La Paz

Homilía de Mons. Giambattista Diquattro, segundo domingo de Adviento

Mons. Giambattista Diquattro, nuncio apostólico de Su Santidad el Papa Francisco expresó en su homilía dominical, en la capilla de la nunciatura remarcó la misión evangelizadora de todo seguidor de Cristo

TEXTO DE LA HOMILÍA

Baruc afirma que la gloria de Dios se reflejará para siempre en Jerusalén.

Jerusalén no brillará por una luz propia. Dios mostrará el resplandor, Dios dará un nombre, Dios devolverá sus hijos, Dios aplacará las altas montañas para facilitar el camino. Toda esta “conversión” expresa el salmo 125: “el Señor cambió la suerte de Sión”. Cambia el duelo y la aflicción al vestirse para siempre con el esplendor de la gloria de Dios. El efecto de esta conversión es radical, tanto que el salmista recuerda: “nos parecía que soñábamos”.

Entenderemos que esta transformación radical, de la cual habla la liturgia de la Palabra, es la obra de Dios en favor de Sión y de cada uno de nosotros. Y esta obra es la Encarnación: Dios se viste de nosotros, para que nosotros podamos vestirnos de su divinidad.

El salmista dice: “nuestra boca se llena de risas y nuestros labios de canciones” y San Pablo en la carta a los Filipenses comunica que ruega al Señor con alegría por todos los cristianos. Y la alegría brota del considerar la buena obra del Señor para los Filipenses, que participan de la misma gracia del Apóstol, que siempre actúa para la difusión del Evangelio.

“El sembrador va llorando cuando esparce la semilla, pero vuelve cantando cuando trae gavillas” y el Apóstol exactamente nos dice cuáles son los frutos que mueven a cantar: “serían encontrados… llenos del fruto de justicia que proviene de Jesucristo, para la gloria de Dios”.

Las semillas de santidad que recibimos de Dios deberán fructificar, porque estamos llamados sencillamente a ser signos de la gloria de Dios.

Signo extraordinario de la gloria de Dios es Juan el Bautista ¿cómo puede ser signo de la gloria quien vive en el desierto? Lo explica el Evangelio de hoy: “Dios dirigió su Palabra sobre san Juan… este comenzó entonces a recorrer toda la región”. La Palabra es una, las voces son muchas: Isaías, San Juan, cada uno de nosotros en su vocación.

Nuestra vocación es anunciar que todos los hombres verán la salvación de Dios. Este anuncio se llama evangelización, por lo tanto estamos llamados a evangelizarnos y evangelizar.

La evangelización exige la gracia del discernimiento que es don del Espíritu Santo. En la oración después de la Comunión invocaremos esta gracia del discernimiento de la cual habla san Pablo con palabras y términos como “conocimiento” y “plena comprensión” y pedimos al Señor que nos enseñe a valorar sabiamente las realidades terrenas con el corazón puesto en las celestiales.