblos, llevado por el entusiasmo de entregar la noticia que el Padre le había encomendado y que bien que lo entendía Pablo, el gran converso. Pablo le decía a la comunidad de Corinto: Si nuncio el evangelio no es para gloriarme, Si yo hablo del evangelio, del evangelio no es para que me aplaudan, no es para que me sienta superior a los otros, es que hay algo en mí  que no es un encargo pagado sino algo como una necesidad que tengo dentro de hablar, de decir la Palabra de Dios ¡Hay de mi sino lo hago!

Qué convicción más grande. Como quisiéramos hoy, una Iglesia que sea capaz de decir a tiempo y a destiempo la Palabra de vida que tanto necesita un pueblo que se mueve de desesperanza y a veces de dolores y sufrimiento.

Esto hay que hacerlo con sencillez, si sabemos que es una Palabra que el Señor ha puesto en nuestro corazón y que tenemos que decirla sin miedo, tenemos que tomar la actitud que el Señor nos ha enseñado y que Pablo la toma con entusiasmo: Hacerse débil con los débiles, hacerse todo para todos a fin de salvar por lo menos algunos. Una entrega que lo lleva a uno a sentirse útil solamente cuando está entregando ese mensaje a los que necesitan vida.

Vamos a pedir por nuestra Iglesia que también con su oración y compromiso pueda colaborar a que vayan desapareciendo los males, las enfermedades que nos están asechando, vayan desapareciendo esas enfermedades modernas que van cada vez, alcanzando mayor número de personas en nuestro medio. Tenemos que pedirle al Señor y nosotros trabajar también para que desaparezcan las causas de tantos males físicos y espirituales; Tenemos que pedir al Señor que saque también el espíritu del mal nuestras costumbres, de nuestras tradiciones, que nos libere de hacer de algo humano y grande como es la alegría, un motivo para herir o matar el alma de los otros.

Hay mucho que hacer, tenemos que reconciliarnos también con la naturaleza, ahí está la nueva vida, por allá apunta el proyecto de Dios: Ustedes serán nuevos, pero mantengan nueva, trabajen para que sea nueva la creación que pongo en sus manos.

Y esto nos va a ayudar entonces, a comprender lo triste que resulta escuchar que pelean unos para conservar la tierra y que pelean otros para conservarla. Todo lo que sirva a la dignidad humana para las futuras generaciones, no nos es lícito ni usurparlo, ni derrocharlo, ni destruirlo.

La vida que le Señor nos da no es una vida de tumbas, es una vida en la que tenemos que encontrarnos entre nosotros y dar fruto en aquello que es propio de la persona humana: Pensar, razonar, el día que perdemos esa capacidad de pensar, de razonar y de decir lo que pensamos y razonamos  para bien de los demás, ese día habremos vaciado inútilmente esa dimensión inteligente que Dios nuestro Padre nos ha dado.

En este domingo, coloquémonos una vez más, tras las huellas del maestro. Aplaudir al Señor es fácil, felizmente El no ha venido para eso. Escuchar al Señor es bonito, pero tampoco es lo que el Señor nos pide, ¡es actuar! Y para actuar sin equívocos hay que ponerse sobre las huellas del Señor y seguirlo a Él porque Él es el camino, la verdad y la vida para todas las generaciones. AMEN.