Análisis

2012… la aventura continúa

A ti, joven campesino.

Bueno, chaval, es hora ya de volver a casa con tus padres. Y con tu flamante título de Bachiller.

Estoy seguro de que recuerdas nuestra última y rápida conversación. Terminaba una ajetreada jornada de clausura en el colegio del hogar-internado. Era el siempre difícil momento de la despedida, cuando nos parece que faltan las palabras oportunas.

Gracias por todo, padre… Le voy a estar llamando siempre.

Así te expresaste. Como queriendo alargar en el tiempo tantas vivencias forjadas al lado de tus educadores a lo largo de este añejo 2011.

Quisiéramos no cortar el hilo telefónico. No interrumpir las mil pláticas, unas serias y otras jocosas, que nos atrevimos a compartir. No frustrar el empeño en correr raudo por la cancha en busca de un gol merecedor de cálidos aplausos. No borrar de la pizarra de clase el frenético baile de números y palabras que nos llenan de conocimientos. No apagar el cirio encendido sobre el altar en la capilla, testimonio vivo del encuentro con el misterio de Papá-Dios que ilumina los rincones sombríos de nuestra existencia.

Los jóvenes bachilleres no habéis tenido reparo en proclamar a los cuatro vientos, en las últimas semanas del curso, vuestro deseo de prolongar, dilatar sin término, tanta amistad. Esos nombres curiosos que elegís para vuestras promociones nos hablan de la pasión por estar siempre juntos en busca de un sinfín de sueños. Pero, como os he dicho alguna vez, la vida se encargará de zarandearnos, de complicarnos, de alejarnos, de interesarnos por otras personas y otras realidades. Entonces, los más valientes, los más enteros, sabrán seguir construyendo lazos en la distancia.

Quizá sólo me queda decirte: ¡adelante!… la aventura continúa.

Nunca he sido diestro para las despedidas. Mientras te alejabas en busca de tu familia pensé en tantas cosas que quisiera haberte dicho. Todo eso que es en nosotros, educadores, digno patrimonio para compartir con las chicas y los chicos.

Es cierto. La aventura continúa, ahora en el fino y atento cuidado de tus relaciones familiares. Más allá de las frustraciones vividas estos años, de las deserciones que te hicieron sufrir, siéntete constructor y protagonista de sanos encuentros con los tuyos. Aprendiste con nosotros a trenzar sinceros deseos de ayuda y reconciliación.

La aventura continúa, también ahora en otros ambientes y con otros compañeros y compañeras de estudio o trabajo. Aventura abierta a nuevos conocimientos y habilidades. A nuevos proyectos y afectos. Aprendiste con nosotros el valor del esfuerzo y la disciplina. Del delicado equilibrio que teje saludables amistades y fecundos enamoramientos.

La aventura continúa, ahora en la guarda amorosa de cuanto nos rodea. En tu natural inclinación por la bondad y la belleza, encontrarás habilidades para conservar y mejorar este lindo planeta azul que has heredado. Aprendiste con nosotros gestos tan sencillos y comprometedores como el de no botar basura al suelo.

La aventura continúa, sobre todo en tu mirada serena y solidaria a este mundo que sufre penurias y calamidades sin cuento. Que tu preparación profesional te facilite el proteger y cuidar a tanto excluido y desheredado que habitan en nuestro entorno y más allá de nuestras fronteras. Incluso, dedicando algunos años de tu vida a ir a su encuentro. Aprendiste con nosotros el arte de la generosidad y del desprendimiento.

La aventura continúa, también ahora enriqueciendo los resortes del espíritu. Que no se agote tu camino en lo material e inmediato. Llevas dentro de ti un gran tesoro que quiere emerger a tu consciencia: pensamientos, reflexiones, intuiciones, que te harán descubrir nuevos horizontes apenas transitados por los indolentes y conformistas. Aprendiste con nosotros los rudimentos de la Fe, el lenguaje de la oración, el deber de la caridad y la cercanía al Dios-Amor que habita en tu corazón.

La aventura continúa, de igual forma para los educadores, en la gozosa y humilde aceptación de seguir creciendo junto a nuestros adolescentes, tal y como subrayó algún artículo anterior de esta columna.

Permíteme, querido chaval, una última consideración: el nuevo año es una desafiante promesa para tu juventud, recién estrenada. Aprovéchala al máximo. Sé honesto y sencillo. Amigo y confidente. Tolerante y pacífico. Respetuoso con la vida y con toda vida. Forjador de sueños y sonrisas.

2012 es tu aventura. La aventura que continúa.